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Sami, Camille felíz cumpleaños!
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_DoinG_
Gryffindor


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Publicado: 01 Mar 2007 6:31 pm Título del mensaje: • Un regalo de Cumpleaños Perfecto • [Song-Fic]
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• Un regalo de Cumpleaños Perfecto •
[Porque todos tenemos un cumpleaños que celebrar, esta vez le ha tocado el turno a Remus Lupin]
[Dedicado a la persona más perfecta: Ana Lovegood, tu Fans número uno por siempre]
Alerta de Spoiler
- Debes de haberte leido el 6to libro para poder leer-
Song-Fic de 4.430 palabras
Lupin&Tonks
Estado: Terminado
Disclaimer: Los personajes presentes en este Song-Fic son propiedad exclusiva de J.K.R. El uso de ellos es de mera entretención y no tiene ningún fin comercial y/o publicitario. Lo mismo sucede con la letra de la canción utilizada: Olvidarte de Ricardo Arjona, y si fue modificada, solo se hizo para no quitarle coherencia a la historia.
*+* Japiera Weasley Lovegood *+* _________________
* Fan NuM. Uno de Ana LoveGooD *
Jap Lov Rem / Jap Lov Lup&Ton
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lorenina
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Publicado: 01 Mar 2007 6:33 pm
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_DoinG_
Gryffindor


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Publicado: 01 Mar 2007 6:35 pm Título del mensaje: • Un regalo de Cumpleaños Perfecto • [Song-Fic]
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• Un regalo de Cumpleaños Perfecto •
Resultaba exasperante pero curioso lo difícil que puede ser encontrar un regalo de cumpleaños. Tonks lo sabía muy bien: llevaba ya tres días recorriendo negocios tanto de magos como muggles y hojeando catálogos de supertiendas pero aún no hallaba un buen presente para Remus. Estaba al corriente que con lo conformista que era, él se alegraría mucho encontrarse con una barra de chocolate envuelta en papel de diario y ataviada con una mustia cinta en el día de su cumpleaños, pero bien sabía la chica que el peso sentimental no sería el mismo. Quería un regalo único, diferente e impactador: uno que le acariciara el alma al aún joven licántropo y modificara así la ridícula postura que enmarcaba el deslucido cabello de la chica; un regalo que lo hiciera meditar, lo dejase anonado y esculpiese en su cerebro que no había mejor regalo que aquel que le había llegado.
Exhausta, Tonks se dejó caer en una banca de madera a las afueras de un local muggles de reliquias antiguas. El engañoso tiempo primaveral irradiaba un tibio aire que aún así no lograba calentar su cuerpo por completo. Estaba agotada, y por alguna extraña razón, solo quería echarse a llorar. Era imposible que ningún regalo representase a la perfección la catástrofe física y psicológica en la que se encontraba. Se inclinó ocultando su rostro entre sus manos para que los muggles no se percatasen de su debilidad al mismo tiempo que su paciencia se derrumbaba a sus pies. En realidad estaba siendo egoísta, lo que realmente pretendía era comprarle un regalo que le obsequiase a ella el amor que nunca le fue cedido. Eso era lo único que hacía: pensar en si misma, pero ya estaba cansada de que el reflejo del espejo le mostrase siempre a una muchacha paliducha, desganada, de nariz en exceso puntiaguda y cabello semejante al de una rata de alcantarilla.
Aún no oscurecía, y con algo de suerte, tal vez alcanzaría a volver a Hosmeade y comprar en Honeydunkes una caja del más delicioso chocolate que había en la tienda, porque mañana era el cumpleaños de Remus. Se limpió entonces las pocas lágrimas que empapaban su rostro con cierto disimulo y se disponía a marcharse cuando una criatura pasó corriendo entre sus piernas. Tonks se refregó los ojos con potencia y miró a la calzada buscando frenéticamente al animal que la había rozado. Tal vez las lágrimas le habían cegado, era imposible, aún en el mundo de los magos aquello no tenía lógica. Pero se dio cuenta que no había visto mal. Luego de buscar con la mirada, halló al otro lado de la vereda a un gato de color verde brillante sobre un tarro de basura. ¡Era verde! No podía creerlo. El gato, que seguramente husmeaba en busca de comida, saltó nuevamente a la calzada y torció por un callejón en pos de más basureros. Tonks no se lo pensó dos veces y corrió tras el gato: Acababa de ocurrírsele la mejor idea que en su vida había tenido.
