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Sarali Hunter felíz cumpleaños! Mañana Jueves 8 de Enero! a las 22.30h (hora española peninsular) entrega de premios •¤• Nåvîdåd Ø8 •¤•
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| ¿Gracias a quien empezaste a leer Harry Potter? |
| Alguien de la familia |
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| Algun amigo |
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| Por las peliculas |
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| Por mi, de casualidad |
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Hopeless
Ravenclaw


Registrado: 05 Dec 2007 Mensajes: 4326 Promedio por Día: 10.82
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Publicado: 18 Oct 2008 6:12 pm
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en la escuela me encargaron leer un libro creo...
asi q mi madre me compro uno de adolecentes y sus problemas xD (estaba en secudnaria) pero me nege a leerlo e_e
asi q fuimos a la libreria a cambiarlo, aunque el señor no queria pero pues me dio a escojer otro libro y vi el primero de Harry Potter, y dije "puen venga"
asi q fue gracias a la escuela y a mi madre OwO xD _________________
There's no red in my World

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tsuky
Slytherin


Registrado: 28 Jun 2006 Mensajes: 425 Promedio por Día: 0.46
Ubicación: In A bItTeRSwEeT SpElL...


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Brigitte
Prefecta Ravenclaw


Registrado: 11 Jun 2006 Mensajes: 2150 Promedio por Día: 2.28
Ubicación: Wonderland *

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Publicado: 19 Oct 2008 12:21 pm
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Todavía me acuerdo...Fue gracias a una amiga, que me llevó al cine de verano a ver Harry Potter cuando teníamos doce años o así...Me quedé dos días pensando en el pequeño mago (comienzo de una obsesión xD), hasta que me decidí a pedir prestados los libros porque no podía vivir así xD _________________
Brigitte Ginevra Black...

Carry on!
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Salvegar
Gryffindor


