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IV TRIVIAL DE HARRY POTTER DE LA CIM
Preguntas sobre libros 1-6 y películas 1-5

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Salvegar
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MensajePublicado: 17 Aug 2008 10:11 am     Responder citando

:lol: :lol: :lol: :lol: :lol: :lol: :lol:

No preocuparse, tratamos igual a todas las lechuzas... :supergrin: :angel: :supergrin:

Por cierto, la ronda de la semana que termina será publicada en menos de 48 horas (más o menos)... :lol: :rolleyes: :angel: :rolleyes: :lol:

¡¡A pasar buen día!!

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DESPIERTA...

La pequeña Suss se agitaba nerviosa en su cuna; los gritos, aunque amortiguados, se oían claramente en el lado de la puerta en el que se encontraba. Un haz de luz se proyectó en la estancia, la luz de la luna bañaba el rostro se Suss y el chico se quedó pasmado, mirando a la niña en el umbral de la puerta; estaba aterrado y tiritaba ligeramente, sus piececitos descalzos se desplazaron por la habitación y llegaron hasta el borde de la cuna. Alargó los brazos y cogió a la pequeña, que se tranquilizó al sentir el abrazo del niño; el chico le protegía la cabecita con la mano y la mecía suavemente, sentado en un rincón, sobre las frías baldosas de mármol.
Los gritos se sucedían, pero el chico no reaccionaba ante ellos, seguía meciendo a la pequeña, ya dormida, e ignoraba el dolor que se había apoderado de sus pies, entumecidos por el frío. El muchacho apenas contaba con cinco años; el pelo negro le caía sobre los ojos, unos ojos extrañamente brillantes en la oscura habitación; parecía que veía con total claridad y sólo la luna filtraba rayos de luz donde ellos se encontraban. Clavó en la niña aquellos ojos tan inquietantes y le acarició el lacio pelo rubio, tan distinto del suyo.
-Pobrecita-susurró el niño, para sí mismo.- No te dejaban dormir.
Sí, pobre Suss. Vivían en una casa, aparentemente normal, en las afueras de Barcelona; rodeados de vegetación y paz, una paz que era violentamente apartada, para dar paso al terror y la desolación de una familia sumergida en la tristeza y los gritos. Una paz falsa, que sólo reinaba en ocasiones muy peculiares.
La falsedad inundaba la vida de aquella familia, todo debía estar siempre bien; incluso el nombre de la pequeña era falso, no se llamaba Suss, se llamaba Susana, pero tampoco esto es cierto; el cruel hombre que se hacía llamar su padre, se había empeñado en llamar Susana a la niña, cuyo verdadero nombre era Riana; un nombre ridículo, según su padre, puesto por su estúpida madre. Su padre opinaba que aquella niña tenía que llamarse como su difunta abuela y obligaba a todos a llamarla Susana, el chico odiaba aquel nombre, por eso cuando su padre estaba presente la llamaba Suss.
-¡Zorra! No sirves ni para planchar camisas. ¡He tenido que ir al trabajo con esta mierda de camisa! ¿Crees que me merezco esto, con todo lo que hago por vosotros? Dime, ¿lo crees? ¡Contesta de una vez joder!
La mujer se encogió sobre sí misma, pero inevitablemente, la manaza de su marido surcó el aire y se estrelló en su mejilla; lloró sin consuelo, pero totalmente en silencio. Su marido había salido de la habitación hecho una furia y ella estaba desecha, sin fuerzas para impedírselo.
El pequeño se acurrucó temblando en el rincón, abrazó a Riana más fuerte y la niña abrió los ojos; sus iris relucieron en la habitación, igual que los del chico.
Un grito llenó el ambiente; el hombre volvía a tener la mano levantada, frente a un chico que se acurrucaba en un rincón, abrazado a una niña pequeña.
-¡Dámela insensato!

-No quiero, le harás daño.
Lo cogió del brazo y el niño gritó muy alto, un grito desgarrador e inhumano hasta cierto punto; su padre le retorció aún más el brazo con violencia; lágrimas de dolor recorrían el rostro del pequeño, que seguía aferrado a Riana con seguridad. El hombre se acercó al oído del chico y le susurró con una voz amenazadora y terrible:
-O me la das ahora mismo, o no sales de aquí.
El chico lo miró con miedo y se apartó de él, su padre lo soltó, esperando a que sus palabras hicieran efecto y le diera a la niña; pero para su sorpresa, el pequeño lo miró con odio y gritó:
-¡No le harás daño a Riana!
El hombre rugió furioso y cerró el puño; el pequeño cerró los ojos, esperando un impacto que nunca llegó. Allí estaba su madre, con lágrimas en los ojos, sujetando a su perplejo padre.
-¡Ya has dado bastantes problemas zorra!
Un puñetazo la lanzó al otro lado de la habitación, oyó el sonido de sus dientes al partirse y notó que un hilillo de sangre le brotaba del labio inferior; aquel golpe la había dejado aturdida, no consiguió moverse.
El niño no se lo pensó dos veces, corrió fuera de la habitación, sujetando a Riana, que ahora sollozaba a pleno pulmón; visualizó la puerta, la libertad, y descorrió el pestillo. Oyó pasos que corrían hacia él, sabía que lo alcanzaría, pero tenía que intentarlo.
-¡No escaparás enano!- gritó su padre, encolerizado.
El pequeño abrió la puerta y cruzó la entrada a toda velocidad. Su padre lo siguió también, pero algo lo hizo tropezar y caer al suelo; su mujer lo miraba, con la boca destrozada, aferrando uno de sus tobillos.
-No toques a mis hijos- consiguió decir, triunfante de pronto.
-¡Te mataré zorra!
Se echó sobre la mujer y comenzó a darle puñetazos, ella sabía que la mataría, pero consiguió no gritar de dolor; los sollozos de Riana se escuchaban cada vez más lejos, tenía que confiar y resistir un poco más. El hombre agarró una botella y la estrelló contra la cabeza de su mujer, que dejó de moverse; el último pensamiento de ella, antes de morir, fue para sus hijos, deseó con todas sus fuerzas que estuvieran bien.
El pequeño seguía corriendo, como si el mismo diablo le persiguiera, la luna guiaba sus pasos…

-Miquel, despierta Miquel.
El muchacho abrió los ojos, algo confuso, su pelo seguía siendo negro como el carbón y sus ojos eran aún muy inquietantes; pero el chico que estaba en la cama, no se parecía en nada al chiquillo asustado de cinco años que corría en plena noche, con su hermana en brazos. Ahora era un adolescente, con mucha fuerza y alegría, que tenía una vida de verdad.
Miquel miró a su hermana pequeña, ella pronto cumpliría once años y había crecido en aquel orfanato, lejos de las garras de su padre.
Ella nunca había oído las palabras envenenadas de odio que se gritaban papá y mamá; tampoco recordaba los moratones que llenaban el cuerpo de su hermano y su madre; no guardaba en sus recuerdos los ojos de mamá, llenos de tristeza; ni siquiera había pensado en el terror que se apoderaba de su familia cuando su padre volvía a casa.
-¿Estas bien hermanito?- insistió ella, preocupada.
-Que sí, pesada, sólo era una pesadilla.
-Debió ser una pesadilla terrible, parecías angustiado, no conseguí despertarte.
-Sí, era una pesadilla terrible, la verdad.
El chico se quedó callado y le acarició el rubio pelo lacio a su hermana, ella le sonrió con cariño.
-Venga enana, vamos a dormir. Vuelve a la cama.
-Buenas noches hermanito- se inclinó hacia él y le dio un beso.
-Buenas noches.
La luna se veía a través de la ventana y uno de sus rayos llegaba hasta la cama de Miquel; el chico tenía los ojos abiertos y unas lágrimas le cayeron por las mejillas.
<<Buenas noches mamá, siento no haberte podido salvar a ti también>> pensó, antes de dormirse.

