El Castillo de la Ruina

[i:] Lee Fan Ficción [b:] NO[/b:] de amor. Fics que traten de humor o que en ocasiones no sean de HP, o quizá de miedo, o de aventuras inesperadas...[/i:]
siriusxsiempre
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El Castillo de la Ruina

Mensajepor siriusxsiempre » 04 Ene 2007 03:09

Hola! Quiero poner a consideración suya, esta pequeña historia que compuse, hace varios meses.

Obviamente, no es de HP, aunque aquellos que me conocen, no podrán dejar de notar la influencia de JKR.

Lo publico aquí con la única finalidad de que lo lean y... lo hagan trizas :evilgrin:

Lo que quiero decir es que, ya sean buenas o malas sus opiniones, en verdad deseo saberlas. Si lo encontaron aburrido o demasiado pesado para leer. Si fue muy predecible, si los personajes les parecieron carentes de emoción u originalidad; si la gramática es mala o si hubo algún párrafo que les pareció pesado o incorrecto... incluso si lo encontraron poco atractivo y no lo continuaron leyendo, también quiero saberlo.

Siéntanse libres de explayarse todo lo que deseen. Les prometo no enfadarme por sus críticas.

Ok, ya dije lo que tenía que decir, así que aquí va el cuento. :errr:



[center]El Castillo de la Ruina[/center]

Durante una noche obscura y fría, un viajero solitario se encontraba caminando por el bosque. Hugo el campesino, había extraviado el camino de regreso a casa y no tenía ni la más mínima idea de donde se encontraba. Cansado de errar sin una dirección fija, decidió sentarse un momento sobre el tronco de un árbol caído, para tratar de corregir el rumbo.

-Veamos... di la vuelta a la izquierda en la última desviación, así que, si camino un poco más al norte, debería poder ver la colina y detrás de ella el riachuelo.

En realidad no estaba muy seguro de lo que hacía, pero no había muchas opciones, así que decidió hacer tal y como había planeado; después de caminar por más de media hora, acabó por convencerse de que, con esa oscuridad le sería imposible ubicarse. No obstante, había atravesado el pequeño pero espeso bosque y había logrado llegar a un claro. Desde ahí lograba distinguir un castillo, el cual jamás había visto en su vida. Eso acabó por convencerlo de que no sería capaz de regresar a su aldea esa noche, ya que se jactaba de conocer los alrededores, como la palma de su mano y estaba absolutamente seguro de que ese castillo era algo nuevo para él. Después de dar un largo suspiro y armándose de valor, dirigió sus pasos hacia la misteriosa mole de piedra la cual, por cierto, no presentaba una vista precisamente tranquilizadora. Era muy grande y estaba rodeado por una atmósfera de oscuridad y niebla. Parecía despedir una especie de aura de malevolencia, que el mismo Hugo no sabía explicarse a sí mismo. No entendía por qué, justo en esos momentos en que se encontraba solo y perdido en un lugar extraño, tenían que venírsele a la mente todas esas historias absurdas que contaban algunos viajeros que atravesaban la aldea en donde vivía.

En alguna ocasión había oído de uno de estos peregrinos, que existía cierto lugar al que la gente solía llamar “El Castillo de la Ruina???. Decían que ahí habitaba un hombre malvado y cruel, que enviaba a sus sabuesos, unos animales de aspecto horrendo, a perseguir a todo aquél que se atreviera a acercarse a su fortaleza. Algunos otros contaban que no era un hombre, si no una especie de vampiro, ya que tenía por costumbre secuestrar a los viajeros perdidos que pedían posada, quienes eran encontrados después, sin una sola gota de sangre en su cuerpo.

Habían llegado al extremo de decir que el hombre que habitaba el castillo era un gigante de siete metros y que su aspecto era tan horrible como el de un ogro. Hugo escuchaba estas historias algo divertido, pero siempre con gran escepticismo, ya que cada viajero que pasaba por la taberna del pueblo, añadía nuevos y exagerados toques a la misma historia, degenerándolo en lo que podría considerarse “un cuento de hadas???.