Registrado: 11 Jun 2006 Mensajes: 6555 Promedio por Día: 6.97
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Publicado: 20 Oct 2008 11:42 pm
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Cosa de familia...  _________________
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DESPIERTA...
La pequeña Suss se agitaba nerviosa en su cuna; los gritos, aunque amortiguados, se oían claramente en el lado de la puerta en el que se encontraba. Un haz de luz se proyectó en la estancia, la luz de la luna bañaba el rostro se Suss y el chico se quedó pasmado, mirando a la niña en el umbral de la puerta; estaba aterrado y tiritaba ligeramente, sus piececitos descalzos se desplazaron por la habitación y llegaron hasta el borde de la cuna. Alargó los brazos y cogió a la pequeña, que se tranquilizó al sentir el abrazo del niño; el chico le protegía la cabecita con la mano y la mecía suavemente, sentado en un rincón, sobre las frías baldosas de mármol.
Los gritos se sucedían, pero el chico no reaccionaba ante ellos, seguía meciendo a la pequeña, ya dormida, e ignoraba el dolor que se había apoderado de sus pies, entumecidos por el frío. El muchacho apenas contaba con cinco años; el pelo negro le caía sobre los ojos, unos ojos extrañamente brillantes en la oscura habitación; parecía que veía con total claridad y sólo la luna filtraba rayos de luz donde ellos se encontraban. Clavó en la niña aquellos ojos tan inquietantes y le acarició el lacio pelo rubio, tan distinto del suyo.
-Pobrecita-susurró el niño, para sí mismo.- No te dejaban dormir.
Sí, pobre Suss. Vivían en una casa, aparentemente normal, en las afueras de Barcelona; rodeados de vegetación y paz, una paz que era violentamente apartada, para dar paso al terror y la desolación de una familia sumergida en la tristeza y los gritos. Una paz falsa, que sólo reinaba en ocasiones muy peculiares.
La falsedad inundaba la vida de aquella familia, todo debía estar siempre bien; incluso el nombre de la pequeña era falso, no se llamaba Suss, se llamaba Susana, pero tampoco esto es cierto; el cruel hombre que se hacía llamar su padre, se había empeñado en llamar Susana a la niña, cuyo verdadero nombre era Riana; un nombre ridículo, según su padre, puesto por su estúpida madre. Su padre opinaba que aquella niña tenía que llamarse como su difunta abuela y obligaba a todos a llamarla Susana, el chico odiaba aquel nombre, por eso cuando su padre estaba presente la llamaba Suss.
-¡Zorra! No sirves ni para planchar camisas. ¡He tenido que ir al trabajo con esta mierda de camisa! ¿Crees que me merezco esto, con todo lo que hago por vosotros? Dime, ¿lo crees? ¡Contesta de una vez joder!
La mujer se encogió sobre sí misma, pero inevitablemente, la manaza de su marido surcó el aire y se estrelló en su mejilla; lloró sin consuelo, pero totalmente en silencio. Su marido había salido de la habitación hecho una furia y ella estaba desecha, sin fuerzas para impedírselo.
El pequeño se acurrucó temblando en el rincón, abrazó a Riana más fuerte y la niña abrió los ojos; sus iris relucieron en la habitación, igual que los del chico.
Un grito llenó el ambiente; el hombre volvía a tener la mano levantada, frente a un chico que se acurrucaba en un rincón, abrazado a una niña pequeña.
-¡Dámela insensato!
-No quiero, le harás daño.
Lo cogió del brazo y el niño gritó muy alto, un grito desgarrador e inhumano hasta cierto punto; su padre le retorció aún más el brazo con violencia; lágrimas de dolor recorrían el rostro del pequeño, que seguía aferrado a Riana con seguridad. El hombre se acercó al oído del chico y le susurró con una voz amenazadora y terrible:
-O me la das ahora mismo, o no sales de aquí.
El chico lo miró con miedo y se apartó de él, su padre lo soltó, esperando a que sus palabras hicieran efecto y le diera a la niña; pero para su sorpresa, el pequeño lo miró con odio y gritó:
-¡No le harás daño a Riana!
El hombre rugió furioso y cerró el puño; el pequeño cerró los ojos, esperando un impacto que nunca llegó. Allí estaba su madre, con lágrimas en los ojos, sujetando a su perplejo padre.
