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¿De Que Color Son Tus Ojos?
Encuesta sobre el color de ojos mas frecuente

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¿De Que Color Son Tus Ojos?
Azules,tan azules como el cielo y el agua!!!*o*
5%
 5%  [ 7 ]
Verdes=[Verde,Verde Tk Verde!! ^^]
5%
 5%  [ 7 ]
Grises [Parezco un gatito mu monooo *o*]
4%
 4%  [ 6 ]
Marrones o negros [Comunes pero me molan ¿o kizas no?]^-^
62%
 62%  [ 76 ]
Mezcla de dos o tres colores,o bien verdes y azules,o marron y verde etc...[expecificar en la opinion]
20%
 20%  [ 25 ]
Total de votos : 121

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Miss Diggory
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Miss Diggory

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MensajePublicado: 08 Mar 2008 9:00 pm     Responder citando

Pues yo que decir...Mis ojos van a juego con mi pelo xDD Son marrones oscuros...A decir verdad me hubiese gustado tener otro tipo de color como llega a ser el verde..Pero bueno, no estoy desilusionada por mi color de ojos^^
_________________
~[Remember Cedric Diggory...]~
[No hay culpa sin sangre...]
[¿Quién teme al lobo feroz?
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Kibuza

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MensajePublicado: 15 Apr 2008 7:24 pm     Responder citando

Los mios son castaños, aunque es una tonalidad poco común, son tan raros que no se puede definir si son claros o oscuros XD, no se explicarlo.
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Jane Perevell

Jane Perevell

Registrado: 24 Apr 2008
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MensajePublicado: 24 Apr 2008 11:09 am     Responder citando

Los míos son verdes.
_________________

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Sr_McBolson

Sr_McBolson

Registrado: 13 Oct 2008
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MensajePublicado: 15 Oct 2008 11:52 am     Responder citando

Marrones marroncillos.
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Kirara
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Kirara

Registrado: 29 Aug 2008
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MensajePublicado: 24 Oct 2008 7:58 pm     Responder citando

los mios son de color marron oscuro, casi negros, como los de mi abuela, mi madre y mi hermano los tienen marron claro y mi padre de color verde
_________________
Los buenos siempre son corpulentos y sinceros.
A los malos se los distingue fácilmente por sus cuernos puntiagudos, o sus sombreros negros.
Siempre les vencemos y salvamos la situación.
Nunca muere nadie, y todos vivimos felices y comemos perdices.



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RaNiTa De CHoCoLaTe
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MensajePublicado: 17 Nov 2008 2:51 pm     Responder citando

=) Mis ojitos son marrones por fuera y verdes por dentro. Más marrones que verdes... pero si miro al sol o lloro se ven completamente verdes. Es alucinante el cambio y tengo fotos!! jajajaj
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Salvegar
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MensajePublicado: 18 Nov 2008 1:29 am     Responder citando

¿Será magia?... ¿o Mendel?... :redface:


RaNiTa De CHoCoLaTe escribió:
=) Mis ojitos son marrones por fuera y verdes por dentro. Más marrones que verdes... pero si miro al sol o lloro se ven completamente verdes. Es alucinante el cambio y tengo fotos!! jajajaj