El diez de Marzo amaneció despejado y sin nubes para toda Inglaterra, pero una brisa helada congelaba el ambiente. Remus, más delgado, canoso y ojeroso que nunca, se mostraba indiferente a la burla que el sol le hacía. Sabía perfectamente que día era, pero eso no podía evitar que la mirada deprimida de su rostro de modificase al menos un centímetro para parecerse más a una sonrisa que a un rasguño sentimental. Cumplir treinta y siete años no le subía la moral, y en realidad, ya nada lo hacía. Aquella actitud de lejanía se hacía presente en su rostro no era otra cosa que la resulta de la distancia de su humanidad al encontrarse encerrado en la misión en la que se le había encomendado. A su pesar, cada día se volvía más licántropo de lo que solía ser antes, molesto consigo mismo al dejarse derrotar por su propia resignación y hundirse en quejas que con solo proponérselo habría sido capaz de revertir.
Caminó arrastrando los pasos hacia la cocina para prepararse el desayuno, resignado a continuar el día como uno normal. Había perdido ya las esperanzas de obtener algún contacto con la sociedad, aún en su cumpleaños. No se había molestado en engañarse al plantearse excusas sobre el por qué era impensable que recibiese siquiera una carta de felicitación, y menos el recibir un obsequio, la sola idea era demasiado ridícula como para tragársela. La cocina, al igual que el resto de las habitaciones de la casa en la que vivía Remus –La cual se encontraba en una ciudadela oculta donde solo habitaban hombres lobos– era una estancia pequeña y de madera, con las cortinas raídas, muebles rebosante en polvo debido a que su dueño había abandonado ya la labor de limpiar la casa y muy helada como para permitir que alguien se pasease por ella sin un swetter, y menos si este era de lana gruesa y suavecita, de color chocolate: Un agradable regalo que la señora Weasley le había dado para navidad.
Se preparó un café sin azúcar, pues ya no era capaz de apreciar el dulzor de la vida y se sentó sobre una destartalada e irregular mesa mientras sorbía de su bebida con la mirada perdida que atravesaba las sucias ventanas, por las cuales se filtraban rayos de sol que iluminaban el ceniciento cabello del hombre. El reloj indicaba pocos minutos para el mediodía. Se extrañó de lo temprano que se había levantado aquel día: normalmente se despertaba a eso de las tres de la tarde; se había debilitado mucho en el último tiempo al no tomar la poción matalobos todos los meses, al encontrarse en escasez de comida por rehusarse a cazar humanos como los demás hombres lobos de su comunidad y desvelarse todas las noches con el recuerdo que más lo convencía de que era un desalmado y un tonto… Tonks era la única persona que había omitido el hecho de que era un hombre loco y lo aceptaba tal cual era, y él la había destrozado con su autocompasión.
Aún con el café entre sus manos y asido a su swetter, distinguió en el horizonte a cinco lechuzas castañas volando directo a su ventana. ¿Acaso llegaban con cartas? ¿Tarjetas de felicitaciones por su cumpleaños? Saltó ágilmente de la mesa sin soltar el tazón de su mano, y con la zurda, que estaba libre, dio un inseguro tirón para abrir la ventana y darles paso a las lechuzas. Estas se posaron majestuosamente en el alféizar, colocándose en fila. Cada una llevaba una carta atada a la pata derecha, y una cadena atada al cuello con un número del uno al cinco. Asombrado, Remus se acercó a la lechuza que llevaba el numero uno y le desató la carta que esta tenía. Apenas tomó el sobre su corazón le dio un vuelco, adentro de ella había realmente una carta, pero ¿de quien podría ser? Dejó el café en la mesa y apoyándose con una mano en la pared mientras abría la carta con la otra, comenzó a leer casi emocionado.