-¡Ya has dado bastantes problemas zorra!
Un puñetazo la lanzó al otro lado de la habitación, oyó el sonido de sus dientes al partirse y notó que un hilillo de sangre le brotaba del labio inferior; aquel golpe la había dejado aturdida, no consiguió moverse.
El niño no se lo pensó dos veces, corrió fuera de la habitación, sujetando a Riana, que ahora sollozaba a pleno pulmón; visualizó la puerta, la libertad, y descorrió el pestillo. Oyó pasos que corrían hacia él, sabía que lo alcanzaría, pero tenía que intentarlo.
-¡No escaparás enano!- gritó su padre, encolerizado.
El pequeño abrió la puerta y cruzó la entrada a toda velocidad. Su padre lo siguió también, pero algo lo hizo tropezar y caer al suelo; su mujer lo miraba, con la boca destrozada, aferrando uno de sus tobillos.
-No toques a mis hijos- consiguió decir, triunfante de pronto.
-¡Te mataré zorra!
Se echó sobre la mujer y comenzó a darle puñetazos, ella sabía que la mataría, pero consiguió no gritar de dolor; los sollozos de Riana se escuchaban cada vez más lejos, tenía que confiar y resistir un poco más. El hombre agarró una botella y la estrelló contra la cabeza de su mujer, que dejó de moverse; el último pensamiento de ella, antes de morir, fue para sus hijos, deseó con todas sus fuerzas que estuvieran bien.
El pequeño seguía corriendo, como si el mismo diablo le persiguiera, la luna guiaba sus pasos…
-Miquel, despierta Miquel.
El muchacho abrió los ojos, algo confuso, su pelo seguía siendo negro como el carbón y sus ojos eran aún muy inquietantes; pero el chico que estaba en la cama, no se parecía en nada al chiquillo asustado de cinco años que corría en plena noche, con su hermana en brazos. Ahora era un adolescente, con mucha fuerza y alegría, que tenía una vida de verdad.
Miquel miró a su hermana pequeña, ella pronto cumpliría once años y había crecido en aquel orfanato, lejos de las garras de su padre.
Ella nunca había oído las palabras envenenadas de odio que se gritaban papá y mamá; tampoco recordaba los moratones que llenaban el cuerpo de su hermano y su madre; no guardaba en sus recuerdos los ojos de mamá, llenos de tristeza; ni siquiera había pensado en el terror que se apoderaba de su familia cuando su padre volvía a casa.
-¿Estas bien hermanito?- insistió ella, preocupada.
-Que sí, pesada, sólo era una pesadilla.
-Debió ser una pesadilla terrible, parecías angustiado, no conseguí despertarte.
-Sí, era una pesadilla terrible, la verdad.
El chico se quedó callado y le acarició el rubio pelo lacio a su hermana, ella le sonrió con cariño.
-Venga enana, vamos a dormir. Vuelve a la cama.
-Buenas noches hermanito- se inclinó hacia él y le dio un beso.
-Buenas noches.
La luna se veía a través de la ventana y uno de sus rayos llegaba hasta la cama de Miquel; el chico tenía los ojos abiertos y unas lágrimas le cayeron por las mejillas.
<<Buenas noches mamá, siento no haberte podido salvar a ti también>> pensó, antes de dormirse.
Regalo Maeva

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Kirara
Slytherin


Registrado: 29 Aug 2008 Mensajes: 221 Promedio por Día: 1.69
Ubicación: paseando por las mazmorras


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Publicado: 24 Oct 2008 8:47 pm
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A mi una prima me regaló el de la cámara secreta por mi cumpleaños cuando salió la primera película xq el de la piedra filisofal estaba agotado, así que luego me lo compré yo para no leerlos desordenados.
Me gustaron tanto que me compré el tercero y el cuarto y cada vez que salía uno nuevo no tardaba mucho en pasar por la librería a comprarlo. _________________
Los buenos siempre son corpulentos y sinceros.
A los malos se los distingue fácilmente por sus cuernos puntiagudos, o sus sombreros negros.
Siempre les vencemos y salvamos la situación.
Nunca muere nadie, y todos vivimos felices y comemos perdices.
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Salvegar
Gryffindor


Registrado: 11 Jun 2006 Mensajes: 6555 Promedio por Día: 6.97
Ubicación: Ciudadela Flotante