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La pequeña Suss se agitaba nerviosa en su cuna; los gritos, aunque amortiguados, se oían claramente en el lado de la puerta en el que se encontraba. Un haz de luz se proyectó en la estancia, la luz de la luna bañaba el rostro se Suss y el chico se quedó pasmado, mirando a la niña en el umbral de la puerta; estaba aterrado y tiritaba ligeramente, sus piececitos descalzos se desplazaron por la habitación y llegaron hasta el borde de la cuna. Alargó los brazos y cogió a la pequeña, que se tranquilizó al sentir el abrazo del niño; el chico le protegía la cabecita con la mano y la mecía suavemente, sentado en un rincón, sobre las frías baldosas de mármol.
Los gritos se sucedían, pero el chico no reaccionaba ante ellos, seguía meciendo a la pequeña, ya dormida, e ignoraba el dolor que se había apoderado de sus pies, entumecidos por el frío. El muchacho apenas contaba con cinco años; el pelo negro le caía sobre los ojos, unos ojos extrañamente brillantes en la oscura habitación; parecía que veía con total claridad y sólo la luna filtraba rayos de luz donde ellos se encontraban. Clavó en la niña aquellos ojos tan inquietantes y le acarició el lacio pelo rubio, tan distinto del suyo.
-Pobrecita-susurró el niño, para sí mismo.- No te dejaban dormir.
Sí, pobre Suss. Vivían en una casa, aparentemente normal, en las afueras de Barcelona; rodeados de vegetación y paz, una paz que era violentamente apartada, para dar paso al terror y la desolación de una familia sumergida en la tristeza y los gritos. Una paz falsa, que sólo reinaba en ocasiones muy peculiares.
La falsedad inundaba la vida de aquella familia, todo debía estar siempre bien; incluso el nombre de la pequeña era falso, no se llamaba Suss, se llamaba Susana, pero tampoco esto es cierto; el cruel hombre que se hacía llamar su padre, se había empeñado en llamar Susana a la niña, cuyo verdadero nombre era Riana; un nombre ridículo, según su padre, puesto por su estúpida madre. Su padre opinaba que aquella niña tenía que llamarse como su difunta abuela y obligaba a todos a llamarla Susana, el chico odiaba aquel nombre, por eso cuando su padre estaba presente la llamaba Suss.
-¡Zorra! No sirves ni para planchar camisas. ¡He tenido que ir al trabajo con esta mierda de camisa! ¿Crees que me merezco esto, con todo lo que hago por vosotros? Dime, ¿lo crees? ¡Contesta de una vez joder!
La mujer se encogió sobre sí misma, pero inevitablemente, la manaza de su marido surcó el aire y se estrelló en su mejilla; lloró sin consuelo, pero totalmente en silencio. Su marido había salido de la habitación hecho una furia y ella estaba desecha, sin fuerzas para impedírselo.
El pequeño se acurrucó temblando en el rincón, abrazó a Riana más fuerte y la niña abrió los ojos; sus iris relucieron en la habitación, igual que los del chico.
Un grito llenó el ambiente; el hombre volvía a tener la mano levantada, frente a un chico que se acurrucaba en un rincón, abrazado a una niña pequeña.
-¡Dámela insensato!

-No quiero, le harás daño.
Lo cogió del brazo y el niño gritó muy alto, un grito desgarrador e inhumano hasta cierto punto; su padre le retorció aún más el brazo con violencia; lágrimas de dolor recorrían el rostro del pequeño, que seguía aferrado a Riana con seguridad. El hombre se acercó al oído del chico y le susurró con una voz amenazadora y terrible:
-O me la das ahora mismo, o no sales de aquí.
El chico lo miró con miedo y se apartó de él, su padre lo soltó, esperando a que sus palabras hicieran efecto y le diera a la niña; pero para su sorpresa, el pequeño lo miró con odio y gritó:
-¡No le harás daño a Riana!
El hombre rugió furioso y cerró el puño; el pequeño cerró los ojos, esperando un impacto que nunca llegó. Allí estaba su madre, con lágrimas en los ojos, sujetando a su perplejo padre.
-¡Ya has dado bastantes problemas zorra!
Un puñetazo la lanzó al otro lado de la habitación, oyó el sonido de sus dientes al partirse y notó que un hilillo de sangre le brotaba del labio inferior; aquel golpe la había dejado aturdida, no consiguió moverse.
El niño no se lo pensó dos veces, corrió fuera de la habitación, sujetando a Riana, que ahora sollozaba a pleno pulmón; visualizó la puerta, la libertad, y descorrió el pestillo. Oyó pasos que corrían hacia él, sabía que lo alcanzaría, pero tenía que intentarlo.
-¡No escaparás enano!- gritó su padre, encolerizado.
El pequeño abrió la puerta y cruzó la entrada a toda velocidad. Su padre lo siguió también, pero algo lo hizo tropezar y caer al suelo; su mujer lo miraba, con la boca destrozada, aferrando uno de sus tobillos.
-No toques a mis hijos- consiguió decir, triunfante de pronto.
-¡Te mataré zorra!
Se echó sobre la mujer y comenzó a darle puñetazos, ella sabía que la mataría, pero consiguió no gritar de dolor; los sollozos de Riana se escuchaban cada vez más lejos, tenía que confiar y resistir un poco más. El hombre agarró una botella y la estrelló contra la cabeza de su mujer, que dejó de moverse; el último pensamiento de ella, antes de morir, fue para sus hijos, deseó con todas sus fuerzas que estuvieran bien.
El pequeño seguía corriendo, como si el mismo diablo le persiguiera, la luna guiaba sus pasos…