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MensajePublicado: 21 Aug 2008 12:24 am     Responder citando

En cuanto pueda me pondré al día con las lechuzas recibidas y las nuevas rondas, no se preocupen por la tardanza... pero es que asuntos muggles me tienen bastante ocupado... :sweatdrop:
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Los gritos se sucedían, pero el chico no reaccionaba ante ellos, seguía meciendo a la pequeña, ya dormida, e ignoraba el dolor que se había apoderado de sus pies, entumecidos por el frío. El muchacho apenas contaba con cinco años; el pelo negro le caía sobre los ojos, unos ojos extrañamente brillantes en la oscura habitación; parecía que veía con total claridad y sólo la luna filtraba rayos de luz donde ellos se encontraban. Clavó en la niña aquellos ojos tan inquietantes y le acarició el lacio pelo rubio, tan distinto del suyo.
-Pobrecita-susurró el niño, para sí mismo.- No te dejaban dormir.
Sí, pobre Suss. Vivían en una casa, aparentemente normal, en las afueras de Barcelona; rodeados de vegetación y paz, una paz que era violentamente apartada, para dar paso al terror y la desolación de una familia sumergida en la tristeza y los gritos. Una paz falsa, que sólo reinaba en ocasiones muy peculiares.
La falsedad inundaba la vida de aquella familia, todo debía estar siempre bien; incluso el nombre de la pequeña era falso, no se llamaba Suss, se llamaba Susana, pero tampoco esto es cierto; el cruel hombre que se hacía llamar su padre, se había empeñado en llamar Susana a la niña, cuyo verdadero nombre era Riana; un nombre ridículo, según su padre, puesto por su estúpida madre. Su padre opinaba que aquella niña tenía que llamarse como su difunta abuela y obligaba a todos a llamarla Susana, el chico odiaba aquel nombre, por eso cuando su padre estaba presente la llamaba Suss.
-¡Zorra! No sirves ni para planchar camisas. ¡He tenido que ir al trabajo con esta mierda de camisa! ¿Crees que me merezco esto, con todo lo que hago por vosotros? Dime, ¿lo crees? ¡Contesta de una vez joder!
La mujer se encogió sobre sí misma, pero inevitablemente, la manaza de su marido surcó el aire y se estrelló en su mejilla; lloró sin consuelo, pero totalmente en silencio. Su marido había salido de la habitación hecho una furia y ella estaba desecha, sin fuerzas para impedírselo.
El pequeño se acurrucó temblando en el rincón, abrazó a Riana más fuerte y la niña abrió los ojos; sus iris relucieron en la habitación, igual que los del chico.
Un grito llenó el ambiente; el hombre volvía a tener la mano levantada, frente a un chico que se acurrucaba en un rincón, abrazado a una niña pequeña.
-¡Dámela insensato!

-No quiero, le harás daño.
Lo cogió del brazo y el niño gritó muy alto, un grito desgarrador e inhumano hasta cierto punto; su padre le retorció aún más el brazo con violencia; lágrimas de dolor recorrían el rostro del pequeño, que seguía aferrado a Riana con seguridad. El hombre se acercó al oído del chico y le susurró con una voz amenazadora y terrible:
-O me la das ahora mismo, o no sales de aquí.
El chico lo miró con miedo y se apartó de él, su padre lo soltó, esperando a que sus palabras hicieran efecto y le diera a la niña; pero para su sorpresa, el pequeño lo miró con odio y gritó:
-¡No le harás daño a Riana!
El hombre rugió furioso y cerró el puño; el pequeño cerró los ojos, esperando un impacto que nunca llegó. Allí estaba su madre, con lágrimas en los ojos, sujetando a su perplejo padre.
-¡Ya has dado bastantes problemas zorra!
Un puñetazo la lanzó al otro lado de la habitación, oyó el sonido de sus dientes al partirse y notó que un hilillo de sangre le brotaba del labio inferior; aquel golpe la había dejado aturdida, no consiguió moverse.
El niño no se lo pensó dos veces, corrió fuera de la habitación, sujetando a Riana, que ahora sollozaba a pleno pulmón; visualizó la puerta, la libertad, y descorrió el pestillo. Oyó pasos que corrían hacia él, sabía que lo alcanzaría, pero tenía que intentarlo.
-¡No escaparás enano!- gritó su padre, encolerizado.
El pequeño abrió la puerta y cruzó la entrada a toda velocidad. Su padre lo siguió también, pero algo lo hizo tropezar y caer al suelo; su mujer lo miraba, con la boca destrozada, aferrando uno de sus tobillos.
-No toques a mis hijos- consiguió decir, triunfante de pronto.
-¡Te mataré zorra!
Se echó sobre la mujer y comenzó a darle puñetazos, ella sabía que la mataría, pero consiguió no gritar de dolor; los sollozos de Riana se escuchaban cada vez más lejos, tenía que confiar y resistir un poco más. El hombre agarró una botella y la estrelló contra la cabeza de su mujer, que dejó de moverse; el último pensamiento de ella, antes de morir, fue para sus hijos, deseó con todas sus fuerzas que estuvieran bien.
El pequeño seguía corriendo, como si el mismo diablo le persiguiera, la luna guiaba sus pasos…

-Miquel, despierta Miquel.
El muchacho abrió los ojos, algo confuso, su pelo seguía siendo negro como el carbón y sus ojos eran aún muy inquietantes; pero el chico que estaba en la cama, no se parecía en nada al chiquillo asustado de cinco años que corría en plena noche, con su hermana en brazos. Ahora era un adolescente, con mucha fuerza y alegría, que tenía una vida de verdad.
Miquel miró a su hermana pequeña, ella pronto cumpliría once años y había crecido en aquel orfanato, lejos de las garras de su padre.
Ella nunca había oído las palabras envenenadas de odio que se gritaban papá y mamá; tampoco recordaba los moratones que llenaban el cuerpo de su hermano y su madre; no guardaba en sus recuerdos los ojos de mamá, llenos de tristeza; ni siquiera había pensado en el terror que se apoderaba de su familia cuando su padre volvía a casa.
-¿Estas bien hermanito?- insistió ella, preocupada.
-Que sí, pesada, sólo era una pesadilla.
-Debió ser una pesadilla terrible, parecías angustiado, no conseguí despertarte.
-Sí, era una pesadilla terrible, la verdad.
El chico se quedó callado y le acarició el rubio pelo lacio a su hermana, ella le sonrió con cariño.
-Venga enana, vamos a dormir. Vuelve a la cama.
-Buenas noches hermanito- se inclinó hacia él y le dio un beso.
-Buenas noches.
La luna se veía a través de la ventana y uno de sus rayos llegaba hasta la cama de Miquel; el chico tenía los ojos abiertos y unas lágrimas le cayeron por las mejillas.
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MensajePublicado: 21 Aug 2008 5:00 pm     Responder citando

TRIVIAL DE HARRY POTTER DE LA CIM
IV EDICIÓN
RONDA 17ª


I. Hagrid lleva algo en las manos para recibir la llegada de la carroza de Beauxbatons, ¿qué es? (película):
1. una flor
2. un abanico
3. dos paletas
4. una trompeta

II. Elfina doméstica de Hepzibah Smith:
1. Hooky
2. Huky
3. Hockey
4. Hokey

III. Las tijeras especiales para recortar las ramitas de las escobas voladoras incluidas en el Equipo de Mantenimiento son:
1. oro
2. plata
3. bronce
4. latón

IV. ¿Qué estaba soñando Harry Potter justo antes de ser liberado por los Weasley de su encierro en casa de los Dursley (posterior al uso de magia de Dobby en el interior de la casa de los tíos muggles de Harry)?:
1. que es exhibido en un zoo con el letrero “mago menor de edad”
2. que es exhibido en un circo con el letrero “mago mayor de edad”
3. que es exhibido en un circo con el letrero “mago menor de edad”
4. que es exhibido en un zoo con el letrero “mago mayor de edad”

