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Publicado: 12 Jun 2006 7:24 pmTítulo del mensaje: Y la Luz Brilló en las Tinieblas
Hola!! veo que soy la primera en postear y poner aqí un topic no?? bueno, pues entonces pondré mi ff, es algo corto, son solo 4 paginas del word, trata de... ya lo sabreis jeje si leeis la historia. El poema y frases que se van recitando a lo largo de la historia, lo he escrito yo, no es de ninguna canción por lo demás, espero que os guste y que dejéis comentarios!!!
Y la Luz Brilló en las Tinieblas
De donde conseguiste salir.
Sal pequeña persona,
Que no sabes ir,
¿No piensas vivir?
No, no pienso,
Ya se acabó todo,
Al menos para mi,
No tengo fuerzas
Para seguir.
Miró por la ventana… no había nadie… nadie se acordó o nadie quiso ir. ¿Por qué pensar fue tan ambicioso como para dejarse vencer? No debería haberlo sido.
Ahora, él tumbado boca arriba con los ojos cerrados, jamás volverá a ver la luz del Sol. Ni verá más las estrellas, ni siquiera… ni siquiera sabrá que yo le quise alguna vez.
¡Oh! ¿Por qué tú sin siquiera saber que todos luchan por ti?
Hablaban de tu muerte como de cien muertos… creen que esto es la catástrofe pues… pues piensan que con tu muerte, el Señor se vendrá abajo.
No pienses que no lo sé,
Tú sólo espera a ver,
Que aunque no me mueva,
No piensen que no lo sé.
¡Ay! Si estuvieras vivo… pero falleciste sin dejar nada. ¡Ay! Si estuvieras vivo… simplemente pensarías en aquello que siempre pensé.
Yo te amé y nunca lo demostraré, pues no tiene sentido hablar ahora, ahora que todo terminó ¿o empezó? No, mejor no decir nada, pues con solo tu antigua mirada podía temblar de emoción.
No me lamentaré, no fuíste para mí, si no para mi hermana. Aquella infiel que no te aprecia.
Sin ti lloro desconsoladamente porque mi mente, no puede vivir sin ti.
No sabes como te aprecio, pero en estos instantes no puedo, odio tu rostro y odio tu pelo tan distintivo.
O si, llora,llora,
Que solo verte me enamora,
O si, llora, llora,
Que ya ha llegado mi hora.
Ahora no despiertas y nunca más lo harás, yo ahora te odio por estar así y por hacerme sufrir. No sabes lo que ocurre, nadie viene, ¿nadie te quiere? Nada más que yo, tu familia no llegó ¡Oh! Eso te pasa por fallar, fallarnos a todos.
¿Qué pensará tu hijo de todo esto? Posiblemente nada, posiblemente mucho.No es más que basura todo aquello por lo que luchaste. Mi hermana no te ama, simplemente te odia, no puedes esperar nada mejor, pues tampoco diste mucho.
Ahora con tus ojos cerrados y tu cuerpo inmóvil, no pareces mas que un vil mago convertido en un fantasma. Cual vil parásito en la piel de un animal.
Ni yo sé, si quiera, que es lo que debo hacer con tu cuerpo. ¿En la mansión tal vez? No, no, no, ya sé donde, en la cañada de tu familia. _________________
We're just two lost souls
swimming in a fish bowl,
year after year.
Running over the same old ground.
What have we found?
The same old fears.
Wish you were here.
Esa nueva generación de modelos, con sus cuerpos esqueléticos, duros, sin curvas, impedían pensar en la fecundidad, en un embarazo, en la transmisión de la vida.
Las reacciones entre los chicos que me rodeaban fueron muy diversas: algunos, sobre todo los mayores, las rechazaban y se atenían al viejo tópico de que valía más tener algo de dónde tomarse. Los más jóvenes se rindieron sin apenas lucha. Ellos mismos se enfrentaban a las nuevas exigencias de su masculinidad, ese ser masculino sin parecer zafio, ni un bruto, ni un machista, y aquellas mujeres-niñas, adolescentes eternas que se ofrecían sin en apariencia demandar nada, les resultaban sexualmente muy atractivas. Al fin y al cabo, también este cambio de la mujer se juzgó desde la perspectiva de las apetencias del hombre, como había ocurrido con cada variación anterior. Y ellos quedaban más o menos a salvo. Para comenzar, nadie había cuestionado su apariencia. Desde hacía un par de siglos las exigencias físicas que se les había hecho a los hombres no habían variado.
Se le echó la culpa al sector de la moda, y más específicamente a los modistos gays, por intentar inculcar una estética andrógina y debilitada de la mujer; sin embargo, las publicaciones heterosexuales por excelencia, las revistas pornográficas, no mostraban tampoco a mujeres normales: sus pechos y labios estaban exagerados, y en gran parte de las imágenes se entregaban al hombre en actitud de sumisión o de panteras dominantes.