1961 Galeones
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Publicado: 24 Oct 2008 10:45 pm
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Esas son las primas que molan...
| Kirara escribió: | A mi una prima me regaló el de la cámara secreta por mi cumpleaños cuando salió la primera película xq el de la piedra filisofal estaba agotado, así que luego me lo compré yo para no leerlos desordenados.
Me gustaron tanto que me compré el tercero y el cuarto y cada vez que salía uno nuevo no tardaba mucho en pasar por la librería a comprarlo. |
_________________
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La pequeña Suss se agitaba nerviosa en su cuna; los gritos, aunque amortiguados, se oían claramente en el lado de la puerta en el que se encontraba. Un haz de luz se proyectó en la estancia, la luz de la luna bañaba el rostro se Suss y el chico se quedó pasmado, mirando a la niña en el umbral de la puerta; estaba aterrado y tiritaba ligeramente, sus piececitos descalzos se desplazaron por la habitación y llegaron hasta el borde de la cuna. Alargó los brazos y cogió a la pequeña, que se tranquilizó al sentir el abrazo del niño; el chico le protegía la cabecita con la mano y la mecía suavemente, sentado en un rincón, sobre las frías baldosas de mármol.
Los gritos se sucedían, pero el chico no reaccionaba ante ellos, seguía meciendo a la pequeña, ya dormida, e ignoraba el dolor que se había apoderado de sus pies, entumecidos por el frío. El muchacho apenas contaba con cinco años; el pelo negro le caía sobre los ojos, unos ojos extrañamente brillantes en la oscura habitación; parecía que veía con total claridad y sólo la luna filtraba rayos de luz donde ellos se encontraban. Clavó en la niña aquellos ojos tan inquietantes y le acarició el lacio pelo rubio, tan distinto del suyo.
-Pobrecita-susurró el niño, para sí mismo.- No te dejaban dormir.
Sí, pobre Suss. Vivían en una casa, aparentemente normal, en las afueras de Barcelona; rodeados de vegetación y paz, una paz que era violentamente apartada, para dar paso al terror y la desolación de una familia sumergida en la tristeza y los gritos. Una paz falsa, que sólo reinaba en ocasiones muy peculiares.
La falsedad inundaba la vida de aquella familia, todo debía estar siempre bien; incluso el nombre de la pequeña era falso, no se llamaba Suss, se llamaba Susana, pero tampoco esto es cierto; el cruel hombre que se hacía llamar su padre, se había empeñado en llamar Susana a la niña, cuyo verdadero nombre era Riana; un nombre ridículo, según su padre, puesto por su estúpida madre. Su padre opinaba que aquella niña tenía que llamarse como su difunta abuela y obligaba a todos a llamarla Susana, el chico odiaba aquel nombre, por eso cuando su padre estaba presente la llamaba Suss.
-¡Zorra! No sirves ni para planchar camisas. ¡He tenido que ir al trabajo con esta mierda de camisa! ¿Crees que me merezco esto, con todo lo que hago por vosotros? Dime, ¿lo crees? ¡Contesta de una vez joder!
La mujer se encogió sobre sí misma, pero inevitablemente, la manaza de su marido surcó el aire y se estrelló en su mejilla; lloró sin consuelo, pero totalmente en silencio. Su marido había salido de la habitación hecho una furia y ella estaba desecha, sin fuerzas para impedírselo.
El pequeño se acurrucó temblando en el rincón, abrazó a Riana más fuerte y la niña abrió los ojos; sus iris relucieron en la habitación, igual que los del chico.
Un grito llenó el ambiente; el hombre volvía a tener la mano levantada, frente a un chico que se acurrucaba en un rincón, abrazado a una niña pequeña.
-¡Dámela insensato!
-No quiero, le harás daño.
Lo cogió del brazo y el niño gritó muy alto, un grito desgarrador e inhumano hasta cierto punto; su padre le retorció aún más el brazo con violencia; lágrimas de dolor recorrían el rostro del pequeño, que seguía aferrado a Riana con seguridad. El hombre se acercó al oído del chico y le susurró con una voz amenazadora y terrible:
-O me la das ahora mismo, o no sales de aquí.
El chico lo miró con miedo y se apartó de él, su padre lo soltó, esperando a que sus palabras hicieran efecto y le diera a la niña; pero para su sorpresa, el pequeño lo miró con odio y gritó:
-¡No le harás daño a Riana!
El hombre rugió furioso y cerró el puño; el pequeño cerró los ojos, esperando un impacto que nunca llegó. Allí estaba su madre, con lágrimas en los ojos, sujetando a su perplejo padre.
-¡Ya has dado bastantes problemas zorra!
Un puñetazo la lanzó al otro lado de la habitación, oyó el sonido de sus dientes al partirse y notó que un hilillo de sangre le brotaba del labio inferior; aquel golpe la había dejado aturdida, no consiguió moverse.
El niño no se lo pensó dos veces, corrió fuera de la habitación, sujetando a Riana, que ahora sollozaba a pleno pulmón; visualizó la puerta, la libertad, y descorrió el pestillo. Oyó pasos que corrían hacia él, sabía que lo alcanzaría, pero tenía que intentarlo.
-¡No escaparás enano!- gritó su padre, encolerizado.
El pequeño abrió la puerta y cruzó la entrada a toda velocidad. Su padre lo siguió también, pero algo lo hizo tropezar y caer al suelo; su mujer lo miraba, con la boca destrozada, aferrando uno de sus tobillos.
-No toques a mis hijos- consiguió decir, triunfante de pronto.
-¡Te mataré zorra!
Se echó sobre la mujer y comenzó a darle puñetazos, ella sabía que la mataría, pero consiguió no gritar de dolor; los sollozos de Riana se escuchaban cada vez más lejos, tenía que confiar y resistir un poco más. El hombre agarró una botella y la estrelló contra la cabeza de su mujer, que dejó de moverse; el último pensamiento de ella, antes de morir, fue para sus hijos, deseó con todas sus fuerzas que estuvieran bien.
El pequeño seguía corriendo, como si el mismo diablo le persiguiera, la luna guiaba sus pasos…
-Miquel, despierta Miquel.
El muchacho abrió los ojos, algo confuso, su pelo seguía siendo negro como el carbón y sus ojos eran aún muy inquietantes; pero el chico que estaba en la cama, no se parecía en nada al chiquillo asustado de cinco años que corría en plena noche, con su hermana en brazos. Ahora era un adolescente, con mucha fuerza y alegría, que tenía una vida de verdad.
Miquel miró a su hermana pequeña, ella pronto cumpliría once años y había crecido en aquel orfanato, lejos de las garras de su padre.
Ella nunca había oído las palabras envenenadas de odio que se gritaban papá y mamá; tampoco recordaba los moratones que llenaban el cuerpo de su hermano y su madre; no guardaba en sus recuerdos los ojos de mamá, llenos de tristeza; ni siquiera había pensado en el terror que se apoderaba de su familia cuando su padre volvía a casa.
-¿Estas bien hermanito?- insistió ella, preocupada.
-Que sí, pesada, sólo era una pesadilla.
-Debió ser una pesadilla terrible, parecías angustiado, no conseguí despertarte.
-Sí, era una pesadilla terrible, la verdad.
El chico se quedó callado y le acarició el rubio pelo lacio a su hermana, ella le sonrió con cariño.
-Venga enana, vamos a dormir. Vuelve a la cama.
-Buenas noches hermanito- se inclinó hacia él y le dio un beso.
-Buenas noches.
La luna se veía a través de la ventana y uno de sus rayos llegaba hasta la cama de Miquel; el chico tenía los ojos abiertos y unas lágrimas le cayeron por las mejillas.
<<Buenas noches mamá, siento no haberte podido salvar a ti también>> pensó, antes de dormirse.
Regalo Maeva