Era la carta más fugaz y corta que jamás había recibido. Los trazos color morado solo podían pertenecer a una persona, conocía muy bien aquella letra.
Olvidarte es más difícil que encontrarse al sol de noche
Entender a los políticos o comprar la torre Eiffel
Más difícil que fumarse un habano en Amarica Airlines
Más difícil que una flor plástica marchita.
Olvidarte es más difícil que una flaca en un botero
Que encontrarse a un gato verde o a un cubano sin sabor
Más difícil que Lady Dy en la estación del metro
Olvidarte, es tan difícil olvidarte.
Era la letra de una canción latina, lo sabía, pero pudo entenderla a la perfección. Un escalofrío recorrió su cuerpo, sintiéndose más miserable de lo que se había sentido antes de comenzar el día. Solo Tonks podía hacerle algo así para el día de su cumpleaños. Lo peor de todo era que él, al igual que Tonks, consideraba demasiado difícil olvidarla, y mucho más difícil reconocerlo; Aún más difícil siquiera que encontrarse con un gato verde, lo cual desafiaba a las leyes de la naturaleza al cien por ciento. Sí, olvidarla… era tan difícil olvidarla.
Tomó a la lechuza número dos, y desató la carta. Esta también era muy breve, y los trazos morados no habían cambiado.
Olvidarte, olvidarte
Es querer jalarle el pelo a una botella
Es creer que la memoria es un cassette para borrar,
Olvidarte es recordar que es imposible.
Olvidarte, olvidarte
Incluso es más difícil que aguantarte
Si extraño tu neurosis y tus celos sin razón
Como no extrañar tu cuerpo en mi colchón.
Era la continuación de la canción. Jamás se había tomado el tiempo para meditar la letra, ni siquiera le había prestado la mayor importancia, pero ahora estaba seguro al menos de una cosa: esa canción había sido escrita para Tonks y para él mismo. Aunque se había propuesto borrar a Tonks de su memoria, era imposible cuando recordaba el por qué estaba tan delgado y delicado. De seguro, la chica sentiría lo mismo. La metamorfomaga ya le había dicho que no le gustaba andar con el pelo castaño desvaído, que no le importaban los trece años de diferencia que los distanciaban, que le daba un carajo andar con un hombre más pobre que ella y menos aún si era al único hombre que amaba con locura, a pesar de que fuese un hombre loco.
Remus siempre pensaba qué hubiera pasado con su vida si no hubiese negado a Tonks, pero luego se reprimía al plantearse pensamientos tan absurdos. La bruja siempre había sido de ideas descabelladas y no actuaba ni hablaba a conciencia. Lo más seguro era que si formalizaba algo entre ambos, luego lo lamentarían. Lo que más temía en la vida era sufrir otra decepción, además de dañar a Tonks, eso jamás se lo perdonaría, por ello, aunque le doliera en el alma, debía de olvidarla. Sabía que era imposible, pero al menos tenía fingir que lo había logrado.
La lechuza número tres extendió su pata para que Remus desenrollara la carta que esta traía. Esta estaba con la tinta corrida y la letra era menos legible que en las dos anteriores. Indudablemente Tonks había llorado al escribirla.
Olvidarte es un encanto que no lo deseo tanto
Porque canto es que lo intento que me acuerdo mucho más
Y he empezado a sospechar que mi afán de no acordarme
Es lo que me tiene enferma* de recuerdos.
Olvidarte es lo que espero, para reanudar mi vida
Trato de seguir soñando con la posibilidad
De que un día por error o por la curiosidad
Le preguntes a un amigo por mis huesos.
Las manos de Remus temblaron y a tientas, retrocedió hasta la mesa y se sentó en ella, sin quitarle los ojos de encima a la carta. Un sentimiento de angustia se apoderó de su garganta. Tonks había sido muy hábil… “Porque canto es que lo intento que me acuerdo mucho más” sí, el también lo recordaba muy bien. El único recuerdo que poseía de él y Tonks juntos no quería borrarse de su memoria.
