A las 4 de la tarde, y con un nudo en el estomago el grupo fue apareciendo frente a Ollivanders. Se saludaron con indiferencia, intercambiaron algunas miradas y esperaron. Esperaron como una hora, caminando de un lado a otro, apoyándose en la pared, suspirando, mirando sus relojes…hasta que por fin, al final de la calle vieron aparecer a Saralí.
Iba ataviada con una larga túnica de color cian, llevaba el pelo recogido e iba cogida del brazo de su inseparable caballero, Solomon. Caminaba con tranquilidad, mirando de soslayo a los magos y brujas que pasaban junto a ella, saludando con una leve inclinación de cabeza a aquellos que conocía, pero sin pararse. Al llegar junto al grupo, sonrió fríamente, se paro unos segundos, y sin dejar de mirar al frente les hablo.
-seguidme…la calle no es el lugar idóneo para nuestra conversación… - dijo educadamente antes de seguir caminando.
Al escuchar sus palabras, los jóvenes se miraron unos a otros, esperaron a que Saralí caminara unos pasos mas adelante y la siguieron, preguntándose para si mismos, donde les llevaría.
En el mismo momento en que Saralí hablo, un brillo de ojos del mismo color que un cielo despejado, y una cínica sonrisa se percibió en una de las terrazas. La joven se levanto la pamela que le tapaba el rostro con el dedo índice, y seguidamente abandono la terraza dejando tras de si un leve viento. Sabia que el grupo de magos y brujas no se había percatado de su presencia, pues habían pasado frente a ella al ir hacia Ollivanders, pero no estaba del todo segura si su hermana la había reconocido o no. Aun así, lo único que quería era pasárselo bien, y Saralí le estaba siguiendo el juego, por lo que ella decidió seguirlos a ellos.
Sarilí camino calle arriba, hasta llegar a una pequeña tienda de artículos mágicos para adivinación. Miro de reojo el escaparate, el cual era bastante pequeño y desde allí comprobó que nadie, a excepción de la dueña se encontraba dentro. Dando un par de pasos más, se paro frente a la estrecha puerta de madera, de la cual colgaba un cartelito, y espero a que Solomon le abriera la puerta para entrar en la estancia.
-buenas tardes señorita Hunter – dijo la dueña, con voz estridente.
Era una mujer rechoncha, de pelo erizado, con redondas gafas e iba vestida con una túnica de color violeta, de la que colgaban por mil y un sitios lentejuelas de diversos colores.
-Buenas tardes señora Vangamy… - dijo Saralí sonriendo educadamente a la mujer – podría usted…enseñarnos…a mi y a uno amigos algunos utensilios mágicos que tiene en la trastienda? – pregunto sin perder la compostura mientras de reojo miraba por el escaparate, donde fuera de la tienda esperaban el grupo de magos y brujas, impacientes.
-Por supuesto… - dijo la señora Vangamy sonriendo – pasen a la trastienda…
Saralí chasqueo los dedos, y Solomon, abrió la puerta de la tienda indicándole al grupo que pasaran dentro. Harry fue el primero en entrar, después de varios empujones de Hermione, y una vez todos estuvieron dentro, bastante incómodos debido al poco sitio que había, Solomon cerro la puerta quedando el fuera.
La dueña de la tienda abrió otra estrecha puerta que había detrás del pequeño mostrador y se hizo a un lado para que todos pudieran pasar.
Por el camino, Ron se quedo mirando varios objetos de las estanterías, pero una furiosa mirada de la dueña hizo que este agachara la cabeza y siguiera caminando hasta la sala contigua.
La sala que había detrás de la tienda, era bastante más amplia que la anterior. Al fondo había una pequeña chimenea de piedra, en el centro de la sala, se encontraba una mesa redonda bastante grande con sillas a su alrededor, y decorando la estancia, varios cuadros colgados en la pared.
- sentaos… - dijo Saralí una vez que el ultimo había cerrado la puerta. _________________
-Que es este sitio? – pregunto Ron mirando el cuadro de un mago, sentado frente a una mesa en la que una pequeña bola de adivinación emitía una leve luz.
-Es una sala de reuniones? No es obvio? – dijo Hermione sentándose a la mesa, mientras Ron hacia un gesto obsceno con la cara.
-Pero porque hay una sala de reuniones en una tienda de artículos de magia? – pregunto Draco no muy convencido de que eso fuera algo bueno.
-Veréis, la señora Vangamy trabaja para el ministerio, por lo que este lugar es idóneo para reuniones, ya que nadie sospechara de una pequeña tienda de adivinación… - explico Saralí ya sentada en una de las sillas.
-Pues viendo a tanta gente entrar a una tienda a la vez, yo sospecharía… - dijo Fred mientras su gemelo George asentía con la cabeza.
-Pero no podemos quedar en el ministerio, porque este es un problema personal…por lo que dejaos de cháchara, sentaos, y escuchad mis explicaciones… - dijo Saralí, un poco harta de escuchar tanta objeción por parte del grupo.
Al escuchar la ultima frase, todos cogieron asiento alrededor de la mesa, y completamente en silencio, esperaron a que Saralí comenzara a contarles toda la historia. _________________