V. ¿Dónde ve Harry Potter por primera vez al falso grim?:
1. número 4 de Privet Drive
2. número 2 de calle Magnolia
3. número 4 de calle Esmeralda
4. número 2 de calle Caspica

VI. En la primera película de Harry Potter, ¿quién lleva lámpara en el bosque durante la búsqueda del unicornio herido?:
1. Draco
2. Harry
3. Filch
4. Hermione

VII. Hepzibah poseía dos objetos pertenecientes a fundadores de Hogwarts, ¿cuales?:
1. copa de oro con dos asas propiedad originaria de Helga Hufflepuff y guardapelo de Slytherin
2. copa de plata de dos asas propiedad de Ravenclaw y guardapelo de Slytherin
3. copa de oro de Ravenclaw con dos asas y guardapelo de Slytherin
4. realmente tenía tres objetos de los fundadores de Hogwarts, aunque Voldemort sólo se lleva dos

VIII. Responsable de anular los ojos al basilisco:
1. Fawkes
2. Harry
3. Dumbledore
4. Ron

IX. ¿Qué libro le aconseja el dependiente de la librería a Harry que no se compre?:
1. Libro Invisible de la Invisibilidad: diviértase asustando a los muggles
2. Augurios de muerte: qué hacer cuando sabes que se acerca lo peor
3. Cocina creativa: sepa cómo cocinar elfos domésticos y que parezca chuleta de dragón
4. Cocina alternativa: aprenda a cocinar sin magia

X. Slughorn concede a Hermione por saberse la Tercera Ley de Golpalott:
1. 5 puntos
2. 10 puntos
3. 20 puntos
4. 50 puntos

XI. ¿Qué provoca la interrupción de la segunda charla con Sirius en la chimenea de la sala común de Gryffindor el 5º curso?:
1. se enfada porque no le dejan ir a Hogsmeade en forma de Hocicos
2. Crookshanks se quema los bigotes al intentar tocar a Sirius
3. aparece una mano de dedos cortos y regordetes llenos de feos y anticuados anillos
4. es culpa de Kreacher, que sabotea a Sirius

XII. Cuando las veelas se enfadan, se descubre una imagen muy distinta...:
1. sus caras se alargan hasta convertirse en cabezas de pájaro con pico temible y afilado, y unas alas largas y escamosas desde los hombros
2. sus caras se alargan hasta convertirse en cabezas de gato con dientes temibles y afilados, y unas garras largas y escamosas en lugar de brazos
3. sus caras se alargan hasta convertirse en cabezas de chacal escupidoras de fuego, con unas alas cortas y membranosas desde la cintura
4. se convierten en versiones reducidas de un cruce entre trolls de los pantanos y orcos de la estepa

XIII. En la comida de Navidad del segundo curso de Harry, ¿qué pone la insignia de Prefecto de Percy?:
1. Presumido del Año
2. Cabeza de Chorlito
3. Presumido Asnal
4. Cabeza de Puerco

XIV. Instructor de Aparición durante el sexto curso de Neville en Hogwarts:
1. Willie Thunderbold
2. Wilkie Twycross
3. Wally Whereareyou
4. Willie Thomston

XV. Durante el trayecto entre la Casa de los Gritos y el Sauce Boxeador, Pettigrew va esposado...:
1. con el brazo izquierdo al derecho de Ron y con su brazo derecho al izquierdo de Lupin
2. con el brazo derecho al derecho de Ron y con su brazo izquierdo al izquierdo de Lupin
3. con el brazo derecho al izquierdo de Ron y con su brazo izquierdo al derecho de Lupin
4. con el brazo derecho al izquierdo de Lupin y con su brazo izquierdo al derecho de Sirius

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Los gritos se sucedían, pero el chico no reaccionaba ante ellos, seguía meciendo a la pequeña, ya dormida, e ignoraba el dolor que se había apoderado de sus pies, entumecidos por el frío. El muchacho apenas contaba con cinco años; el pelo negro le caía sobre los ojos, unos ojos extrañamente brillantes en la oscura habitación; parecía que veía con total claridad y sólo la luna filtraba rayos de luz donde ellos se encontraban. Clavó en la niña aquellos ojos tan inquietantes y le acarició el lacio pelo rubio, tan distinto del suyo.
-Pobrecita-susurró el niño, para sí mismo.- No te dejaban dormir.
Sí, pobre Suss. Vivían en una casa, aparentemente normal, en las afueras de Barcelona; rodeados de vegetación y paz, una paz que era violentamente apartada, para dar paso al terror y la desolación de una familia sumergida en la tristeza y los gritos. Una paz falsa, que sólo reinaba en ocasiones muy peculiares.
La falsedad inundaba la vida de aquella familia, todo debía estar siempre bien; incluso el nombre de la pequeña era falso, no se llamaba Suss, se llamaba Susana, pero tampoco esto es cierto; el cruel hombre que se hacía llamar su padre, se había empeñado en llamar Susana a la niña, cuyo verdadero nombre era Riana; un nombre ridículo, según su padre, puesto por su estúpida madre. Su padre opinaba que aquella niña tenía que llamarse como su difunta abuela y obligaba a todos a llamarla Susana, el chico odiaba aquel nombre, por eso cuando su padre estaba presente la llamaba Suss.
-¡Zorra! No sirves ni para planchar camisas. ¡He tenido que ir al trabajo con esta mierda de camisa! ¿Crees que me merezco esto, con todo lo que hago por vosotros? Dime, ¿lo crees? ¡Contesta de una vez joder!
La mujer se encogió sobre sí misma, pero inevitablemente, la manaza de su marido surcó el aire y se estrelló en su mejilla; lloró sin consuelo, pero totalmente en silencio. Su marido había salido de la habitación hecho una furia y ella estaba desecha, sin fuerzas para impedírselo.
El pequeño se acurrucó temblando en el rincón, abrazó a Riana más fuerte y la niña abrió los ojos; sus iris relucieron en la habitación, igual que los del chico.
Un grito llenó el ambiente; el hombre volvía a tener la mano levantada, frente a un chico que se acurrucaba en un rincón, abrazado a una niña pequeña.
-¡Dámela insensato!