Sacudió la cabeza, como si tratara de que esos sombríos pensamientos salieran de su mente y continuó su marcha. El cielo estaba demasiado nublado y no podía ver la luna, la cual suponía completamente llena. “Por qué no se retirarán todas esas nubes, me sería más fácil seguir mi camino, si la luna brillara bien en el cielo??? Pensaba Hugo, malhumorado, después de haberse caído al meter el pie en un hoyo en la tierra.

Se acercó lo suficiente hasta llegar a la orilla del foso, que rodeaba el castillo. No podía ver a nadie, así que gritó con todas sus fuerzas:
- ¡Hola! ¿Podrían recibirme? ¡Estoy perdido y necesito un lugar en donde pasar la noche!

No hubo ninguna respuesta y Hugo pensó que era probable que no hubiera nadie. También estaba conciente de que debía ser muy tarde y que tal vez los centinelas no esperasen que nadie se presentara. Estaba a punto de marcharse, cuando, desde el interior del castillo, se escucharon fuertes ruidos que le indicaron que las puertas se abrían y que el puente levadizo estaba comenzando a descender lentamente, emitiendo un sonido chirriante de cadenas y engranes oxidados.

Hugo observó como el puente caía pesadamente justo a sus pies, y la puerta se abría. Tragando saliva y armándose de un valor que no sentía, se forzó a encaminarse al interior del tétrico castillo.

Había una antorcha encendida, que pendía de una de los muros; fuera de eso, no se veía mayor iluminación. Hugo tomó la antorcha y continuó avanzando más y más hasta llegar al centro de un gran patio. Su corazón latía con tal fuerza, que sentía que en cualquier momento le atravesaría el pecho. Miró hacia todas partes, horrorizado. Por lo que podía ver, el castillo no parecía tener mucha vida; no se veían más antorcha encendidas, ni tampoco podía ver a nadie que le recibiera.

Después de avanzar unos cuantos metros más, descubrió un conjunto de arcos que precedían al portón principal. Dio unos pasos más, y se acercó a la puerta, dispuesto a abrirla.

-¡Buenas noches, peregrino! -Dijo una voz justo detrás de él. Hugo sintió como si su cuerpo se hubiera paralizado por la impresión y no se atrevía a voltear. No quería mirar hacia atrás, ya que estaba seguro de que al hacerlo, vería a un ser infernal y monstruoso.
-¿Cual es su nombre? -Repitió la voz, la cual sonaba bastante común y corriente; podría ser la voz de cualquier hombre, un hombre normal. Pensó Hugo, sin embargo, aún no quería mirarlo.
-Me-me... lla-lla-llamo... Hu-hugo. -Respondió éste, con un hilo de voz.
-Ya veo... ¿se siente usted bien? Supongo que estará hambriento. Sígame, le encontraré un lugar donde pueda descansar tranquilamente.

Hugo se dio la vuelta lentamente, con los ojos fuertemente cerrados. Abrió primero uno, pero sólo distinguió unos pies, calzados con finas botas de piel. Abrió entonces el otro y fue subiendo para descubrir a un hombre de aspecto muy normal. Parecía un noble; sus ropas estaban impecables y su rostro esbozaba una ligera sonrisa.
-Sígame maese Hugo. -Dijo el extraño amablemente. Guiando a Hugo hacia un pasillo que se encontraba a la izquierda.
-Uh—uh... sí, está bien. -Respondió Hugo, algo molesto consigo mismo al haberse dejado dominar por el miedo. Entonces le habló a su anfitrión: – Ehmmm.. ¿Usted es el… el dueño de este castillo?
-¡Oh, no! Yo soy un simple sirviente. Mi nombre es Abrecht. Este castillo pertenece a mi amo Lord Luca de Tyrone.
-¡Ah! -Respondió Hugo simplemente. Ahora comprendía que era una estupidez el haber hecho esa pregunta. Era obvio que el dueño de aquel castillo no se rebajaría a abrir las puertas personalmente y mucho menos se dirigiría de esa forma a un perfecto extraño. Especialmente porque, por su aspecto, Hugo no podría negar su origen humilde.