-Miquel, despierta Miquel.
El muchacho abrió los ojos, algo confuso, su pelo seguía siendo negro como el carbón y sus ojos eran aún muy inquietantes; pero el chico que estaba en la cama, no se parecía en nada al chiquillo asustado de cinco años que corría en plena noche, con su hermana en brazos. Ahora era un adolescente, con mucha fuerza y alegría, que tenía una vida de verdad.
Miquel miró a su hermana pequeña, ella pronto cumpliría once años y había crecido en aquel orfanato, lejos de las garras de su padre.
Ella nunca había oído las palabras envenenadas de odio que se gritaban papá y mamá; tampoco recordaba los moratones que llenaban el cuerpo de su hermano y su madre; no guardaba en sus recuerdos los ojos de mamá, llenos de tristeza; ni siquiera había pensado en el terror que se apoderaba de su familia cuando su padre volvía a casa.
-¿Estas bien hermanito?- insistió ella, preocupada.
-Que sí, pesada, sólo era una pesadilla.
-Debió ser una pesadilla terrible, parecías angustiado, no conseguí despertarte.
-Sí, era una pesadilla terrible, la verdad.
El chico se quedó callado y le acarició el rubio pelo lacio a su hermana, ella le sonrió con cariño.
-Venga enana, vamos a dormir. Vuelve a la cama.
-Buenas noches hermanito- se inclinó hacia él y le dio un beso.
-Buenas noches.
La luna se veía a través de la ventana y uno de sus rayos llegaba hasta la cama de Miquel; el chico tenía los ojos abiertos y unas lágrimas le cayeron por las mejillas.
<<Buenas noches mamá, siento no haberte podido salvar a ti también>> pensó, antes de dormirse.

Regalo Maeva
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tsuky
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MensajePublicado: 18 Nov 2008 4:05 am     Responder citando

El magico mendel!!!

Pss los mios son marron....y miopes :sweatdrop: .

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Salvegar
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MensajePublicado: 18 Nov 2008 1:18 pm     Responder citando

No preocuparse... que aquí tod@s (salvo un@s poquit@s) somos pro-lentes de tipo gafas o, incluso, lentillas... :redface:
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La pequeña Suss se agitaba nerviosa en su cuna; los gritos, aunque amortiguados, se oían claramente en el lado de la puerta en el que se encontraba. Un haz de luz se proyectó en la estancia, la luz de la luna bañaba el rostro se Suss y el chico se quedó pasmado, mirando a la niña en el umbral de la puerta; estaba aterrado y tiritaba ligeramente, sus piececitos descalzos se desplazaron por la habitación y llegaron hasta el borde de la cuna. Alargó los brazos y cogió a la pequeña, que se tranquilizó al sentir el abrazo del niño; el chico le protegía la cabecita con la mano y la mecía suavemente, sentado en un rincón, sobre las frías baldosas de mármol.
Los gritos se sucedían, pero el chico no reaccionaba ante ellos, seguía meciendo a la pequeña, ya dormida, e ignoraba el dolor que se había apoderado de sus pies, entumecidos por el frío. El muchacho apenas contaba con cinco años; el pelo negro le caía sobre los ojos, unos ojos extrañamente brillantes en la oscura habitación; parecía que veía con total claridad y sólo la luna filtraba rayos de luz donde ellos se encontraban. Clavó en la niña aquellos ojos tan inquietantes y le acarició el lacio pelo rubio, tan distinto del suyo.
-Pobrecita-susurró el niño, para sí mismo.- No te dejaban dormir.
Sí, pobre Suss. Vivían en una casa, aparentemente normal, en las afueras de Barcelona; rodeados de vegetación y paz, una paz que era violentamente apartada, para dar paso al terror y la desolación de una familia sumergida en la tristeza y los gritos. Una paz falsa, que sólo reinaba en ocasiones muy peculiares.
La falsedad inundaba la vida de aquella familia, todo debía estar siempre bien; incluso el nombre de la pequeña era falso, no se llamaba Suss, se llamaba Susana, pero tampoco esto es cierto; el cruel hombre que se hacía llamar su padre, se había empeñado en llamar Susana a la niña, cuyo verdadero nombre era Riana; un nombre ridículo, según su padre, puesto por su estúpida madre. Su padre opinaba que aquella niña tenía que llamarse como su difunta abuela y obligaba a todos a llamarla Susana, el chico odiaba aquel nombre, por eso cuando su padre estaba presente la llamaba Suss.
-¡Zorra! No sirves ni para planchar camisas. ¡He tenido que ir al trabajo con esta mierda de camisa! ¿Crees que me merezco esto, con todo lo que hago por vosotros? Dime, ¿lo crees? ¡Contesta de una vez joder!
La mujer se encogió sobre sí misma, pero inevitablemente, la manaza de su marido surcó el aire y se estrelló en su mejilla; lloró sin consuelo, pero totalmente en silencio. Su marido había salido de la habitación hecho una furia y ella estaba desecha, sin fuerzas para impedírselo.
El pequeño se acurrucó temblando en el rincón, abrazó a Riana más fuerte y la niña abrió los ojos; sus iris relucieron en la habitación, igual que los del chico.
Un grito llenó el ambiente; el hombre volvía a tener la mano levantada, frente a un chico que se acurrucaba en un rincón, abrazado a una niña pequeña.
-¡Dámela insensato!