-No quiero, le harás daño.
Lo cogió del brazo y el niño gritó muy alto, un grito desgarrador e inhumano hasta cierto punto; su padre le retorció aún más el brazo con violencia; lágrimas de dolor recorrían el rostro del pequeño, que seguía aferrado a Riana con seguridad. El hombre se acercó al oído del chico y le susurró con una voz amenazadora y terrible:
-O me la das ahora mismo, o no sales de aquí.
El chico lo miró con miedo y se apartó de él, su padre lo soltó, esperando a que sus palabras hicieran efecto y le diera a la niña; pero para su sorpresa, el pequeño lo miró con odio y gritó:
-¡No le harás daño a Riana!
El hombre rugió furioso y cerró el puño; el pequeño cerró los ojos, esperando un impacto que nunca llegó. Allí estaba su madre, con lágrimas en los ojos, sujetando a su perplejo padre.
-¡Ya has dado bastantes problemas zorra!
Un puñetazo la lanzó al otro lado de la habitación, oyó el sonido de sus dientes al partirse y notó que un hilillo de sangre le brotaba del labio inferior; aquel golpe la había dejado aturdida, no consiguió moverse.
El niño no se lo pensó dos veces, corrió fuera de la habitación, sujetando a Riana, que ahora sollozaba a pleno pulmón; visualizó la puerta, la libertad, y descorrió el pestillo. Oyó pasos que corrían hacia él, sabía que lo alcanzaría, pero tenía que intentarlo.
-¡No escaparás enano!- gritó su padre, encolerizado.
El pequeño abrió la puerta y cruzó la entrada a toda velocidad. Su padre lo siguió también, pero algo lo hizo tropezar y caer al suelo; su mujer lo miraba, con la boca destrozada, aferrando uno de sus tobillos.
-No toques a mis hijos- consiguió decir, triunfante de pronto.
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Se echó sobre la mujer y comenzó a darle puñetazos, ella sabía que la mataría, pero consiguió no gritar de dolor; los sollozos de Riana se escuchaban cada vez más lejos, tenía que confiar y resistir un poco más. El hombre agarró una botella y la estrelló contra la cabeza de su mujer, que dejó de moverse; el último pensamiento de ella, antes de morir, fue para sus hijos, deseó con todas sus fuerzas que estuvieran bien.
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Ella nunca había oído las palabras envenenadas de odio que se gritaban papá y mamá; tampoco recordaba los moratones que llenaban el cuerpo de su hermano y su madre; no guardaba en sus recuerdos los ojos de mamá, llenos de tristeza; ni siquiera había pensado en el terror que se apoderaba de su familia cuando su padre volvía a casa.
-¿Estas bien hermanito?- insistió ella, preocupada.
-Que sí, pesada, sólo era una pesadilla.
-Debió ser una pesadilla terrible, parecías angustiado, no conseguí despertarte.
-Sí, era una pesadilla terrible, la verdad.
El chico se quedó callado y le acarició el rubio pelo lacio a su hermana, ella le sonrió con cariño.
-Venga enana, vamos a dormir. Vuelve a la cama.
-Buenas noches hermanito- se inclinó hacia él y le dio un beso.
-Buenas noches.
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MensajePublicado: 26 Aug 2008 12:07 am     Responder citando

Bueno, os aviso que la CIM ha iniciado también una nueva actividad consistente en que los magos y brujas (individualmente o en grupo) realizen trabajos de investigación en diferentes campos de interés mágico para luego exponer sus informes en la Sala Auditorio de la CIM:

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Pero no se preocupen, el Trivial seguirá siendo desarrollado con normalidad.
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La pequeña Suss se agitaba nerviosa en su cuna; los gritos, aunque amortiguados, se oían claramente en el lado de la puerta en el que se encontraba. Un haz de luz se proyectó en la estancia, la luz de la luna bañaba el rostro se Suss y el chico se quedó pasmado, mirando a la niña en el umbral de la puerta; estaba aterrado y tiritaba ligeramente, sus piececitos descalzos se desplazaron por la habitación y llegaron hasta el borde de la cuna. Alargó los brazos y cogió a la pequeña, que se tranquilizó al sentir el abrazo del niño; el chico le protegía la cabecita con la mano y la mecía suavemente, sentado en un rincón, sobre las frías baldosas de mármol.
Los gritos se sucedían, pero el chico no reaccionaba ante ellos, seguía meciendo a la pequeña, ya dormida, e ignoraba el dolor que se había apoderado de sus pies, entumecidos por el frío. El muchacho apenas contaba con cinco años; el pelo negro le caía sobre los ojos, unos ojos extrañamente brillantes en la oscura habitación; parecía que veía con total claridad y sólo la luna filtraba rayos de luz donde ellos se encontraban. Clavó en la niña aquellos ojos tan inquietantes y le acarició el lacio pelo rubio, tan distinto del suyo.
-Pobrecita-susurró el niño, para sí mismo.- No te dejaban dormir.
Sí, pobre Suss. Vivían en una casa, aparentemente normal, en las afueras de Barcelona; rodeados de vegetación y paz, una paz que era violentamente apartada, para dar paso al terror y la desolación de una familia sumergida en la tristeza y los gritos. Una paz falsa, que sólo reinaba en ocasiones muy peculiares.
La falsedad inundaba la vida de aquella familia, todo debía estar siempre bien; incluso el nombre de la pequeña era falso, no se llamaba Suss, se llamaba Susana, pero tampoco esto es cierto; el cruel hombre que se hacía llamar su padre, se había empeñado en llamar Susana a la niña, cuyo verdadero nombre era Riana; un nombre ridículo, según su padre, puesto por su estúpida madre. Su padre opinaba que aquella niña tenía que llamarse como su difunta abuela y obligaba a todos a llamarla Susana, el chico odiaba aquel nombre, por eso cuando su padre estaba presente la llamaba Suss.
-¡Zorra! No sirves ni para planchar camisas. ¡He tenido que ir al trabajo con esta mierda de camisa! ¿Crees que me merezco esto, con todo lo que hago por vosotros? Dime, ¿lo crees? ¡Contesta de una vez joder!
La mujer se encogió sobre sí misma, pero inevitablemente, la manaza de su marido surcó el aire y se estrelló en su mejilla; lloró sin consuelo, pero totalmente en silencio. Su marido había salido de la habitación hecho una furia y ella estaba desecha, sin fuerzas para impedírselo.
El pequeño se acurrucó temblando en el rincón, abrazó a Riana más fuerte y la niña abrió los ojos; sus iris relucieron en la habitación, igual que los del chico.
Un grito llenó el ambiente; el hombre volvía a tener la mano levantada, frente a un chico que se acurrucaba en un rincón, abrazado a una niña pequeña.
-¡Dámela insensato!

-No quiero, le harás daño.
Lo cogió del brazo y el niño gritó muy alto, un grito desgarrador e inhumano hasta cierto punto; su padre le retorció aún más el brazo con violencia; lágrimas de dolor recorrían el rostro del pequeño, que seguía aferrado a Riana con seguridad. El hombre se acercó al oído del chico y le susurró con una voz amenazadora y terrible:
-O me la das ahora mismo, o no sales de aquí.
El chico lo miró con miedo y se apartó de él, su padre lo soltó, esperando a que sus palabras hicieran efecto y le diera a la niña; pero para su sorpresa, el pequeño lo miró con odio y gritó:
-¡No le harás daño a Riana!
El hombre rugió furioso y cerró el puño; el pequeño cerró los ojos, esperando un impacto que nunca llegó. Allí estaba su madre, con lágrimas en los ojos, sujetando a su perplejo padre.
-¡Ya has dado bastantes problemas zorra!
Un puñetazo la lanzó al otro lado de la habitación, oyó el sonido de sus dientes al partirse y notó que un hilillo de sangre le brotaba del labio inferior; aquel golpe la había dejado aturdida, no consiguió moverse.
El niño no se lo pensó dos veces, corrió fuera de la habitación, sujetando a Riana, que ahora sollozaba a pleno pulmón; visualizó la puerta, la libertad, y descorrió el pestillo. Oyó pasos que corrían hacia él, sabía que lo alcanzaría, pero tenía que intentarlo.
-¡No escaparás enano!- gritó su padre, encolerizado.
El pequeño abrió la puerta y cruzó la entrada a toda velocidad. Su padre lo siguió también, pero algo lo hizo tropezar y caer al suelo; su mujer lo miraba, con la boca destrozada, aferrando uno de sus tobillos.
-No toques a mis hijos- consiguió decir, triunfante de pronto.
-¡Te mataré zorra!
Se echó sobre la mujer y comenzó a darle puñetazos, ella sabía que la mataría, pero consiguió no gritar de dolor; los sollozos de Riana se escuchaban cada vez más lejos, tenía que confiar y resistir un poco más. El hombre agarró una botella y la estrelló contra la cabeza de su mujer, que dejó de moverse; el último pensamiento de ella, antes de morir, fue para sus hijos, deseó con todas sus fuerzas que estuvieran bien.
El pequeño seguía corriendo, como si el mismo diablo le persiguiera, la luna guiaba sus pasos…