Molly lo había invitado a cenar a la Madriguera unos días después de que fueran a darle su apoyo a Harry en la estación nueve y tres cuartos. Era una noche insólitamente helada, por ello se colocó todos los swetter que conocía que tenía. Lo que no sabía era que él no era el único invitado.
___________________
* En la letra original de la canción, la palabra correcta es enfermo y no enferma, pero se cambió el género para darle una mayor coherencia con la historia.
Continua
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Ultima edición por _DoinG_ el 01 Mar 2007 6:42 pm; editado 2 veces
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Publicado: 01 Mar 2007 6:39 pm Título del mensaje: • Un regalo de Cumpleaños Perfecto • [Song-Fic]
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–Hola Tonks –dijo sorprendido al ver que la bruja le abría la puerta. Ese día llevaba el pelo azul marino hasta los hombros sonriendo encantada al ver a Remus plantado en el umbral. Y aunque sonreía abiertamente notó que un matiz de tristeza se asomaba por sus oscuros ojos. Al igual que él, aún no superaba lo de Sirius.
–¡Remus! No sabía que venías. Cuanto me alegro que estés aquí, yo ya no la soportaba un minuto más sin una grata compañía.
En un principio Remus encontró extraño que Tonks se dirigiera de esa manera a la Señora Weasley. Tal vez no fuese la persona más amable del planeta, pero era muy hospilataria y en el fondo una buena persona, pero luego entendió que la chica se refería a otra persona de la cual solo había oído hablar: Fleur Delacour, la novia de Bill. La Señora Weasley tampoco le tenía mucha simpatía y trataba de ignorarla lo mayor posible mientras Ginny reía por la bajo con malicia cada vez que Fleur trataba de pronunciar correctamente las “erres”. Parecía que el único a gusto con la presencia de Fleur era el propio Bill, que solo tenía ojos para ella. Cuando comenzaron con el postre Remus no concebía como a Bill podía gustarle alguien tan arribista como ella, que no paraba de lanzar indirectas sobre los desgastados Swetters del licántropo.
–¡Pues fíjate que los chalecos que usa Remus los encuentro muy bonitos! –Saltó de repente Tonks volcando el jugo de piña en la mesa. El aludido sacó ágilmente su varita y arregló el desastre de Tonks, pero no pudo evitar que unas manchas rosadas tiñeran débilmente sus pálidas mejillas. Tonks se paró con brusquedad de la mesa, murmuró un “Gracias Molly” y salió al patio de los Weasley. Remus también agradeció a Molly la velada y con mucho más tacto que la chica, también abandonó la casa.
Tonks estaba apoyada en la valla que limitaba los terrenos de los Weasley mirando al cielo. Remus se dirigió hacia allá y también se apoyó en la cerca de madera desgreñada. Esperó que Tonks le hablara, lo cual pasaría tarde o temprano pues ella se incomodaba rápidamente con los silencios, y no se equivocaba.
–Lamento lo de hace un rato –masculló Tonks volviéndose para mirarlo– Pero estaba enferma que esa ridícula criticase cuanto había a su alcance.
–¿En serio encuentras lindos mis chalecos? Siempre me dio la impresión que los encontrabas muy anticuados –Comentó Lupin también volteándose para verla. Con la luz de la luna iluminándole el rostro, Tonks se veía muy hermosa. La verdad que esa deducción la había sacado hace bastante tiempo y se castigaba por ello. En ese momento aún no se atrevía a aceptar sus sentimientos por nadie y menos con la sobrina de uno de sus mejores amigos. Que bajo había caído, ¿Acaso la licantropía no le había enseñado nada en casi treinta y cinco años?
Tonks se sonrió a modo de disculpa y palpó con sus alargadas manos el chaleco del hombre. Ahora fue ella quien empezó a sonrojarse de una forma demasiado delicada como para poder ser real. Y tan sutilmente como su sonrojo, sus manos treparon como araña sus prendas hasta toparse con el desnudo cuello del hombre. Estaban frente a frente. Un cosquilleo recorrió a Remus, pero todo sucedió tan rápido que no tuvo oportunidad para reaccionar; Tonks se paró en puntillas y lo besó finamente.