Esa inferioridad de la mujer, tan rechazada y denostada en la teoría, se reproducía una y otra vez en anuncios, revistas, mensajes y comportamientos. Parecía imposible encontrar una imagen verosímil de una mujer, una relación entre sexos equilibrada. ¿Tanto miedo sentían a enfrentarse a una mujer real? ¿Tan profunda era la crisis de la masculinidad?
yo te respondo marty,por que tu pones la imagen en donde avatar,tienes k ponerlo dodne firma pones lo siguiente [img]"el linck de la imagen"[/img] y lo pones doden pone Firma,no donde avatar
We're just two lost souls
swimming in a fish bowl,
year after year.
Running over the same old ground.
What have we found?
The same old fears.
Wish you were here.
Esa nueva generación de modelos, con sus cuerpos esqueléticos, duros, sin curvas, impedían pensar en la fecundidad, en un embarazo, en la transmisión de la vida.
Las reacciones entre los chicos que me rodeaban fueron muy diversas: algunos, sobre todo los mayores, las rechazaban y se atenían al viejo tópico de que valía más tener algo de dónde tomarse. Los más jóvenes se rindieron sin apenas lucha. Ellos mismos se enfrentaban a las nuevas exigencias de su masculinidad, ese ser masculino sin parecer zafio, ni un bruto, ni un machista, y aquellas mujeres-niñas, adolescentes eternas que se ofrecían sin en apariencia demandar nada, les resultaban sexualmente muy atractivas. Al fin y al cabo, también este cambio de la mujer se juzgó desde la perspectiva de las apetencias del hombre, como había ocurrido con cada variación anterior. Y ellos quedaban más o menos a salvo. Para comenzar, nadie había cuestionado su apariencia. Desde hacía un par de siglos las exigencias físicas que se les había hecho a los hombres no habían variado.
Se le echó la culpa al sector de la moda, y más específicamente a los modistos gays, por intentar inculcar una estética andrógina y debilitada de la mujer; sin embargo, las publicaciones heterosexuales por excelencia, las revistas pornográficas, no mostraban tampoco a mujeres normales: sus pechos y labios estaban exagerados, y en gran parte de las imágenes se entregaban al hombre en actitud de sumisión o de panteras dominantes.
Esa inferioridad de la mujer, tan rechazada y denostada en la teoría, se reproducía una y otra vez en anuncios, revistas, mensajes y comportamientos. Parecía imposible encontrar una imagen verosímil de una mujer, una relación entre sexos equilibrada. ¿Tanto miedo sentían a enfrentarse a una mujer real? ¿Tan profunda era la crisis de la masculinidad?
We're just two lost souls
swimming in a fish bowl,
year after year.
Running over the same old ground.
What have we found?
The same old fears.
Wish you were here.
Esa nueva generación de modelos, con sus cuerpos esqueléticos, duros, sin curvas, impedían pensar en la fecundidad, en un embarazo, en la transmisión de la vida.
Las reacciones entre los chicos que me rodeaban fueron muy diversas: algunos, sobre todo los mayores, las rechazaban y se atenían al viejo tópico de que valía más tener algo de dónde tomarse. Los más jóvenes se rindieron sin apenas lucha. Ellos mismos se enfrentaban a las nuevas exigencias de su masculinidad, ese ser masculino sin parecer zafio, ni un bruto, ni un machista, y aquellas mujeres-niñas, adolescentes eternas que se ofrecían sin en apariencia demandar nada, les resultaban sexualmente muy atractivas. Al fin y al cabo, también este cambio de la mujer se juzgó desde la perspectiva de las apetencias del hombre, como había ocurrido con cada variación anterior. Y ellos quedaban más o menos a salvo. Para comenzar, nadie había cuestionado su apariencia. Desde hacía un par de siglos las exigencias físicas que se les había hecho a los hombres no habían variado.
Se le echó la culpa al sector de la moda, y más específicamente a los modistos gays, por intentar inculcar una estética andrógina y debilitada de la mujer; sin embargo, las publicaciones heterosexuales por excelencia, las revistas pornográficas, no mostraban tampoco a mujeres normales: sus pechos y labios estaban exagerados, y en gran parte de las imágenes se entregaban al hombre en actitud de sumisión o de panteras dominantes.
Esa inferioridad de la mujer, tan rechazada y denostada en la teoría, se reproducía una y otra vez en anuncios, revistas, mensajes y comportamientos. Parecía imposible encontrar una imagen verosímil de una mujer, una relación entre sexos equilibrada. ¿Tanto miedo sentían a enfrentarse a una mujer real? ¿Tan profunda era la crisis de la masculinidad?