Caminaron por poco tiempo y llegaron a una especie de choza, con techo de paja. Hugo se imaginó que esa debería ser la habitación de Abrecht. El mobiliario era sumamente modesto, pero poseía una chimenea, la cual contenía un fuego acogedor.

Abrecht le indicó que tomara asiento en la única silla disponible y Hugo así lo hizo.
-Aquí tiene, coma cuanto desee. Debo dejarlo solo unos minutos, ya que debo informarle a mi amo de su presencia. -Dijo Abrecht, al tiempo que depositaba en la mesa, una serie de alimentos que parecían recién dispuestos para alguien más. Había queso, leche, carne, pan y vino. Hugo se sintió un poco culpable, porque presentía que esa tal vez era la cena de Abrecht y no quería ser un abusivo. Contempló los alimentos, con algo de tristeza, pensando en decirle que no deseaba aprovecharse de su amabilidad; sin embargo, éste le sonrió con simpatía y le dijo. –No se preocupe por mí; yo ya he cenado. Por favor, coma hasta saciarse. -Dicho esto, salió por la puerta, dejando a Hugo sólo, quien sin mayores miramientos, comenzó a comer, ya que realmente estaba hambriento.

Ahora se sentía realmente tonto al haberse dejado influenciar por todos esas absurdas historias. No era posible que el dueño de ese castillo fuera un hombre vil y despiadado, teniendo un sirviente tan amable y hospitalario; después de todo, Abrecht no se habría tomado tantas molestias, si supiera que su amo se enfadaría con él. Sin embargo... había algo muy extraño en todo eso... Por lo poco que conocía Hugo de la gente noble, sabía que no eran muy amables con los extraños; especialmente si eran campesinos, como él. Tampoco era muy normal que el castillo estuviera prácticamente deshabitado, ya que era demasiado grande como para que un solo hombre se encargara de las tareas propias. No había guardias, ni caballeros. Tampoco pudo notar el característico olor que despiden los caballos u otros animales... Era demasiado extraño. Pensó Hugo mientras mantenía el vaso de vino suspendido en el aire mirándolo con recelo y considerando la posibilidad de que pudiera estar envenenado. Estaba tan sumergido en sus pensamientos, que no notó cuando Abrecht penetró en la habitación y desde de la puerta lo observaba, con aire divertido. –No pensará usted, maese Hugo, que he envenenado el vino, ¿verdad?
Hugo, dio un ligero respingo, haciendo que un poco del vino se derramara. Luego trató de sonreír y finalmente le dio un sorbo a la bebida. Depositó el vaso en la mesa y trató de parecer tranquilo; no obstante, Abrecht parecía conocer sus pensamientos y eso le inquietaba aún más.