-Miquel, despierta Miquel.
El muchacho abrió los ojos, algo confuso, su pelo seguía siendo negro como el carbón y sus ojos eran aún muy inquietantes; pero el chico que estaba en la cama, no se parecía en nada al chiquillo asustado de cinco años que corría en plena noche, con su hermana en brazos. Ahora era un adolescente, con mucha fuerza y alegría, que tenía una vida de verdad.
Miquel miró a su hermana pequeña, ella pronto cumpliría once años y había crecido en aquel orfanato, lejos de las garras de su padre.
Ella nunca había oído las palabras envenenadas de odio que se gritaban papá y mamá; tampoco recordaba los moratones que llenaban el cuerpo de su hermano y su madre; no guardaba en sus recuerdos los ojos de mamá, llenos de tristeza; ni siquiera había pensado en el terror que se apoderaba de su familia cuando su padre volvía a casa.
-¿Estas bien hermanito?- insistió ella, preocupada.
-Que sí, pesada, sólo era una pesadilla.
-Debió ser una pesadilla terrible, parecías angustiado, no conseguí despertarte.
-Sí, era una pesadilla terrible, la verdad.
El chico se quedó callado y le acarició el rubio pelo lacio a su hermana, ella le sonrió con cariño.
-Venga enana, vamos a dormir. Vuelve a la cama.
-Buenas noches hermanito- se inclinó hacia él y le dio un beso.
-Buenas noches.
La luna se veía a través de la ventana y uno de sus rayos llegaba hasta la cama de Miquel; el chico tenía los ojos abiertos y unas lágrimas le cayeron por las mejillas.
<<Buenas noches mamá, siento no haberte podido salvar a ti también>> pensó, antes de dormirse.

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Saludos y bienvenid@s a una nueva edición del Trivial de Harry Potter de la CIM.

Como ya sabrán, faltan por emitirse las respuestas correctas de las rondas 15ª y posteriores.

Dentro de unos días esta situación será subsanada.

Pero ahora l@s invito a jugar una vez más con nosotros... con la publicación de una nueva Ronda, la cual espero les traiga a la memoria emocionantes escenas de los libros y películas de la saga potteriana.

Ánimo y suerte a tod@s.

Atentamente, Junta Central de la CIM.
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La pequeña Suss se agitaba nerviosa en su cuna; los gritos, aunque amortiguados, se oían claramente en el lado de la puerta en el que se encontraba. Un haz de luz se proyectó en la estancia, la luz de la luna bañaba el rostro se Suss y el chico se quedó pasmado, mirando a la niña en el umbral de la puerta; estaba aterrado y tiritaba ligeramente, sus piececitos descalzos se desplazaron por la habitación y llegaron hasta el borde de la cuna. Alargó los brazos y cogió a la pequeña, que se tranquilizó al sentir el abrazo del niño; el chico le protegía la cabecita con la mano y la mecía suavemente, sentado en un rincón, sobre las frías baldosas de mármol.
Los gritos se sucedían, pero el chico no reaccionaba ante ellos, seguía meciendo a la pequeña, ya dormida, e ignoraba el dolor que se había apoderado de sus pies, entumecidos por el frío. El muchacho apenas contaba con cinco años; el pelo negro le caía sobre los ojos, unos ojos extrañamente brillantes en la oscura habitación; parecía que veía con total claridad y sólo la luna filtraba rayos de luz donde ellos se encontraban. Clavó en la niña aquellos ojos tan inquietantes y le acarició el lacio pelo rubio, tan distinto del suyo.
-Pobrecita-susurró el niño, para sí mismo.- No te dejaban dormir.
Sí, pobre Suss. Vivían en una casa, aparentemente normal, en las afueras de Barcelona; rodeados de vegetación y paz, una paz que era violentamente apartada, para dar paso al terror y la desolación de una familia sumergida en la tristeza y los gritos. Una paz falsa, que sólo reinaba en ocasiones muy peculiares.
La falsedad inundaba la vida de aquella familia, todo debía estar siempre bien; incluso el nombre de la pequeña era falso, no se llamaba Suss, se llamaba Susana, pero tampoco esto es cierto; el cruel hombre que se hacía llamar su padre, se había empeñado en llamar Susana a la niña, cuyo verdadero nombre era Riana; un nombre ridículo, según su padre, puesto por su estúpida madre. Su padre opinaba que aquella niña tenía que llamarse como su difunta abuela y obligaba a todos a llamarla Susana, el chico odiaba aquel nombre, por eso cuando su padre estaba presente la llamaba Suss.
-¡Zorra! No sirves ni para planchar camisas. ¡He tenido que ir al trabajo con esta mierda de camisa! ¿Crees que me merezco esto, con todo lo que hago por vosotros? Dime, ¿lo crees? ¡Contesta de una vez joder!
La mujer se encogió sobre sí misma, pero inevitablemente, la manaza de su marido surcó el aire y se estrelló en su mejilla; lloró sin consuelo, pero totalmente en silencio. Su marido había salido de la habitación hecho una furia y ella estaba desecha, sin fuerzas para impedírselo.
El pequeño se acurrucó temblando en el rincón, abrazó a Riana más fuerte y la niña abrió los ojos; sus iris relucieron en la habitación, igual que los del chico.
Un grito llenó el ambiente; el hombre volvía a tener la mano levantada, frente a un chico que se acurrucaba en un rincón, abrazado a una niña pequeña.
-¡Dámela insensato!

-No quiero, le harás daño.
Lo cogió del brazo y el niño gritó muy alto, un grito desgarrador e inhumano hasta cierto punto; su padre le retorció aún más el brazo con violencia; lágrimas de dolor recorrían el rostro del pequeño, que seguía aferrado a Riana con seguridad. El hombre se acercó al oído del chico y le susurró con una voz amenazadora y terrible:
-O me la das ahora mismo, o no sales de aquí.
El chico lo miró con miedo y se apartó de él, su padre lo soltó, esperando a que sus palabras hicieran efecto y le diera a la niña; pero para su sorpresa, el pequeño lo miró con odio y gritó:
-¡No le harás daño a Riana!
El hombre rugió furioso y cerró el puño; el pequeño cerró los ojos, esperando un impacto que nunca llegó. Allí estaba su madre, con lágrimas en los ojos, sujetando a su perplejo padre.
-¡Ya has dado bastantes problemas zorra!
Un puñetazo la lanzó al otro lado de la habitación, oyó el sonido de sus dientes al partirse y notó que un hilillo de sangre le brotaba del labio inferior; aquel golpe la había dejado aturdida, no consiguió moverse.
El niño no se lo pensó dos veces, corrió fuera de la habitación, sujetando a Riana, que ahora sollozaba a pleno pulmón; visualizó la puerta, la libertad, y descorrió el pestillo. Oyó pasos que corrían hacia él, sabía que lo alcanzaría, pero tenía que intentarlo.
-¡No escaparás enano!- gritó su padre, encolerizado.
El pequeño abrió la puerta y cruzó la entrada a toda velocidad. Su padre lo siguió también, pero algo lo hizo tropezar y caer al suelo; su mujer lo miraba, con la boca destrozada, aferrando uno de sus tobillos.
-No toques a mis hijos- consiguió decir, triunfante de pronto.
-¡Te mataré zorra!
Se echó sobre la mujer y comenzó a darle puñetazos, ella sabía que la mataría, pero consiguió no gritar de dolor; los sollozos de Riana se escuchaban cada vez más lejos, tenía que confiar y resistir un poco más. El hombre agarró una botella y la estrelló contra la cabeza de su mujer, que dejó de moverse; el último pensamiento de ella, antes de morir, fue para sus hijos, deseó con todas sus fuerzas que estuvieran bien.
El pequeño seguía corriendo, como si el mismo diablo le persiguiera, la luna guiaba sus pasos…