Miel, estaba seguro que fue tan dulce como la miel. Y aunque fue un instante muy corto, aquella sensación palpitante ansiaba volver a repetirse.
«Pero los hombres que son licántropos, son maduros, reservados y pobres no deben meterse con jovencitas, Remus» Lo amenazó una voz queda. Y volviendo a la realidad, alejó a la chica de él cuanto pudo de un modo algo torpe y retrocedió unos cuentos pasos.
–Lo siento, jamás debí… yo… –Se excusó Remus sin atreverse a mirar a Tonks– ¿Por qué lo hiciste?
–Creía que la gente cuando se quería se besaba. No sé que significan para ti –Dijo la chica con una voz de falsa tranquilidad. Se cruzó de brazos algo incómoda, pero siguió hablando un poco más segura que antes–. Simplemente te amo Remus, no solo encuentro lindos tus swetters, sino que también todo lo tuyo, ya sabes. Y no sé que haz hecho, pero no creí enamorarme de esta manera ¡No te miento!
–Tonks, se razonable, no sabes lo que dices –Dijo Remus impidiendo el impulso de abalanzarse sobre la chica–. ¿Sabes lo que dices? ¡Una locura! Yo soy… pobre y viejo y… bueno, no te quieres involucrar con un hombre lobo ¿no?
Pero al parecer Tonks no pensaba lo mismo.
–¿Acaso dices que un hombre lobo no tiene derecho a amar y por eso me rehuelles?
Tonks echaba chispas pero Remus aún no se atrevía a mirarla. Su vista se había fijado en los cordones de sus viejos zapatos. La chica había metido el dedo en la llaga, aquella pregunta siempre lo había acosado por las noches. Se sentía culpable por haberse dejado abandonar a sus sentimientos y darse cuenta tardamente que necesitaba una frágil mano tomada a la suya, definitivamente él no era alguien normal. Vivía como un hombre, claro, pero eso no podía apaciguar al monstruo que se ocultaba en su seudo vida de Lunático. No podía permitirse más lujos de alguien común y corriente ¡Merlín! ¿Acaso quería atar a Tonks también a una vida miserable como la de él?
Ella volvió a reanudar la conversación con un tono innecesariamente agresivo.
–No creas que soy tonta, desde hace tiempo noto que me miras diferente. Al menos admite que te atraigo.
–No voy a admitir nada –objetó Remus levantando levemente la mirada. –Pero al menos piensa que hay muchos hombres en la tierra que te deben de encontrar hermosa. No trates de conquistar a un capricho demasiado peligroso para ti.
–¿Un capricho demasiado peligroso para mí? ¿Un capricho? ¿Es que no me has oído? Lo lamento Remus, pero creo que no te entiendo.
–Pienso que está claro –rebatió este sin acobardarse. Aún no comprendía bien por qué no dejaba su payasada a un lado y se admitía, pero las palabras parecían saber más de lo que él creía– Mira Tonks, imagínate como me sentiría si tú… si te hago algún daño sin pensarlo, no puedo permitírmelo, jamás podría vivir con aquel estigma…
–Y yo no podría vivir sin ti –Lo interrumpió Tonks con una lágrima deslizándose por su nariz– No vas a decirme que no me quieres… Ha pasado casi un año de que te conozco, doce meses que te deseo, millones de sueños en los que tu imagen me desvela, ¿Acaso tú no sientes lo mismo?
–Ese no es el punto.
Pero Tonks parecía apunto de derrumbarse
– ¿Qué no es el punto? No sabía hasta que punto te había destrozado la licantropía. Remus, no es pecado tener sentimientos
–Lo lamento yo… –Pero incapaz de poder explicarse, y como una forma de más de escapar a sus problemas, con un gélidos Adiós se despidió.
Tonks jamás volvió a ser la misma a partir de esa noche.