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maniacff7
Ravenclaw


Registrado: 26 Sep 2008 Mensajes: 136 Promedio por Día: 1.31


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Estado: Desconectado
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Publicado: 24 Oct 2008 11:10 pm
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Gracias a mi prima, cuando tenia... no me acuerdo si 8 o 9 años (talves exagero) pero lo que si me acuerdo es que lei un par de paginas y me aburrio porque era un dia en la vida del tio Bernon jajja. y lo pero es que no habia leido la parte de atras del libro. entonces crei que se trataba todo el libro de lo mismo. pense: que embolee!!!
Puedo disminuir mi error diciendo que hay miles de libros que tienen tapas re copantes, pero en la realidad no tiene casi nada que ver con el contenido XD
Lo deje guardado un año creo. un dia estaba muyyy aburrido y me puse a leerlo, pero esta ves me lei mas paginas. empezaba a gustarme en cerio! y asi fue como empeze. La majoria de los libros me lo compro mi prima, salvo el ultimo que le dije: No, este, quiero comprarlo YO! _________________
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Salvegar
Gryffindor


Registrado: 11 Jun 2006 Mensajes: 6555 Promedio por Día: 6.97
Ubicación: Ciudadela Flotante


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Publicado: 24 Oct 2008 11:31 pm
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Otro punto para las primas...
| maniacff7 escribió: | Gracias a mi prima, cuando tenia... no me acuerdo si 8 o 9 años (talves exagero) pero lo que si me acuerdo es que lei un par de paginas y me aburrio porque era un dia en la vida del tio Bernon jajja. y lo pero es que no habia leido la parte de atras del libro. entonces crei que se trataba todo el libro de lo mismo. pense: que embolee!!!
Puedo disminuir mi error diciendo que hay miles de libros que tienen tapas re copantes, pero en la realidad no tiene casi nada que ver con el contenido XD
Lo deje guardado un año creo. un dia estaba muyyy aburrido y me puse a leerlo, pero esta ves me lei mas paginas. empezaba a gustarme en cerio! y asi fue como empeze. La majoria de los libros me lo compro mi prima, salvo el ultimo que le dije: No, este, quiero comprarlo YO! |
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La pequeña Suss se agitaba nerviosa en su cuna; los gritos, aunque amortiguados, se oían claramente en el lado de la puerta en el que se encontraba. Un haz de luz se proyectó en la estancia, la luz de la luna bañaba el rostro se Suss y el chico se quedó pasmado, mirando a la niña en el umbral de la puerta; estaba aterrado y tiritaba ligeramente, sus piececitos descalzos se desplazaron por la habitación y llegaron hasta el borde de la cuna. Alargó los brazos y cogió a la pequeña, que se tranquilizó al sentir el abrazo del niño; el chico le protegía la cabecita con la mano y la mecía suavemente, sentado en un rincón, sobre las frías baldosas de mármol.
Los gritos se sucedían, pero el chico no reaccionaba ante ellos, seguía meciendo a la pequeña, ya dormida, e ignoraba el dolor que se había apoderado de sus pies, entumecidos por el frío. El muchacho apenas contaba con cinco años; el pelo negro le caía sobre los ojos, unos ojos extrañamente brillantes en la oscura habitación; parecía que veía con total claridad y sólo la luna filtraba rayos de luz donde ellos se encontraban. Clavó en la niña aquellos ojos tan inquietantes y le acarició el lacio pelo rubio, tan distinto del suyo.
-Pobrecita-susurró el niño, para sí mismo.- No te dejaban dormir.
Sí, pobre Suss. Vivían en una casa, aparentemente normal, en las afueras de Barcelona; rodeados de vegetación y paz, una paz que era violentamente apartada, para dar paso al terror y la desolación de una familia sumergida en la tristeza y los gritos. Una paz falsa, que sólo reinaba en ocasiones muy peculiares.
La falsedad inundaba la vida de aquella familia, todo debía estar siempre bien; incluso el nombre de la pequeña era falso, no se llamaba Suss, se llamaba Susana, pero tampoco esto es cierto; el cruel hombre que se hacía llamar su padre, se había empeñado en llamar Susana a la niña, cuyo verdadero nombre era Riana; un nombre ridículo, según su padre, puesto por su estúpida madre. Su padre opinaba que aquella niña tenía que llamarse como su difunta abuela y obligaba a todos a llamarla Susana, el chico odiaba aquel nombre, por eso cuando su padre estaba presente la llamaba Suss.