-Miquel, despierta Miquel.
El muchacho abrió los ojos, algo confuso, su pelo seguía siendo negro como el carbón y sus ojos eran aún muy inquietantes; pero el chico que estaba en la cama, no se parecía en nada al chiquillo asustado de cinco años que corría en plena noche, con su hermana en brazos. Ahora era un adolescente, con mucha fuerza y alegría, que tenía una vida de verdad.
Miquel miró a su hermana pequeña, ella pronto cumpliría once años y había crecido en aquel orfanato, lejos de las garras de su padre.
Ella nunca había oído las palabras envenenadas de odio que se gritaban papá y mamá; tampoco recordaba los moratones que llenaban el cuerpo de su hermano y su madre; no guardaba en sus recuerdos los ojos de mamá, llenos de tristeza; ni siquiera había pensado en el terror que se apoderaba de su familia cuando su padre volvía a casa.
-¿Estas bien hermanito?- insistió ella, preocupada.
-Que sí, pesada, sólo era una pesadilla.
-Debió ser una pesadilla terrible, parecías angustiado, no conseguí despertarte.
-Sí, era una pesadilla terrible, la verdad.
El chico se quedó callado y le acarició el rubio pelo lacio a su hermana, ella le sonrió con cariño.
-Venga enana, vamos a dormir. Vuelve a la cama.
-Buenas noches hermanito- se inclinó hacia él y le dio un beso.
-Buenas noches.
La luna se veía a través de la ventana y uno de sus rayos llegaba hasta la cama de Miquel; el chico tenía los ojos abiertos y unas lágrimas le cayeron por las mejillas.
<<Buenas noches mamá, siento no haberte podido salvar a ti también>> pensó, antes de dormirse.

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TRIVIAL DE HARRY POTTER DE LA CIM
IV EDICIÓN
RONDA 18ª


I. La historia comienza un...
1. lunes
2. martes
3. miércoles
4. jueves

II. En la primera película de la saga potteriana, peculiaridad del pijama de Neville en el momento de ser petrificado por Ron:
1. es de color rosa con caballitos
2. es de color azul con ositos
3. es un león rugiendo sobre un campo verde al amanecer
4. realmente Neville no es petrificado por Ron

III. Las tres normas que indica Twycross para la Aparición son:
1. destino, dirección y decisión
2. destino, decisión y desenvoltura
3. decisión, dirección y desenvoltura
4. decisión, destino y dirección

IV. En la primera película de la saga potteriana, peculiaridad del pijama de Neville en el momento de ser petrificado por Hermione:
1. es de color rosa con caballitos
2. es de color azul con ositos
3. es un león rugiendo sobre un campo verde al amanecer
4. realmente Neville no es petrificado por Hermione

V. En la primera película de Harry Potter, peculiaridad del pijama de Harry Potter en el momento de ser petrificado por Neville:
1. es de color rosa con caballitos
2. es de color azul con ositos
3. es un león rugiendo sobre un campo verde al amanecer
4. en realidad el petrificado es Neville por Hermione

VI. Para la recuperación del cuerpo de Voldemort, Colagusano emplea...:
1. caldero de peltre
2. caldero de plata
3. caldero de oro
4. caldero de piedra

VII. Regalo de los padres de Ron por su cumpleaños durante el sexto curso en Hogwarts:
1. una diadema con incrustaciones de gemas con hechizos
2. una moneda muggle de la colección del Señor Weasley
3. reloj de pulsera de oro con extraños símbolos alrededor de la esfera
4. su propia túnica de gala nueva

VIII. La quinta lechuza que llega a casa de los Dursley la noche del ataque de los Dementores llevaba:
1. una notificación del Ministerio
2. era de parte de Arthur Weasley
3. era, sin duda, un vociferador
4. era una nota de Sirius Black

IX. Razón mencionada por Arthur Weasley para no permitir la entrada de alfombras voladoras:
1. están definidas como artefacto muggle en el Registro de Encantamientos Prohibidos
2. son extremadamente incómodas comparadas con un Ford Anglia
3. son poco prácticas durante los temporales de invierno
4. son lentas y extremadamente difíciles de limpiar en verano

X. Mediante el conjuro “diffindo”, Harry consigue en el cuarto libro:
1. hacer que Malfoy pierda su material para Pociones
2. hacer que Cedric sufra un ataque agudo de gastroenteritis
3. romper la mochila de Cedric en el corredor del aula de Encantamientos
4. que a Malfoy le entre diarrea aguda en mitad de Pociones

XI. ¿Qué curso estaba realizando Tom S. Ryddle en Hogwarts cuando abre la Cámara Secreta?:
1. segundo
2. tercero
3. quinto
4. séptimo

XII. ¿Quién regaló a Harry en una ocasión una caja de galletas de perro?:
1. tío Vernon
2. Draco Malfoy
3. tía Marge
4. Dudley Dursley

XIII. ¿Dónde encerraron los Dursley la Nimbus 2000 de Harry Potter tras el fin del primer curso en Hogwarts?:
1. armario
2. alacena bajo la escalera
3. trastero
4. tercer dormitorio de Dudley

XIV. ¿Cuándo abandona Fawkes Hogwarts definitivamente?:
1. la noche de la muerte de Dumbledore
2. la noche de la expulsión de Harry
3. la noche de la muerte de Snape
4. tras la batalla final contra Voldemort

XV. En la primera película de la saga potteriana, ¿cómo calma Quirrell a Fluffy?:
1. gaita escocesa
2. arpa
3. le regala unos guantes para el invierno
4. en realidad Fluffy aparece en el quinto libro

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La pequeña Suss se agitaba nerviosa en su cuna; los gritos, aunque amortiguados, se oían claramente en el lado de la puerta en el que se encontraba. Un haz de luz se proyectó en la estancia, la luz de la luna bañaba el rostro se Suss y el chico se quedó pasmado, mirando a la niña en el umbral de la puerta; estaba aterrado y tiritaba ligeramente, sus piececitos descalzos se desplazaron por la habitación y llegaron hasta el borde de la cuna. Alargó los brazos y cogió a la pequeña, que se tranquilizó al sentir el abrazo del niño; el chico le protegía la cabecita con la mano y la mecía suavemente, sentado en un rincón, sobre las frías baldosas de mármol.
Los gritos se sucedían, pero el chico no reaccionaba ante ellos, seguía meciendo a la pequeña, ya dormida, e ignoraba el dolor que se había apoderado de sus pies, entumecidos por el frío. El muchacho apenas contaba con cinco años; el pelo negro le caía sobre los ojos, unos ojos extrañamente brillantes en la oscura habitación; parecía que veía con total claridad y sólo la luna filtraba rayos de luz donde ellos se encontraban. Clavó en la niña aquellos ojos tan inquietantes y le acarició el lacio pelo rubio, tan distinto del suyo.
-Pobrecita-susurró el niño, para sí mismo.- No te dejaban dormir.
Sí, pobre Suss. Vivían en una casa, aparentemente normal, en las afueras de Barcelona; rodeados de vegetación y paz, una paz que era violentamente apartada, para dar paso al terror y la desolación de una familia sumergida en la tristeza y los gritos. Una paz falsa, que sólo reinaba en ocasiones muy peculiares.
La falsedad inundaba la vida de aquella familia, todo debía estar siempre bien; incluso el nombre de la pequeña era falso, no se llamaba Suss, se llamaba Susana, pero tampoco esto es cierto; el cruel hombre que se hacía llamar su padre, se había empeñado en llamar Susana a la niña, cuyo verdadero nombre era Riana; un nombre ridículo, según su padre, puesto por su estúpida madre. Su padre opinaba que aquella niña tenía que llamarse como su difunta abuela y obligaba a todos a llamarla Susana, el chico odiaba aquel nombre, por eso cuando su padre estaba presente la llamaba Suss.
-¡Zorra! No sirves ni para planchar camisas. ¡He tenido que ir al trabajo con esta mierda de camisa! ¿Crees que me merezco esto, con todo lo que hago por vosotros? Dime, ¿lo crees? ¡Contesta de una vez joder!
La mujer se encogió sobre sí misma, pero inevitablemente, la manaza de su marido surcó el aire y se estrelló en su mejilla; lloró sin consuelo, pero totalmente en silencio. Su marido había salido de la habitación hecho una furia y ella estaba desecha, sin fuerzas para impedírselo.
El pequeño se acurrucó temblando en el rincón, abrazó a Riana más fuerte y la niña abrió los ojos; sus iris relucieron en la habitación, igual que los del chico.
Un grito llenó el ambiente; el hombre volvía a tener la mano levantada, frente a un chico que se acurrucaba en un rincón, abrazado a una niña pequeña.
-¡Dámela insensato!