Y Remus tampoco. Y aunque supo disimularlo mucho mejor que la chica, su físico también cambió, pero muchos se lo atribuyeron a la falta de comida y la misión en la que se encontraba. Él también quería olvidarla y borrar aquella noche de su memoria para poder reanudar su vida.
Salió de su ensimismamiento para desatar la carta de la cuarta lechuza. Esta erizó un poco las plumas y ululó con dignidad. La carta no estaba mojada con lágrimas y el pulso de la letra había vuelto a adoptar su consistencia habitual.
Olvidarte, olvidarte
Es querer jalarle el pelo a una botella
Es creer que la memoria es un cassette para borrar,
Olvidarte es recordar que es imposible.
Olvidarte, olvidarte
Incluso es más difícil que aguantarte
Si extraño tu neurosis y tus celos sin razón
Cómo no extrañar tu cuerpo en mi colchón.
Si Tonks prefería aguantar su difícil humor a olvidarlo pues lo tenía claro, pero no recordaba jamás haberse mostrado celoso.. Salvo, claro está, cada vez que comenzaba a hablar de las películas que había protagonizado Ralph Fiennes y Hugh Grant, pero eso no venía al caso.
Desató la carta de la última lechuza. Esta era muy breve. Decía:
Remus, estoy afuera
No me hagas esperar.
Apenas terminado de leer, un silbato proveniente del exterior hizo retumbar a casi toda la casa, y como en vela de esa señal, las lechuzas abandonar el alféizar y salieron volando al cielo. Remus se apoyó en la ventana y miró a ambos lados de la calle. Allí estaba Tonks, con su mustio cabello batiéndole en la espalda al final del polvoriento camino, donde empezaba una bifurcación. Sin pensárselo dos veces y obedeciendo impulsos desconocidos, cruzó la cocina de una zancada y abrió la puerta de un tirón dirigiéndose rápidamente a la puerta de salida. Pero cuando llegó a la calle, Tonks había desaparecido. Una sensación de angustia se apoderó del licántropo
Corrió hace donde unos momentos se suponía que había visto a Tonks. Tal vez solo había imaginado verla. Con el encierro y la clandestinidad se hallaba tan desesperado con tener algún contacto con una persona normal que no era de extrañar el haber tenido alucinaciones. Aún así, corrió hacia la bifurcación, deseando con todo el corazón que Tonks se rematerializace por allí, solo para verla una vez más, hacia mucho tiempo que no se topaban…
Pero en la bifurcación no se volvió a aparecer nadie. Tal vez Tonks se había ido caminando por alguno de los dos caminos, o simplemente desapareció porque consideró que Remus se demoraba mucho en llegar. Bajó la mirada algo decepcionado. Fue entonces que alguien se le acercó por detrás y le tapó los ojos con unas manos alargadas, que meses atrás habían acariciado con ternura su cuello.
La respiración de Tonks chocaba en su cuerpo. Remus se quedó quieto sin saber que pensar. La joven en cambio, lo tenía todo planeado. Con sutileza y sin mover sus manos de los ojos del hombre, la metamorfomaga posó sus labios en la oreja izquierda de Remus y con una voz seca y tensa, como apunto de quebrarse, le paladeó al oído la canción que le había regalado.
–Es querer jalarle el pelo a una botella/ Es creer que la memoria es un cassette para borrar/ Olvidarte es recordar que es imposible. / Olvidarte, olvidarte/ Incluso es más difícil que aguantarte/ Si extraño tu neurosis y tus celos sin razón/ Cómo no extrañar tu cuerpo en mi colchón.
Muy lentamente, Tonks alejó sus labios de Remus y sus manos abandonaron tan tiernamente como habían llegado al rostro de su amado. Tonks se plantó ante el mago y con el labio temblándole y haciendo un titánico esfuerzo por aguantar el llanto lo miró a los ojos.
–No puedes estar aquí, es muy peligroso –Dijo llanamente Remus pero Tonks lo atajó.