-¡Zorra! No sirves ni para planchar camisas. ¡He tenido que ir al trabajo con esta mierda de camisa! ¿Crees que me merezco esto, con todo lo que hago por vosotros? Dime, ¿lo crees? ¡Contesta de una vez joder!
La mujer se encogió sobre sí misma, pero inevitablemente, la manaza de su marido surcó el aire y se estrelló en su mejilla; lloró sin consuelo, pero totalmente en silencio. Su marido había salido de la habitación hecho una furia y ella estaba desecha, sin fuerzas para impedírselo.
El pequeño se acurrucó temblando en el rincón, abrazó a Riana más fuerte y la niña abrió los ojos; sus iris relucieron en la habitación, igual que los del chico.
Un grito llenó el ambiente; el hombre volvía a tener la mano levantada, frente a un chico que se acurrucaba en un rincón, abrazado a una niña pequeña.
-¡Dámela insensato!
-No quiero, le harás daño.
Lo cogió del brazo y el niño gritó muy alto, un grito desgarrador e inhumano hasta cierto punto; su padre le retorció aún más el brazo con violencia; lágrimas de dolor recorrían el rostro del pequeño, que seguía aferrado a Riana con seguridad. El hombre se acercó al oído del chico y le susurró con una voz amenazadora y terrible:
-O me la das ahora mismo, o no sales de aquí.
El chico lo miró con miedo y se apartó de él, su padre lo soltó, esperando a que sus palabras hicieran efecto y le diera a la niña; pero para su sorpresa, el pequeño lo miró con odio y gritó:
-¡No le harás daño a Riana!
El hombre rugió furioso y cerró el puño; el pequeño cerró los ojos, esperando un impacto que nunca llegó. Allí estaba su madre, con lágrimas en los ojos, sujetando a su perplejo padre.
-¡Ya has dado bastantes problemas zorra!
Un puñetazo la lanzó al otro lado de la habitación, oyó el sonido de sus dientes al partirse y notó que un hilillo de sangre le brotaba del labio inferior; aquel golpe la había dejado aturdida, no consiguió moverse.
El niño no se lo pensó dos veces, corrió fuera de la habitación, sujetando a Riana, que ahora sollozaba a pleno pulmón; visualizó la puerta, la libertad, y descorrió el pestillo. Oyó pasos que corrían hacia él, sabía que lo alcanzaría, pero tenía que intentarlo.
-¡No escaparás enano!- gritó su padre, encolerizado.
El pequeño abrió la puerta y cruzó la entrada a toda velocidad. Su padre lo siguió también, pero algo lo hizo tropezar y caer al suelo; su mujer lo miraba, con la boca destrozada, aferrando uno de sus tobillos.
-No toques a mis hijos- consiguió decir, triunfante de pronto.
-¡Te mataré zorra!
Se echó sobre la mujer y comenzó a darle puñetazos, ella sabía que la mataría, pero consiguió no gritar de dolor; los sollozos de Riana se escuchaban cada vez más lejos, tenía que confiar y resistir un poco más. El hombre agarró una botella y la estrelló contra la cabeza de su mujer, que dejó de moverse; el último pensamiento de ella, antes de morir, fue para sus hijos, deseó con todas sus fuerzas que estuvieran bien.
El pequeño seguía corriendo, como si el mismo diablo le persiguiera, la luna guiaba sus pasos…
-Miquel, despierta Miquel.
El muchacho abrió los ojos, algo confuso, su pelo seguía siendo negro como el carbón y sus ojos eran aún muy inquietantes; pero el chico que estaba en la cama, no se parecía en nada al chiquillo asustado de cinco años que corría en plena noche, con su hermana en brazos. Ahora era un adolescente, con mucha fuerza y alegría, que tenía una vida de verdad.
Miquel miró a su hermana pequeña, ella pronto cumpliría once años y había crecido en aquel orfanato, lejos de las garras de su padre.
Ella nunca había oído las palabras envenenadas de odio que se gritaban papá y mamá; tampoco recordaba los moratones que llenaban el cuerpo de su hermano y su madre; no guardaba en sus recuerdos los ojos de mamá, llenos de tristeza; ni siquiera había pensado en el terror que se apoderaba de su familia cuando su padre volvía a casa.
-¿Estas bien hermanito?- insistió ella, preocupada.
-Que sí, pesada, sólo era una pesadilla.
-Debió ser una pesadilla terrible, parecías angustiado, no conseguí despertarte.
-Sí, era una pesadilla terrible, la verdad.
El chico se quedó callado y le acarició el rubio pelo lacio a su hermana, ella le sonrió con cariño.
-Venga enana, vamos a dormir. Vuelve a la cama.
-Buenas noches hermanito- se inclinó hacia él y le dio un beso.
-Buenas noches.
La luna se veía a través de la ventana y uno de sus rayos llegaba hasta la cama de Miquel; el chico tenía los ojos abiertos y unas lágrimas le cayeron por las mejillas.
<<Buenas noches mamá, siento no haberte podido salvar a ti también>> pensó, antes de dormirse.
Regalo Maeva