-No quiero, le harás daño.
Lo cogió del brazo y el niño gritó muy alto, un grito desgarrador e inhumano hasta cierto punto; su padre le retorció aún más el brazo con violencia; lágrimas de dolor recorrían el rostro del pequeño, que seguía aferrado a Riana con seguridad. El hombre se acercó al oído del chico y le susurró con una voz amenazadora y terrible:
-O me la das ahora mismo, o no sales de aquí.
El chico lo miró con miedo y se apartó de él, su padre lo soltó, esperando a que sus palabras hicieran efecto y le diera a la niña; pero para su sorpresa, el pequeño lo miró con odio y gritó:
-¡No le harás daño a Riana!
El hombre rugió furioso y cerró el puño; el pequeño cerró los ojos, esperando un impacto que nunca llegó. Allí estaba su madre, con lágrimas en los ojos, sujetando a su perplejo padre.
-¡Ya has dado bastantes problemas zorra!
Un puñetazo la lanzó al otro lado de la habitación, oyó el sonido de sus dientes al partirse y notó que un hilillo de sangre le brotaba del labio inferior; aquel golpe la había dejado aturdida, no consiguió moverse.
El niño no se lo pensó dos veces, corrió fuera de la habitación, sujetando a Riana, que ahora sollozaba a pleno pulmón; visualizó la puerta, la libertad, y descorrió el pestillo. Oyó pasos que corrían hacia él, sabía que lo alcanzaría, pero tenía que intentarlo.
-¡No escaparás enano!- gritó su padre, encolerizado.
El pequeño abrió la puerta y cruzó la entrada a toda velocidad. Su padre lo siguió también, pero algo lo hizo tropezar y caer al suelo; su mujer lo miraba, con la boca destrozada, aferrando uno de sus tobillos.
-No toques a mis hijos- consiguió decir, triunfante de pronto.
-¡Te mataré zorra!
Se echó sobre la mujer y comenzó a darle puñetazos, ella sabía que la mataría, pero consiguió no gritar de dolor; los sollozos de Riana se escuchaban cada vez más lejos, tenía que confiar y resistir un poco más. El hombre agarró una botella y la estrelló contra la cabeza de su mujer, que dejó de moverse; el último pensamiento de ella, antes de morir, fue para sus hijos, deseó con todas sus fuerzas que estuvieran bien.
El pequeño seguía corriendo, como si el mismo diablo le persiguiera, la luna guiaba sus pasos…

-Miquel, despierta Miquel.
El muchacho abrió los ojos, algo confuso, su pelo seguía siendo negro como el carbón y sus ojos eran aún muy inquietantes; pero el chico que estaba en la cama, no se parecía en nada al chiquillo asustado de cinco años que corría en plena noche, con su hermana en brazos. Ahora era un adolescente, con mucha fuerza y alegría, que tenía una vida de verdad.
Miquel miró a su hermana pequeña, ella pronto cumpliría once años y había crecido en aquel orfanato, lejos de las garras de su padre.
Ella nunca había oído las palabras envenenadas de odio que se gritaban papá y mamá; tampoco recordaba los moratones que llenaban el cuerpo de su hermano y su madre; no guardaba en sus recuerdos los ojos de mamá, llenos de tristeza; ni siquiera había pensado en el terror que se apoderaba de su familia cuando su padre volvía a casa.
-¿Estas bien hermanito?- insistió ella, preocupada.
-Que sí, pesada, sólo era una pesadilla.
-Debió ser una pesadilla terrible, parecías angustiado, no conseguí despertarte.
-Sí, era una pesadilla terrible, la verdad.
El chico se quedó callado y le acarició el rubio pelo lacio a su hermana, ella le sonrió con cariño.
-Venga enana, vamos a dormir. Vuelve a la cama.
-Buenas noches hermanito- se inclinó hacia él y le dio un beso.
-Buenas noches.
La luna se veía a través de la ventana y uno de sus rayos llegaba hasta la cama de Miquel; el chico tenía los ojos abiertos y unas lágrimas le cayeron por las mejillas.
<<Buenas noches mamá, siento no haberte podido salvar a ti también>> pensó, antes de dormirse.

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Ultima edición por Salvegar el 29 Aug 2008 9:56 pm; editado 2 veces
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MensajePublicado: 29 Aug 2008 9:25 pm     Responder citando

Esperando que las nuevas preguntas les resulten entretenidas, sólo me queda desearles...

¡¡ÁNIMO Y SUERTE!!

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Los gritos se sucedían, pero el chico no reaccionaba ante ellos, seguía meciendo a la pequeña, ya dormida, e ignoraba el dolor que se había apoderado de sus pies, entumecidos por el frío. El muchacho apenas contaba con cinco años; el pelo negro le caía sobre los ojos, unos ojos extrañamente brillantes en la oscura habitación; parecía que veía con total claridad y sólo la luna filtraba rayos de luz donde ellos se encontraban. Clavó en la niña aquellos ojos tan inquietantes y le acarició el lacio pelo rubio, tan distinto del suyo.
-Pobrecita-susurró el niño, para sí mismo.- No te dejaban dormir.
Sí, pobre Suss. Vivían en una casa, aparentemente normal, en las afueras de Barcelona; rodeados de vegetación y paz, una paz que era violentamente apartada, para dar paso al terror y la desolación de una familia sumergida en la tristeza y los gritos. Una paz falsa, que sólo reinaba en ocasiones muy peculiares.
La falsedad inundaba la vida de aquella familia, todo debía estar siempre bien; incluso el nombre de la pequeña era falso, no se llamaba Suss, se llamaba Susana, pero tampoco esto es cierto; el cruel hombre que se hacía llamar su padre, se había empeñado en llamar Susana a la niña, cuyo verdadero nombre era Riana; un nombre ridículo, según su padre, puesto por su estúpida madre. Su padre opinaba que aquella niña tenía que llamarse como su difunta abuela y obligaba a todos a llamarla Susana, el chico odiaba aquel nombre, por eso cuando su padre estaba presente la llamaba Suss.
-¡Zorra! No sirves ni para planchar camisas. ¡He tenido que ir al trabajo con esta mierda de camisa! ¿Crees que me merezco esto, con todo lo que hago por vosotros? Dime, ¿lo crees? ¡Contesta de una vez joder!
La mujer se encogió sobre sí misma, pero inevitablemente, la manaza de su marido surcó el aire y se estrelló en su mejilla; lloró sin consuelo, pero totalmente en silencio. Su marido había salido de la habitación hecho una furia y ella estaba desecha, sin fuerzas para impedírselo.
El pequeño se acurrucó temblando en el rincón, abrazó a Riana más fuerte y la niña abrió los ojos; sus iris relucieron en la habitación, igual que los del chico.
Un grito llenó el ambiente; el hombre volvía a tener la mano levantada, frente a un chico que se acurrucaba en un rincón, abrazado a una niña pequeña.
-¡Dámela insensato!