-No quiero, le harás daño.
Lo cogió del brazo y el niño gritó muy alto, un grito desgarrador e inhumano hasta cierto punto; su padre le retorció aún más el brazo con violencia; lágrimas de dolor recorrían el rostro del pequeño, que seguía aferrado a Riana con seguridad. El hombre se acercó al oído del chico y le susurró con una voz amenazadora y terrible:
-O me la das ahora mismo, o no sales de aquí.
El chico lo miró con miedo y se apartó de él, su padre lo soltó, esperando a que sus palabras hicieran efecto y le diera a la niña; pero para su sorpresa, el pequeño lo miró con odio y gritó:
-¡No le harás daño a Riana!
El hombre rugió furioso y cerró el puño; el pequeño cerró los ojos, esperando un impacto que nunca llegó. Allí estaba su madre, con lágrimas en los ojos, sujetando a su perplejo padre.
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-¡No escaparás enano!- gritó su padre, encolerizado.
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El pequeño seguía corriendo, como si el mismo diablo le persiguiera, la luna guiaba sus pasos…

-Miquel, despierta Miquel.
El muchacho abrió los ojos, algo confuso, su pelo seguía siendo negro como el carbón y sus ojos eran aún muy inquietantes; pero el chico que estaba en la cama, no se parecía en nada al chiquillo asustado de cinco años que corría en plena noche, con su hermana en brazos. Ahora era un adolescente, con mucha fuerza y alegría, que tenía una vida de verdad.
Miquel miró a su hermana pequeña, ella pronto cumpliría once años y había crecido en aquel orfanato, lejos de las garras de su padre.
Ella nunca había oído las palabras envenenadas de odio que se gritaban papá y mamá; tampoco recordaba los moratones que llenaban el cuerpo de su hermano y su madre; no guardaba en sus recuerdos los ojos de mamá, llenos de tristeza; ni siquiera había pensado en el terror que se apoderaba de su familia cuando su padre volvía a casa.
-¿Estas bien hermanito?- insistió ella, preocupada.
-Que sí, pesada, sólo era una pesadilla.
-Debió ser una pesadilla terrible, parecías angustiado, no conseguí despertarte.
-Sí, era una pesadilla terrible, la verdad.
El chico se quedó callado y le acarició el rubio pelo lacio a su hermana, ella le sonrió con cariño.
-Venga enana, vamos a dormir. Vuelve a la cama.
-Buenas noches hermanito- se inclinó hacia él y le dio un beso.
-Buenas noches.
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MensajePublicado: 18 Nov 2008 7:23 pm     Responder citando

Yo tb, pero vamos q no me importa :P
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Salvegar
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MensajePublicado: 19 Nov 2008 1:46 am     Responder citando

Eso... lo importante es tener una buena cantidad de chocolates siempre disponibles... ya sean en barra o en bollitos... :tongue:

RaNiTa De CHoCoLaTe escribió:
Yo tb, pero vamos q no me importa :P

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La pequeña Suss se agitaba nerviosa en su cuna; los gritos, aunque amortiguados, se oían claramente en el lado de la puerta en el que se encontraba. Un haz de luz se proyectó en la estancia, la luz de la luna bañaba el rostro se Suss y el chico se quedó pasmado, mirando a la niña en el umbral de la puerta; estaba aterrado y tiritaba ligeramente, sus piececitos descalzos se desplazaron por la habitación y llegaron hasta el borde de la cuna. Alargó los brazos y cogió a la pequeña, que se tranquilizó al sentir el abrazo del niño; el chico le protegía la cabecita con la mano y la mecía suavemente, sentado en un rincón, sobre las frías baldosas de mármol.
Los gritos se sucedían, pero el chico no reaccionaba ante ellos, seguía meciendo a la pequeña, ya dormida, e ignoraba el dolor que se había apoderado de sus pies, entumecidos por el frío. El muchacho apenas contaba con cinco años; el pelo negro le caía sobre los ojos, unos ojos extrañamente brillantes en la oscura habitación; parecía que veía con total claridad y sólo la luna filtraba rayos de luz donde ellos se encontraban. Clavó en la niña aquellos ojos tan inquietantes y le acarició el lacio pelo rubio, tan distinto del suyo.
-Pobrecita-susurró el niño, para sí mismo.- No te dejaban dormir.
Sí, pobre Suss. Vivían en una casa, aparentemente normal, en las afueras de Barcelona; rodeados de vegetación y paz, una paz que era violentamente apartada, para dar paso al terror y la desolación de una familia sumergida en la tristeza y los gritos. Una paz falsa, que sólo reinaba en ocasiones muy peculiares.
La falsedad inundaba la vida de aquella familia, todo debía estar siempre bien; incluso el nombre de la pequeña era falso, no se llamaba Suss, se llamaba Susana, pero tampoco esto es cierto; el cruel hombre que se hacía llamar su padre, se había empeñado en llamar Susana a la niña, cuyo verdadero nombre era Riana; un nombre ridículo, según su padre, puesto por su estúpida madre. Su padre opinaba que aquella niña tenía que llamarse como su difunta abuela y obligaba a todos a llamarla Susana, el chico odiaba aquel nombre, por eso cuando su padre estaba presente la llamaba Suss.
-¡Zorra! No sirves ni para planchar camisas. ¡He tenido que ir al trabajo con esta mierda de camisa! ¿Crees que me merezco esto, con todo lo que hago por vosotros? Dime, ¿lo crees? ¡Contesta de una vez joder!
La mujer se encogió sobre sí misma, pero inevitablemente, la manaza de su marido surcó el aire y se estrelló en su mejilla; lloró sin consuelo, pero totalmente en silencio. Su marido había salido de la habitación hecho una furia y ella estaba desecha, sin fuerzas para impedírselo.
El pequeño se acurrucó temblando en el rincón, abrazó a Riana más fuerte y la niña abrió los ojos; sus iris relucieron en la habitación, igual que los del chico.
Un grito llenó el ambiente; el hombre volvía a tener la mano levantada, frente a un chico que se acurrucaba en un rincón, abrazado a una niña pequeña.
-¡Dámela insensato!