- No se preocupe, supongo que usted debe haber oído alguna de esas extrañas historias que los viajeros cuentan acerca de este castillo y de mi amo. ¿No es así? Estoy al tanto de todo eso, porque yo mismo las he oído. Así que comprendo perfectamente sus temores. -Dijo Abrecht, mientras se sentaba a la mesa, en un banco de madera que había traído de afuera. Entonces continuó – Admito que mi amo es un hombre de costumbres extravagantes, pero le aseguro que no conozco ser humano más cabal, justo y noble que Lord de Tyrone.
-Disculpe, no fue mi intención ofenderlo, tampoco a su amo. Aunque me preguntaba... ¿a caso, no vive nadie más en este castillo?
-No. Todos se fueron. Yo fui el único que decidió quedarse. Respondió Abrecht, con un dejo de tristeza en la voz, y continuó. –Yo no tengo familia; siempre he vivido en este castillo desde que tengo memoria, así que no podría irme aunque quisiera. Lord de Tyrone es un hombre enfermo y ha empleado toda su fortuna en remediar su enfermedad. Él mismo lo dijo a todos los que le servíamos, pero yo le pedí que me permitiera quedarme. Él aceptó gustoso, ya que, a pesar de ser un hombre de costumbres extrañas, nunca le agradó la idea de vivir solo.
-Oh... ya veo... y podría saber... ¿que enfermedad es esa que le aqueja a su amo?
-Bueno, yo no lo llamaría una enfermedad... es más bien una especie de maldición. Verá usted, todo comenzó cuando en una ocasión, mi amo salió de cacería; sus sabuesos y sus demás acompañantes regresaron al cabo de unas cuantas horas, pero Lord de Tyrone no lo hizo. Pasaron dos días con sus noches y al amanecer del tercer día, mi amo regresó finalmente al castillo. Sus ropas estaban desgarradas y él tenía varias heridas. Era como si hubiese librado una pelea con alguna bestia salvaje. Curamos sus heridas y cuidamos de él; y aunque físicamente parecía estar completamente repuesto, se le veía desanimado, taciturno y ausente. Casi no comía y comenzábamos a temer que hubiese perdido la razón. Entonces, pasado un mes de que se había extraviado, él decidió salir a caminar un rato, muy cerca del atardecer. Nos pidió que le dejáramos solo, sin embargo temíamos por su seguridad, así que se me encomendó que le siguiera a una distancia prudente.

Desafortunadamente, lo perdí de vista. La luna llena comenzaba a levantarse en el cielo y comprendí que no tenía objeto seguir vagando, ya que no me sería posible hallarlo. Emprendí el regreso hacia el castillo, cuando de repente escuché el más horrible de los sonidos. Era un aullido de lobo, pero como no lo había oído antes. Era casi un alarido humano. Me quedé paralizado por un momento, y entonces no pude hacer otra cosa más que correr. No sabía de lo que huía, pero sabía que si no lo hacía, iba a morir. Logré llegar hasta el castillo y ya sin aliento, los centinelas me ayudaron a entrar y me interrogaron sobre el paradero de mi señor y la razón por la que había llegado en esa forma. Comencé a explicarles lo ocurrido, pero se burlaron de mí, y dijeron que era un cobarde al haber escapado así. Sin embargo, en ese justo momento, logramos ver una criatura gigantesca que se encontraba en la colina. Desde la distancia nos era imposible decir de qué clase de animal se trataba, pero entonces emitió un agudo aullido, el mismo que había escuchado antes. La bestia salió huyendo entonces. Después de que se alejó, estuvimos seguros de que, fuera lo que fuera, ese ser era el que había lastimado al amo, un mes antes. Algunos de los guardias del castillo decidieron salir en su búsqueda, pero no tuvieron éxito.

Estábamos seguros de que no volveríamos a ver al amo, pero a la mañana siguiente, él regresó, sus ropas nuevamente desgarradas y su semblante había cambiado por completo; pero lo más impresionante, fue que tanto sus ropas, como su cara, se encontraban manchadas de sangre. Pasaron unos cuantos días y fue entonces cuando nos dijo que era víctima de una terrible enfermedad y que lo único que podíamos hacer era dejarlo solo, ya que no conocía la cura y podría ser peligroso para nosotros. Nadie puso objeción alguna, ya que, los días que siguieron a su última desaparición, oímos quejas de parte de los habitantes de una villa cercana, de que una bestia había dado cuenta de muchas de sus ovejas y vacas y que el rastro los había guiado hasta este castillo.

En este punto, Hugo se encontraba completamente anonadado ante el increíble relato. Abrecht, mientras tanto, se había servido un poco de vino y bebía con avidez. Hugo deseaba escuchar más de la historia, pero Abrecht, no parecía dispuesto a continuar, así que dijo:
-Pero... ¿y la bestia? ¿La ha vuelto a ver desde entonces?
Abrecht parecía meditar su respuesta y miraba hacia el vacío; abrió la boca para responder, pero el silencio fue roto repentinamente por el sonido más aterrador que Hugo recordara haber oído jamás.