-No quiero, le harás daño.
Lo cogió del brazo y el niño gritó muy alto, un grito desgarrador e inhumano hasta cierto punto; su padre le retorció aún más el brazo con violencia; lágrimas de dolor recorrían el rostro del pequeño, que seguía aferrado a Riana con seguridad. El hombre se acercó al oído del chico y le susurró con una voz amenazadora y terrible:
-O me la das ahora mismo, o no sales de aquí.
El chico lo miró con miedo y se apartó de él, su padre lo soltó, esperando a que sus palabras hicieran efecto y le diera a la niña; pero para su sorpresa, el pequeño lo miró con odio y gritó:
-¡No le harás daño a Riana!
El hombre rugió furioso y cerró el puño; el pequeño cerró los ojos, esperando un impacto que nunca llegó. Allí estaba su madre, con lágrimas en los ojos, sujetando a su perplejo padre.
-¡Ya has dado bastantes problemas zorra!
Un puñetazo la lanzó al otro lado de la habitación, oyó el sonido de sus dientes al partirse y notó que un hilillo de sangre le brotaba del labio inferior; aquel golpe la había dejado aturdida, no consiguió moverse.
El niño no se lo pensó dos veces, corrió fuera de la habitación, sujetando a Riana, que ahora sollozaba a pleno pulmón; visualizó la puerta, la libertad, y descorrió el pestillo. Oyó pasos que corrían hacia él, sabía que lo alcanzaría, pero tenía que intentarlo.
-¡No escaparás enano!- gritó su padre, encolerizado.
El pequeño abrió la puerta y cruzó la entrada a toda velocidad. Su padre lo siguió también, pero algo lo hizo tropezar y caer al suelo; su mujer lo miraba, con la boca destrozada, aferrando uno de sus tobillos.
-No toques a mis hijos- consiguió decir, triunfante de pronto.
-¡Te mataré zorra!
Se echó sobre la mujer y comenzó a darle puñetazos, ella sabía que la mataría, pero consiguió no gritar de dolor; los sollozos de Riana se escuchaban cada vez más lejos, tenía que confiar y resistir un poco más. El hombre agarró una botella y la estrelló contra la cabeza de su mujer, que dejó de moverse; el último pensamiento de ella, antes de morir, fue para sus hijos, deseó con todas sus fuerzas que estuvieran bien.
El pequeño seguía corriendo, como si el mismo diablo le persiguiera, la luna guiaba sus pasos…

-Miquel, despierta Miquel.
El muchacho abrió los ojos, algo confuso, su pelo seguía siendo negro como el carbón y sus ojos eran aún muy inquietantes; pero el chico que estaba en la cama, no se parecía en nada al chiquillo asustado de cinco años que corría en plena noche, con su hermana en brazos. Ahora era un adolescente, con mucha fuerza y alegría, que tenía una vida de verdad.
Miquel miró a su hermana pequeña, ella pronto cumpliría once años y había crecido en aquel orfanato, lejos de las garras de su padre.
Ella nunca había oído las palabras envenenadas de odio que se gritaban papá y mamá; tampoco recordaba los moratones que llenaban el cuerpo de su hermano y su madre; no guardaba en sus recuerdos los ojos de mamá, llenos de tristeza; ni siquiera había pensado en el terror que se apoderaba de su familia cuando su padre volvía a casa.
-¿Estas bien hermanito?- insistió ella, preocupada.
-Que sí, pesada, sólo era una pesadilla.
-Debió ser una pesadilla terrible, parecías angustiado, no conseguí despertarte.
-Sí, era una pesadilla terrible, la verdad.
El chico se quedó callado y le acarició el rubio pelo lacio a su hermana, ella le sonrió con cariño.
-Venga enana, vamos a dormir. Vuelve a la cama.
-Buenas noches hermanito- se inclinó hacia él y le dio un beso.
-Buenas noches.
La luna se veía a través de la ventana y uno de sus rayos llegaba hasta la cama de Miquel; el chico tenía los ojos abiertos y unas lágrimas le cayeron por las mejillas.
<<Buenas noches mamá, siento no haberte podido salvar a ti también>> pensó, antes de dormirse.

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MensajePublicado: 31 Aug 2008 12:55 am     Responder citando

Y no olviden pasarse por el nuevo tópic de la CIM por si les interesase abrir alguna vía de investigación mágica, ya sea de alguno de los temas puestos como ejemplos o bien alguno nuevo que se les ocurra... :supergrin: :supergrin: :supergrin:

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DESPIERTA
DESPIERTA...

La pequeña Suss se agitaba nerviosa en su cuna; los gritos, aunque amortiguados, se oían claramente en el lado de la puerta en el que se encontraba. Un haz de luz se proyectó en la estancia, la luz de la luna bañaba el rostro se Suss y el chico se quedó pasmado, mirando a la niña en el umbral de la puerta; estaba aterrado y tiritaba ligeramente, sus piececitos descalzos se desplazaron por la habitación y llegaron hasta el borde de la cuna. Alargó los brazos y cogió a la pequeña, que se tranquilizó al sentir el abrazo del niño; el chico le protegía la cabecita con la mano y la mecía suavemente, sentado en un rincón, sobre las frías baldosas de mármol.
Los gritos se sucedían, pero el chico no reaccionaba ante ellos, seguía meciendo a la pequeña, ya dormida, e ignoraba el dolor que se había apoderado de sus pies, entumecidos por el frío. El muchacho apenas contaba con cinco años; el pelo negro le caía sobre los ojos, unos ojos extrañamente brillantes en la oscura habitación; parecía que veía con total claridad y sólo la luna filtraba rayos de luz donde ellos se encontraban. Clavó en la niña aquellos ojos tan inquietantes y le acarició el lacio pelo rubio, tan distinto del suyo.
-Pobrecita-susurró el niño, para sí mismo.- No te dejaban dormir.
Sí, pobre Suss. Vivían en una casa, aparentemente normal, en las afueras de Barcelona; rodeados de vegetación y paz, una paz que era violentamente apartada, para dar paso al terror y la desolación de una familia sumergida en la tristeza y los gritos. Una paz falsa, que sólo reinaba en ocasiones muy peculiares.
La falsedad inundaba la vida de aquella familia, todo debía estar siempre bien; incluso el nombre de la pequeña era falso, no se llamaba Suss, se llamaba Susana, pero tampoco esto es cierto; el cruel hombre que se hacía llamar su padre, se había empeñado en llamar Susana a la niña, cuyo verdadero nombre era Riana; un nombre ridículo, según su padre, puesto por su estúpida madre. Su padre opinaba que aquella niña tenía que llamarse como su difunta abuela y obligaba a todos a llamarla Susana, el chico odiaba aquel nombre, por eso cuando su padre estaba presente la llamaba Suss.
-¡Zorra! No sirves ni para planchar camisas. ¡He tenido que ir al trabajo con esta mierda de camisa! ¿Crees que me merezco esto, con todo lo que hago por vosotros? Dime, ¿lo crees? ¡Contesta de una vez joder!
La mujer se encogió sobre sí misma, pero inevitablemente, la manaza de su marido surcó el aire y se estrelló en su mejilla; lloró sin consuelo, pero totalmente en silencio. Su marido había salido de la habitación hecho una furia y ella estaba desecha, sin fuerzas para impedírselo.
El pequeño se acurrucó temblando en el rincón, abrazó a Riana más fuerte y la niña abrió los ojos; sus iris relucieron en la habitación, igual que los del chico.
Un grito llenó el ambiente; el hombre volvía a tener la mano levantada, frente a un chico que se acurrucaba en un rincón, abrazado a una niña pequeña.
-¡Dámela insensato!

-No quiero, le harás daño.
Lo cogió del brazo y el niño gritó muy alto, un grito desgarrador e inhumano hasta cierto punto; su padre le retorció aún más el brazo con violencia; lágrimas de dolor recorrían el r