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Anto-309
Registrado: 25 Oct 2008 Mensajes: 11 Promedio por Día: 0.15

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Publicado: 25 Oct 2008 1:05 pm
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Por mi,me compre el primero por casualidad hace bastante tiempo xDD
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Salvegar
Gryffindor


Registrado: 11 Jun 2006 Mensajes: 6555 Promedio por Día: 6.97
Ubicación: Ciudadela Flotante


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Publicado: 25 Oct 2008 4:32 pm
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| Anto-309 escribió: | | Por mi,me compre el primero por casualidad hace bastante tiempo xDD |
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Los gritos se sucedían, pero el chico no reaccionaba ante ellos, seguía meciendo a la pequeña, ya dormida, e ignoraba el dolor que se había apoderado de sus pies, entumecidos por el frío. El muchacho apenas contaba con cinco años; el pelo negro le caía sobre los ojos, unos ojos extrañamente brillantes en la oscura habitación; parecía que veía con total claridad y sólo la luna filtraba rayos de luz donde ellos se encontraban. Clavó en la niña aquellos ojos tan inquietantes y le acarició el lacio pelo rubio, tan distinto del suyo.
-Pobrecita-susurró el niño, para sí mismo.- No te dejaban dormir.
Sí, pobre Suss. Vivían en una casa, aparentemente normal, en las afueras de Barcelona; rodeados de vegetación y paz, una paz que era violentamente apartada, para dar paso al terror y la desolación de una familia sumergida en la tristeza y los gritos. Una paz falsa, que sólo reinaba en ocasiones muy peculiares.
La falsedad inundaba la vida de aquella familia, todo debía estar siempre bien; incluso el nombre de la pequeña era falso, no se llamaba Suss, se llamaba Susana, pero tampoco esto es cierto; el cruel hombre que se hacía llamar su padre, se había empeñado en llamar Susana a la niña, cuyo verdadero nombre era Riana; un nombre ridículo, según su padre, puesto por su estúpida madre. Su padre opinaba que aquella niña tenía que llamarse como su difunta abuela y obligaba a todos a llamarla Susana, el chico odiaba aquel nombre, por eso cuando su padre estaba presente la llamaba Suss.
-¡Zorra! No sirves ni para planchar camisas. ¡He tenido que ir al trabajo con esta mierda de camisa! ¿Crees que me merezco esto, con todo lo que hago por vosotros? Dime, ¿lo crees? ¡Contesta de una vez joder!
La mujer se encogió sobre sí misma, pero inevitablemente, la manaza de su marido surcó el aire y se estrelló en su mejilla; lloró sin consuelo, pero totalmente en silencio. Su marido había salido de la habitación hecho una furia y ella estaba desecha, sin fuerzas para impedírselo.
El pequeño se acurrucó temblando en el rincón, abrazó a Riana más fuerte y la niña abrió los ojos; sus iris relucieron en la habitación, igual que los del chico.
Un grito llenó el ambiente; el hombre volvía a tener la mano levantada, frente a un chico que se acurrucaba en un rincón, abrazado a una niña pequeña.
-¡Dámela insensato!
-No quiero, le harás daño.
Lo cogió del brazo y el niño gritó muy alto, un grito desgarrador e inhumano hasta cierto punto; su padre le retorció aún más el brazo con violencia; lágrimas de dolor recorrían el rostro del pequeño, que seguía aferrado a Riana con seguridad. El hombre se acercó al oído del chico y le susurró con una voz amenazadora y terrible:
-O me la das ahora mismo, o no sales de aquí.
El chico lo miró con miedo y se apartó de él, su padre lo soltó, esperando a que sus palabras hicieran efecto y le diera a la niña; pero para su sorpresa, el pequeño lo miró con odio y gritó:
-¡No le harás daño a Riana!
El hombre rugió furioso y cerró el puño; el pequeño cerró los ojos, esperando un impacto que nunca llegó. Allí estaba su madre, con lágrimas en los ojos, sujetando a su perplejo padre.
-¡Ya has dado bastantes problemas zorra!
Un puñetazo la lanzó al otro lado de la habitación, oyó el sonido de sus dientes al partirse y notó que un hilillo de sangre le brotaba del labio inferior; aquel golpe la había dejado aturdida, no consiguió moverse.
El niño no se lo pensó dos veces, corrió fuera de la habitación, sujetando a Riana, que ahora sollozaba a pleno pulmón; visualizó la puerta, la libertad, y descorrió el pestillo. Oyó pasos que corrían hacia él, sabía que lo alcanzaría, pero tenía que intentarlo.
-¡No escaparás enano!- gritó su padre, encolerizado.
El pequeño abrió la puerta y cruzó la entrada a toda velocidad. Su padre lo siguió también, pero algo lo hizo tropezar y caer al suelo; su mujer lo miraba, con la boca destrozada, aferrando uno de sus tobillos.
-No toques a mis hijos- consiguió decir, triunfante de pronto.
-¡Te mataré zorra!
Se echó sobre la mujer y comenzó a darle puñetazos, ella sabía que la mataría, pero consiguió no gritar de dolor; los sollozos de Riana se escuchaban cada vez más lejos, tenía que confiar y resistir un poco más. El hombre agarró una botella y la estrelló contra la cabeza de su mujer, que dejó de moverse; el último pensamiento de ella, antes de morir, fue para sus hijos, deseó con todas sus fuerzas que estuvieran bien.
El pequeño seguía corriendo, como si el mismo diablo le persiguiera, la luna guiaba sus pasos…
-Miquel, despierta Miquel.
El muchacho abrió los ojos, algo confuso, su pelo seguía siendo negro como el carbón y sus ojos eran aún muy inquietantes; pero el chico que estaba en la cama, no se parecía en nada al chiquillo asustado de cinco años que corría en plena noche, con su hermana en brazos. Ahora era un adolescente, con mucha fuerza y alegría, que tenía una vida de verdad.
Miquel miró a su hermana pequeña, ella pronto cumpliría once años y había crecido en aquel orfanato, lejos de las garras de su padre.
Ella nunca había oído las palabras envenenadas de odio que se gritaban papá y mamá; tampoco recordaba los moratones que llenaban el cuerpo de su hermano y su madre; no guardaba en sus recuerdos los ojos de mamá, llenos de tristeza; ni siquiera había pensado en el terror que se apoderaba de su familia cuando su padre volvía a casa.
-¿Estas bien hermanito?- insistió ella, preocupada.
-Que sí, pesada, sólo era una pesadilla.
-Debió ser una pesadilla terrible, parecías angustiado, no conseguí despertarte.
-Sí, era una pesadilla terrible, la verdad.
El chico se quedó callado y le acarició el rubio pelo lacio a su hermana, ella le sonrió con cariño.
-Venga enana, vamos a dormir. Vuelve a la cama.
-Buenas noches hermanito- se inclinó hacia él y le dio un beso.
-Buenas noches.
La luna se veía a través de la ventana y uno de sus rayos llegaba hasta la cama de Miquel; el chico tenía los ojos abiertos y unas lágrimas le cayeron por las mejillas.
<<Buenas noches mamá, siento no haberte podido salvar a ti también>> pensó, antes de dormirse.
Regalo Maeva