Sobreponiéndose al temor, se puso de pie, dispuesto a abrir la puerta, pero Abrecht lo sujetó por el brazo obligándolo a sentarse de nuevo.
-¿Pero es que no lo entiende? Si sale ahora, lo atrapará y lo despedazará. Debe permanecer aquí, a menos que desee morir. El amo nunca suele lastimar a las personas, pero ha pasado antes y no hay nada que pudiera yo hacer para evitarlo. Por favor. No salga.
-Hugo miró a su interlocutor, con los ojos desorbitados. No podía creer lo que oía. Sin embargo, los aullidos se escuchaban con mayor fuerza ahora; tal parecía que la criatura que los producía, había percibido su presencia.
-¡¿Me está diciendo que esa... esa cosa es... su amo?!
Como única respuesta, Abrecht se levantó y atrancó la puerta tanto como pudo. Los aullidos y gruñidos se oían ahora con más fuerza, seguidos por unos arañazos en la puerta, que les indicaron que la criatura se encontraba justo afuera y que ansiaba entrar.
-¡Por todo lo que es sagrado! ¡VA A MATARNOS! -Gritó Hugo, completamente fuera de sí.
-No, no lo hará, se cansará pronto y saldrá en búsqueda de algún animal, siempre lo hace. Debe calmarse, él pronto se irá. -Respondió Abrecht apremiante, ya que Hugo había sujetado un grueso leño que había junto a la chimenea, blandiéndolo como una espada.

Tras unos minutos que a Hugo le parecieron horas, la bestia desistió de entrar y tal como Abrecht lo había predicho, se alejó de ahí. Respiraba con dificultad, mientras permanecía apoyado en la puerta. Hugo lo miraba atónito, sin saber que decir o que hacer, había dejado caer el leño al suelo y temblaba aparatosamente.

Abrecht se repuso y se acercó a Hugo, haciendo que volviera a sentarse; le sirvió un buen vaso de vino y se lo ofreció. Hugo se lo bebió de un solo trago, tratando de recuperase de la impresión recibida. Tras unos momentos de tenso silencio, finalmente cayó en cuenta de algo y dijo:
-Entonces... ¿por eso es que le llaman “El Castillo de la Ruina???? ¿Porque un monstruo espantoso habita en él?
Abrecht no respondió de inmediato, pero finalmente asintió con la cabeza; entonces dijo:
-Yo... he buscado por todos los medios la cura... pero tal parece que no existe tal cosa. La mayor parte del tiempo, Lord Luca de Tyrone es un hombre normal, igual que usted y yo; pero en las noches de luna llena, se transforma en ese monstruo... Esta noche, usted corría un enorme peligro al permanecer afuera, cerca del castillo. Por eso fue que le permití la entrada. Normalmente no permito que nadie entre, ya que este mal que afecta a mi amo, le hace sentir tan infeliz y miserable que no tolera la presencia de nadie excepto la mía.

Hugo meditó un momento en lo que estaba a punto de decir, finalmente tomo aire y preguntó lo que en verdad deseaba saber.
-Entonces es cierto que... su amo ha matado a personas... ¿verdad? Todas esas historias de viajeros desaparecidos... ¿son auténticas? -Dijo Hugo con cautela.
-Bueno, en cierta forma. Algunas de esas historias, yo me he encargado de divulgarlas, con el fin de mantener a la gente alejada de este sitio; sin embargo, si ha habido ocasiones en que alguna persona se ha atravesado en el camino de mi amo y... las consecuencias han sido mortales. -Respondió Abrecht apesadumbrado.