-No quiero, le harás daño.
Lo cogió del brazo y el niño gritó muy alto, un grito desgarrador e inhumano hasta cierto punto; su padre le retorció aún más el brazo con violencia; lágrimas de dolor recorrían el rostro del pequeño, que seguía aferrado a Riana con seguridad. El hombre se acercó al oído del chico y le susurró con una voz amenazadora y terrible:
-O me la das ahora mismo, o no sales de aquí.
El chico lo miró con miedo y se apartó de él, su padre lo soltó, esperando a que sus palabras hicieran efecto y le diera a la niña; pero para su sorpresa, el pequeño lo miró con odio y gritó:
-¡No le harás daño a Riana!
El hombre rugió furioso y cerró el puño; el pequeño cerró los ojos, esperando un impacto que nunca llegó. Allí estaba su madre, con lágrimas en los ojos, sujetando a su perplejo padre.
-¡Ya has dado bastantes problemas zorra!
Un puñetazo la lanzó al otro lado de la habitación, oyó el sonido de sus dientes al partirse y notó que un hilillo de sangre le brotaba del labio inferior; aquel golpe la había dejado aturdida, no consiguió moverse.
El niño no se lo pensó dos veces, corrió fuera de la habitación, sujetando a Riana, que ahora sollozaba a pleno pulmón; visualizó la puerta, la libertad, y descorrió el pestillo. Oyó pasos que corrían hacia él, sabía que lo alcanzaría, pero tenía que intentarlo.
-¡No escaparás enano!- gritó su padre, encolerizado.
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-No toques a mis hijos- consiguió decir, triunfante de pronto.
-¡Te mataré zorra!
Se echó sobre la mujer y comenzó a darle puñetazos, ella sabía que la mataría, pero consiguió no gritar de dolor; los sollozos de Riana se escuchaban cada vez más lejos, tenía que confiar y resistir un poco más. El hombre agarró una botella y la estrelló contra la cabeza de su mujer, que dejó de moverse; el último pensamiento de ella, antes de morir, fue para sus hijos, deseó con todas sus fuerzas que estuvieran bien.
El pequeño seguía corriendo, como si el mismo diablo le persiguiera, la luna guiaba sus pasos…

-Miquel, despierta Miquel.
El muchacho abrió los ojos, algo confuso, su pelo seguía siendo negro como el carbón y sus ojos eran aún muy inquietantes; pero el chico que estaba en la cama, no se parecía en nada al chiquillo asustado de cinco años que corría en plena noche, con su hermana en brazos. Ahora era un adolescente, con mucha fuerza y alegría, que tenía una vida de verdad.
Miquel miró a su hermana pequeña, ella pronto cumpliría once años y había crecido en aquel orfanato, lejos de las garras de su padre.
Ella nunca había oído las palabras envenenadas de odio que se gritaban papá y mamá; tampoco recordaba los moratones que llenaban el cuerpo de su hermano y su madre; no guardaba en sus recuerdos los ojos de mamá, llenos de tristeza; ni siquiera había pensado en el terror que se apoderaba de su familia cuando su padre volvía a casa.
-¿Estas bien hermanito?- insistió ella, preocupada.
-Que sí, pesada, sólo era una pesadilla.
-Debió ser una pesadilla terrible, parecías angustiado, no conseguí despertarte.
-Sí, era una pesadilla terrible, la verdad.
El chico se quedó callado y le acarició el rubio pelo lacio a su hermana, ella le sonrió con cariño.
-Venga enana, vamos a dormir. Vuelve a la cama.
-Buenas noches hermanito- se inclinó hacia él y le dio un beso.
-Buenas noches.
La luna se veía a través de la ventana y uno de sus rayos llegaba hasta la cama de Miquel; el chico tenía los ojos abiertos y unas lágrimas le cayeron por las mejillas.
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tsuky
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Curan la miopia?? :lol:
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Salvegar
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Salvegar