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tsuky
Slytherin


Registrado: 28 Jun 2006 Mensajes: 425 Promedio por Día: 0.46
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leona214

Registrado: 24 Oct 2008 Mensajes: 13 Promedio por Día: 0.17
Ubicación: en un lugar desconocido para los humanos


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Publicado: 27 Oct 2008 11:44 am
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GRACIAS A MI HERMANA QUE LE REGALARON EL LIBRO DE EL PRISIONERO DE AZKABAN Y NI SIQUIERA LO TOCO ASI QUE ACABE LEIENDOLO YO _________________
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Salvegar
Gryffindor


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Publicado: 27 Oct 2008 11:50 am
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Pobrecita Tsuky... ¿tus primas juegan a la ruleta?...
| tsuky escribió: | Sus primas rulean |
_________________
APUNTENSE A INVESTIGACIONES MÁGICAS CIM
http://www.forosharrypotter.com/t5094/actividad-interactiva-de-la-cim/
DESPIERTA
DESPIERTA...
La pequeña Suss se agitaba nerviosa en su cuna; los gritos, aunque amortiguados, se oían claramente en el lado de la puerta en el que se encontraba. Un haz de luz se proyectó en la estancia, la luz de la luna bañaba el rostro se Suss y el chico se quedó pasmado, mirando a la niña en el umbral de la puerta; estaba aterrado y tiritaba ligeramente, sus piececitos descalzos se desplazaron por la habitación y llegaron hasta el borde de la cuna. Alargó los brazos y cogió a la pequeña, que se tranquilizó al sentir el abrazo del niño; el chico le protegía la cabecita con la mano y la mecía suavemente, sentado en un rincón, sobre las frías baldosas de mármol.
Los gritos se sucedían, pero el chico no reaccionaba ante ellos, seguía meciendo a la pequeña, ya dormida, e ignoraba el dolor que se había apoderado de sus pies, entumecidos por el frío. El muchacho apenas contaba con cinco años; el pelo negro le caía sobre los ojos, unos ojos extrañamente brillantes en la oscura habitación; parecía que veía con total claridad y sólo la luna filtraba rayos de luz donde ellos se encontraban. Clavó en la niña aquellos ojos tan inquietantes y le acarició el lacio pelo rubio, tan distinto del suyo.
-Pobrecita-susurró el niño, para sí mismo.- No te dejaban dormir.
Sí, pobre Suss. Vivían en una casa, aparentemente normal, en las afueras de Barcelona; rodeados de vegetación y paz, una paz que era violentamente apartada, para dar paso al terror y la desolación de una familia sumergida en la tristeza y los gritos. Una paz falsa, que sólo reinaba en ocasiones muy peculiares.
La falsedad inundaba la vida de aquella familia, todo debía estar siempre bien; incluso el nombre de la pequeña era falso, no se llamaba Suss, se llamaba Susana, pero tampoco esto es cierto; el cruel hombre que se hacía llamar su padre, se había empeñado en llamar Susana a la niña, cuyo verdadero nombre era Riana; un nombre ridículo, según su padre, puesto por su estúpida madre. Su padre opinaba que aquella niña tenía que llamarse como su difunta abuela y obligaba a todos a llamarla Susana, el chico odiaba aquel nombre, por eso cuando su padre estaba presente la llamaba Suss.
-¡Zorra! No sirves ni para planchar camisas. ¡He tenido que ir al trabajo con esta mierda de camisa! ¿Crees que me merezco esto, con todo lo que hago por vosotros? Dime, ¿lo crees? ¡Contesta de una vez joder!
La mujer se encogió sobre sí misma, pero inevitablemente, la manaza de su marido surcó el aire y se estrelló en su mejilla; lloró sin consuelo, pero totalmente en silencio. Su marido había salido de la habitación hecho una furia y ella estaba desecha, sin fuerzas para impedírselo.
El pequeño se acurrucó temblando en el rincón, abrazó a Riana más fuerte y la niña abrió los ojos; sus iris relucieron en la habitación, igual que los del chico.
Un grito llenó el ambiente; el hombre volvía a tener la mano levantada, frente a un chico que se acurrucaba en un rincón, abrazado a una niña pequeña.
-¡Dámela insensato!
-No quiero, le harás daño.
Lo cogió del brazo y el niño gritó muy alto, un grito desgarrador e inhumano hasta cierto punto; su padre le retorció aún más el brazo con violencia; lágrimas de dolor recorrían el rostro del pequeño, que seguía aferrado a Riana con seguridad. El hombre se acercó al oído del chico y le susurró con una voz amenazadora y terrible:
-O me la das ahora mismo, o no sales de aquí.
El chico lo miró con miedo y se apartó de él, su padre lo soltó, esperando a que sus palabras hicieran efecto y le diera a la niña; pero para su sorpresa, el pequeño lo miró con odio y gritó:
-¡No le harás daño a Riana!
El hombre rugió furioso y cerró el puño; el pequeño cerró los ojos, esperando un impacto que nunca llegó. Allí estaba su madre, con lágrimas en los ojos, sujetando a su perplejo padre.
-¡Ya has dado bastantes problemas zorra!
Un puñetazo la lanzó al otro lado de la habitación, oyó el sonido de sus dientes al partirse y notó que un hilillo de sangre le brotaba del labio inferior; aquel golpe la había dejado aturdida, no consiguió moverse.
El niño no se lo pensó dos veces, corrió fuera de la habitación, sujetando a Riana, que ahora sollozaba a pleno pulmón; visualizó la puerta, la libertad, y descorrió el pestillo. Oyó pasos que corrían hacia él, sabía que lo alcanzaría, pero tenía que intentarlo.
-¡No escaparás enano!- gritó su padre, encolerizado.
El pequeño abrió la puerta y cruzó la entrada a toda velocidad. Su padre lo siguió también, pero algo lo hizo tropezar y caer al suelo; su mujer lo miraba, con la boca destrozada, aferrando uno de sus tobillos.
-No toques a mis hijos- consiguió decir, triunfante de pronto.
-¡Te mataré zorra!
Se echó sobre la mujer y comenzó a darle puñetazos, ella sabía que la mataría, pero consiguió no gritar de dolor; los sollozos de Riana se escuchaban cada vez más lejos, tenía que confiar y resistir un poco más. El hombre agarró una botella y la estrelló contra la cabeza de su mujer, que dejó de moverse; el último pensamiento de ella, antes de morir, fue para sus hijos, deseó con todas sus fuerzas que estuvieran bien.
El pequeño seguía corriendo, como si el mismo diablo le persiguiera, la luna guiaba sus pasos…
-Miquel, despierta Miquel.
El muchacho abrió los ojos, algo confuso, su pelo seguía siendo negro como el carbón y sus ojos eran aún muy inquietantes; pero el chico que estaba en la cama, no se parecía en nada al chiquillo asustado de cinco años que corría en plena noche, con su hermana en brazos. Ahora era un adolescente, con mucha fuerza y alegría, que tenía una vida de verdad.
Miquel miró a su hermana pequeña, ella pronto cumpliría once años y había crecido en aquel orfanato, lejos de las garras de su padre.
Ella nunca había oído las palabras envenenadas de odio que se gritaban papá y mamá; tampoco recordaba los moratones que llenaban el cuerpo de su hermano y su madre; no guardaba en sus recuerdos los ojos de mamá, llenos de tristeza; ni siquiera había pensado en el terror que se apoderaba de su familia cuando su padre volvía a casa.
-¿Estas bien hermanito?- insistió ella, preocupada.
-Que sí, pesada, sólo era una pesadilla.
-Debió ser una pesadilla terrible, parecías angustiado, no conseguí despertarte.
-Sí, era una pe | | | | |