Hugo se sentía completamente desconcertado, ya que no estaba tan seguro de querer continuar con aquél hombre; si bien le había recibido en su choza, para mantenerlo a salvo, le parecía imperdonable que a sabiendas de lo que su amo había hecho, aún así permaneciera a su lado y que no hubiese hecho ningún intento por detenerlo. Desde su punto de vista, Abrecht estaba encubriendo los asesinatos que su amo había cometido y era tan culpable como él. Después de meditarlo por un rato, se decidió. No quería seguir más ahí, así que se puso de pie y se dispuso a salir. Comenzó a desatrancar la puerta, a pesar de las protestas y advertencias de Abrecht. Esté acabó por comprender que no lograría convencerlo de que se qudara y con una mirada de profunda tristeza, vio como Hugo salía por la puerta de la choza.

Hugo caminaba a todo lo que las piernas le daban; era muy tarde y estaba cansado, pero sentía que había recobrado ya sus fuerzas, y prácticamente iba trotando ahora. Seguía sin saber hacia donde se dirigía, pero ya no le importaba. Lo único que deseaba era estar tan lejos como pudiera de ese endiablado castillo. No se escuchaba absolutamente nada y ya se sentía a salvo ahora, así que se detuvo unos instantes para recobrar el aliento. Entonces sintió que todo estaba demasiado tranquilo y le pareció sospechoso. Miró hacia todas partes, pero no distinguió nada extraño.

Estaba listo para continuar caminando, cuando justo frente a él una criatura que parecía ser un lobo gigantesco, le cerraba el paso; mirándolo con avidez, a través de unos ojos grandes y amarillentos, al tiempo que abría y cerraba sus enormes fauces, que albergaban unos dientes afilados.

Un aullido prolongado desgarró el silencio de la noche y Abrecht supo entonces que el pobre Hugo, jamás regresaría a su hogar.

Fin.
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Mensajepor caballo_de_fuego » 09 Ene 2007 01:28

:eek2: :eek2: :eek2:
¡qué buen cuento!
espero que más gente lo lea.
tal vez no han posteado por aqui porque la historia no invlouctra a ningun personaje de Harry, pero bueno, no te desanimes, te sugiero que busques algun otro sitio donde publicarlo.
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[spoiler=Yo colaboro con Sortilegios Weasley]Imagen[/spoiler]
[spoiler=Mi premio en el II Desafío Trivial]Imagen[/spoiler]
_Japiera_
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Crítica de tus FFs - Entrega de Pedido

Mensajepor _Japiera_ » 27 Feb 2007 18:27

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Críticas de tus FFs aquí
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Al señor o señorita Spooky Lunático, Se le informa que la crítica de su FF El Castillo de la Ruina Se ha realizado con éxito. Para acceder a ella y dejarnos su opinión, basta acceder al siguiente link
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http://www.forosharrypotter.com/viewtop ... c&&start=0
[P??GINA 25]
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Lo/a estaremos esperando. Regrese cuando quiera, pues nosotras estamos para servirle

Atte.

Japiera Weasley Lovegood
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Ana Lovegood Makarios



P.D. Sentimos el retraso
Las cosas no se dicen,se hacen,
porque al hacerlas se dicen solas

- Woody Allen
Lady of Light
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Mensajepor Lady of Light » 28 Feb 2007 02:50

Hola! acabo de leerme tu historia. Esta muy bien, lastima q es cortita.
pobre hugoooo, pero se entiende a lord Luca el no lo puede evitar no es malo....

bueno espero leer otro de tus relatos pronto
te invito a leer mi historia....tp es de hp, a ver q opinas
se llama un momento, un recuerdo, un tesoro...

bueno espero q t puedas pasar
besos!
cersei
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Mensajepor cersei » 08 Mar 2008 19:23

genial es estupenda me ha encantado tienes un don para escribir
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¿que pasa cuando el Amor y la Muerte se abrazan? ¿Muere el Amor o s eenamora la Muerte?
Tal..vez la Muerte muere enamorada y el Amor ama hasta la muerte

Harry 4 ever¡¡¡

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