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MensajePublicado: 19 Nov 2008 11:28 am     Responder citando

Los datos después de las primeras 8 toneladas de chocolate son... ¡¡inconcluyentes!!... :lol: :lol: :lol:

tsuky escribió:
Curan la miopia?? :lol:

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DESPIERTA
DESPIERTA...

La pequeña Suss se agitaba nerviosa en su cuna; los gritos, aunque amortiguados, se oían claramente en el lado de la puerta en el que se encontraba. Un haz de luz se proyectó en la estancia, la luz de la luna bañaba el rostro se Suss y el chico se quedó pasmado, mirando a la niña en el umbral de la puerta; estaba aterrado y tiritaba ligeramente, sus piececitos descalzos se desplazaron por la habitación y llegaron hasta el borde de la cuna. Alargó los brazos y cogió a la pequeña, que se tranquilizó al sentir el abrazo del niño; el chico le protegía la cabecita con la mano y la mecía suavemente, sentado en un rincón, sobre las frías baldosas de mármol.
Los gritos se sucedían, pero el chico no reaccionaba ante ellos, seguía meciendo a la pequeña, ya dormida, e ignoraba el dolor que se había apoderado de sus pies, entumecidos por el frío. El muchacho apenas contaba con cinco años; el pelo negro le caía sobre los ojos, unos ojos extrañamente brillantes en la oscura habitación; parecía que veía con total claridad y sólo la luna filtraba rayos de luz donde ellos se encontraban. Clavó en la niña aquellos ojos tan inquietantes y le acarició el lacio pelo rubio, tan distinto del suyo.
-Pobrecita-susurró el niño, para sí mismo.- No te dejaban dormir.
Sí, pobre Suss. Vivían en una casa, aparentemente normal, en las afueras de Barcelona; rodeados de vegetación y paz, una paz que era violentamente apartada, para dar paso al terror y la desolación de una familia sumergida en la tristeza y los gritos. Una paz falsa, que sólo reinaba en ocasiones muy peculiares.
La falsedad inundaba la vida de aquella familia, todo debía estar siempre bien; incluso el nombre de la pequeña era falso, no se llamaba Suss, se llamaba Susana, pero tampoco esto es cierto; el cruel hombre que se hacía llamar su padre, se había empeñado en llamar Susana a la niña, cuyo verdadero nombre era Riana; un nombre ridículo, según su padre, puesto por su estúpida madre. Su padre opinaba que aquella niña tenía que llamarse como su difunta abuela y obligaba a todos a llamarla Susana, el chico odiaba aquel nombre, por eso cuando su padre estaba presente la llamaba Suss.
-¡Zorra! No sirves ni para planchar camisas. ¡He tenido que ir al trabajo con esta mierda de camisa! ¿Crees que me merezco esto, con todo lo que hago por vosotros? Dime, ¿lo crees? ¡Contesta de una vez joder!
La mujer se encogió sobre sí misma, pero inevitablemente, la manaza de su marido surcó el aire y se estrelló en su mejilla; lloró sin consuelo, pero totalmente en silencio. Su marido había salido de la habitación hecho una furia y ella estaba desecha, sin fuerzas para impedírselo.
El pequeño se acurrucó temblando en el rincón, abrazó a Riana más fuerte y la niña abrió los ojos; sus iris relucieron en la habitación, igual que los del chico.
Un grito llenó el ambiente; el hombre volvía a tener la mano levantada, frente a un chico que se acurrucaba en un rincón, abrazado a una niña pequeña.
-¡Dámela insensato!

-No quiero, le harás daño.
Lo cogió del brazo y el niño gritó muy alto, un grito desgarrador e inhumano hasta cierto punto; su padre le retorció aún más el brazo con violencia; lágrimas de dolor recorrían el rostro del pequeño, que seguía aferrado a Riana con seguridad. El hombre se acercó al oído del chico y le susurró con una voz amenazadora y terrible:
-O me la das ahora mismo, o no sales de aquí.
El chico lo miró con miedo y se apartó de él, su padre lo soltó, esperando a que sus palabras hicieran efecto y le diera a la niña; pero para su sorpresa, el pequeño lo miró con odio y gritó:
-¡No le harás daño a Riana!
El hombre rugió furioso y cerró el puño; el pequeño cerró los ojos, esperando un impacto que nunca llegó. Allí estaba su madre, con lágrimas en los ojos, sujetando a su perplejo padre.
-¡Ya has dado bastantes problemas zorra!
Un puñetazo la lanzó al otro lado de la habitación, oyó el sonido de sus dientes al partirse y notó que un hilillo de sangre le brotaba del labio inferior; aquel golpe la había dejado aturdida, no consiguió moverse.
El niño no se lo pensó dos veces, corrió fuera de la habitación, sujetando a Riana, que ahora sollozaba a pleno pulmón; visualizó la puerta, la libertad, y descorrió el pestillo. Oyó pasos que corrían hacia él, sabía que lo alcanzaría, pero tenía que intentarlo.
-¡No escaparás enano!- gritó su padre, encolerizado.
El pequeño abrió la puerta y cruzó la entrada a toda velocidad. Su padre lo siguió también, pero algo lo hizo tropezar y caer al suelo; su mujer lo miraba, con la boca destrozada, aferrando uno de sus tobillos.
-No toques a mis hijos- consiguió decir, triunfante de pronto.
-¡Te mataré zorra!
Se echó sobre la mujer y comenzó a darle puñetazos, ella sabía que la mataría, pero consiguió no gritar de dolor; los sollozos de Riana se escuchaban cada vez más lejos, tenía que confiar y resistir un poco más. El hombre agarró una botella y la estrelló contra la cabeza de su mujer, que dejó de moverse; el último pensamiento de ella, antes de morir, fue para sus hijos, deseó con todas sus fuerzas que estuvieran bien.
El pequeño seguía corriendo, como si el mismo diablo le persiguiera, la luna guiaba sus pasos…

-Miquel, despierta Miquel.
El muchacho abrió los ojos, algo confuso, su pelo seguía siendo negro como el carbón y sus ojos eran aún muy inquietantes; pero el chico que estaba en la cama, no se parecía en nada al chiquillo asustado de cinco años que corría en plena noche, con su hermana en brazos. Ahora era un adolescente, con mucha fuerza y alegría, que tenía una vida de verdad.
Miquel miró a su hermana pequeña, ella pronto cumpliría once años y había crecido en aquel orfanato, lejos de las garras de su padre.
Ella nunca había oído las palabras envenenadas de odio que se gritaban papá y mamá; tampoco recordaba los moratones que llenaban el cuerpo de su hermano y su madre; no guardaba en sus recuerdos los ojos de mamá, llenos de tristeza; ni siquiera había pensado en el terror que se apoderaba de su familia cuando su padre volvía a casa.
-¿Estas bien hermanito?- insistió ella, preocupada.
-Que sí, pesada, sólo era una pesadilla.
-Debió ser una pesadilla terrible, parecías angustiado, no conseguí despertarte.
-Sí, era una pesadilla terrible, la verdad.
El chico se quedó callado y le acarició el rubio pelo lacio a su hermana, ella le sonrió con cariño.
-Venga enana, vamos a dormir. Vuelve a la cama.
-Buenas noches hermanito- se inclinó hacia él y le dio un beso.
-Buenas noches.
La luna se veía a través de la ventana y uno de sus rayos llegaba hasta la cama de Miquel; el chico tenía los ojos abiertos y unas lágrimas le cayeron por las mejillas.
<<Buenas noches mamá, siento no haberte podido salvar a ti también>> pensó, antes de dormirse.

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tsuky
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MensajePublicado: 20 Nov 2008 4:59 am     Responder citando

Uno muere por sobredosis cuando llega a la thonelada 20.:lol:
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Salvegar
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MensajePublicado: 20 Nov 2008 1:09 pm     Responder citando

Eso sólo es si te comes las 20 toneladas sin descansar al menos 30 minutos entre tonelada y tonelada... :lol: :lol: :lol:

Por cierto, que los magos tenemos más aguante... ¡¡llegamos a las 22 toneladas de chocolate!!... :supergrin: :supergrin: :supergrin:

tsuky escribió:
Uno muere por sobredosis cuando llega a la thonelada 20.:lol:

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La pequeña Suss se agitaba nerviosa en su cuna; los gritos, aunque amortiguados, se oían claramente en el lado de la puerta en el que se encontraba. Un haz de luz se proyectó en la estancia, la luz de la luna bañaba el rostro se Suss y el chico se quedó pasmado, mirando a la niña en el umbral de la puerta; estaba aterrado y tiritaba ligeramente, sus piececitos descalzos se desplazaron por la habitación y llegaron hasta el borde de la cuna. Alargó los brazos y cogió a la pequeña, que se tranquilizó al sentir el abrazo del niño; el chico le protegía la cabecita con la mano y la mecía suavemente, sentado en un rincón, sobre las frías baldosas de mármol.
Los gritos se sucedían, pero el chico no reaccionaba ante ellos, seguía meciendo a la pequeña, ya dormida, e ignoraba el dolor que se había apoderado de sus pies, entumecidos por el frío. El muchacho apenas contaba con cinco años; el pelo negro le caía sobre los ojos, unos ojos extrañamente brillantes en la oscura habitación; parecía que veía con total claridad y sólo la luna filtraba rayos de luz donde ellos se encontraban. Clavó en la niña aquellos ojos tan inquietantes y le acarició el lacio pelo rubio, tan distinto del suyo.
-Pobrecita-susurró el niño, para sí mismo.- No te dejaban dormir.
Sí, pobre Suss. Vivían en una casa, aparentemente normal, en las afueras de Barcelona; rodeados de vegetación y paz, una paz que era violentamente apartada, para dar paso al terror y la desolación de una familia sumergida en la tristeza y los gritos. Una paz falsa, que sólo reinaba en ocasiones muy peculiares.
La falsedad inundaba la vida de aquella familia, todo debía estar siempre bien; incluso el nombre de la pequeña era falso, no se llamaba Suss, se llamaba Susana, pero tampoco esto es cierto; el cruel hombre que se hacía llamar su padre, se había empeñado en llamar Susana a la niña, cuyo verdadero nombre era Riana; un nombre ridículo, según su padre, puesto por su estúpida madre. Su padre opinaba que aquella niña tenía que llamarse como su difunta abuela y obligaba a todos a llamarla Susana, el chico odiaba aquel nombre, por eso cuando su padre estaba presente la llamaba Suss.
-¡Zorra! No sirves ni para planchar camisas. ¡He tenido que ir al trabajo con esta mierda de camisa! ¿Crees que me merezco esto, con todo lo que hago por vosotros? Dime, ¿lo crees? ¡Contesta de una vez joder!
La mujer se encogió sobre sí misma, pero inevitablemente, la manaza de su marido surcó el aire y se estrelló en su mejilla; lloró sin consuelo, pero totalmente en silencio. Su marido había salido de la habitación hecho una furia y ella estaba desecha, sin fuerzas para impedírselo.
El pequeño se acurrucó temblando en el rincón, abrazó a Riana más fuerte y la niña abrió los ojos; sus iris relucieron en la habitación, igual que los del chico.
Un grito llenó el ambiente; el hombre volvía a tener la mano levantada, frente a un chico que se acurrucaba en un rincón, abrazado a una niña pequeña.
-¡Dámela insensato!

-No quiero, le harás daño.
Lo cogió del brazo y el niño gritó muy alto, un grito desgarrador e inhumano hasta cierto punto; su padre le retorció aún más el brazo con violencia; lágrimas de dolor recorrían el rostro del pequeño, que seguía aferrado a Riana con seguridad. El hombre se acercó al oído del chico y le susurró con una voz amenazadora y terrible:
-O me la das ahora mismo, o no sales de aquí.
El chico lo miró con miedo y se apartó de él, su padre lo soltó, esperando a que sus palabras hicieran efecto y le diera a la niña; pero para su sorpresa, el pequeño lo miró con odio y gritó:
-¡No le harás daño a Riana!
El hombre rugió furioso y cerró el puño; el pequeño cerró los ojos, esperando un impacto que nunca llegó. Allí estaba su madre, con lágrimas en los ojos, sujetando a su perplejo padre.
-¡Ya has dado bastantes problemas zorra!
Un puñetazo la lanzó al otro lado de la habitación, oyó el sonido de sus dientes al partirse y notó que un hilillo de sangre le brotaba del labio inferior; aquel golpe la había dejado aturdida, no consiguió moverse.
El niño no se lo pensó dos veces, corrió fuera de la habitación, sujetando a Riana, que ahora sollozaba a pleno pulmón; visualizó la puerta, la libertad, y descorrió el pestillo. Oyó pasos que corrían hacia él, sabía que lo alcanzaría, pero tenía que intentarlo.
-¡No escaparás enano!- gritó su padre, encolerizado.
El pequeño abrió la puerta y cruzó la entrada a toda velocidad. Su padre lo siguió también, pero algo lo hizo tropezar y caer al suelo; su mujer lo miraba, con la boca destrozada, aferrando uno de sus tobillos.
-No toques a mis hijos- consiguió decir, triunfante de pronto.
-¡Te mataré zorra!
Se echó sobre la mujer y comenzó a darle pu