–Un amor platónico no es más que una obsesión, que deseas en tus sueños pero sabes que no se realizarán jamás. Fiennes y Grant son eso, un amor falso que la fama popularizó, y solo puedo vivirlo cuando salgo corriendo al cine al saber que han estrenado una nueva película –Remus formuló una mueca–. Pero esto que siento ahora –Y tonks se llevó una mano al corazón mientras la voz se le quebraba– Difícilmente es una ilusión. Llevo siete meses tratándote de hacerte entender que me importa un cuerno todos los inconvenientes que me planteas, y veo como solo te destruye tu negación porque en el fondo luchas por la misma causa que yo, porque sé que no es una causa perdida, y aunque jamás me lo hayas dicho, hay un Remus oculto bajo esa máscara donde ocultas tus sentimientos que me ama con frenesí.
»Pero si lo que realmente quieres es que yo me olvide de ti [Y no creas que no lo he intentado], eso es lo que haré, aunque me lleve a la muerte y me cueste todos mis sueños e ideales. Solo quiero lo mejor para ti. Te amo, en serio que te amo.
Dicho esto, con un movimiento de su varita, una caja circular verde pistacho cerrada con una cinta de un verde un poco más oscuro se materializó de la nada y quedó suspendida en el aire entre ambos. Tonks se guardó la varita en el cinto y con un ademán le entregó el regalo a Remus.
–No tenías por qué molestarte –Dijo Remus con su voz más monocorde. Las palabras de Tonks habían aplastado su moral, pero resolvió todo dilema ignorando que la había oído– Me hubiera bastado con una barra de chocolate envuelta en papel periódico y ataviado con una cinta cualquiera… De todas formas…
–Eso pensé yo también –Admitió la chica y un rubor contorneó sus hundidas mejillas– Pero creo que le hallarás sentido a este regalo. Vamos, ábrelo.
Remus cortó la cinta y abrió la caja. Dentro, un gato verde, el mismo que Tonks había visto, sonreía a su nuevo amo. Remus, asombrado ante aquel regalo miró con ojos de plato a Tonks. ¡Y él que había dicho que aquello desafiaba a las leyes de la naturaleza! Tendría que comerse sus palabras.
–Sí, un gato verde –Afirmó Tonks con seriedad– Estoy juntando dinero para comprarme la torre Eiffel, ya sabes, de esa forma olvidarte no va a ser tan difícil, aunque resulte imposible. Y aunque Olvidarte es un encanto que no deseo tanto, quiero reanudar mi vida Remus, sea aún con un hueco en el corazón o sin él. Feliz Cumpleaños.
Una lágrima calló al suelo y con un chasquido Tonks se esfumó.
Remus se quedó con el gato en brazos anonado por la salida tan abrupta de Tonks, además que aún no podía creer que la chica le regalase un gato verde ¡Verde! También a él le hubiese gustado llorar, pero en cambio, decidió volver a su casa arrastrando los pies, meditando en sus palabras. Al fin veía a alguien agradable en varios meses, pero para su encanto y desgracia a la vez, tenía que ser Tonks. Y justo cuando la chica se proponía realmente olvidarlo… ¿Realmente quería que eso pasase? El hombre sintió como sus ojos se humedecían, y enojado consigo mismo, entró a su casa a reflexionar un rato.
Tonks reapareció en Hosmeade, a pocas cuadras de la casa en donde se quedaba junto a los demás Auror que conformaban la guardia de Hogwarts. La verdad era que no tenía ninguna razón en renunciar a Remus, pero sabía que sus palabras habían producido el efecto que deseaba. Aunque él no se diera cuenta en aquel momento, más tarde entendería por qué el gato verde era el mejor regalo que podría recibir.
¿Y tú, sabes por que lo es? Fuese lo que fuese que se traía la bruja entre manos, Tonks reanudó el paso repasándose los labios con el dedo y preguntándose cuánto tiempo pasaría para que Remus recapacitara y volvieran entonces a rozar sus labios en un beso definitivo.
FIN
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Publicado: 01 Mar 2007 6:43 pm
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maldita, casi me hecho a llorar... ahhh, qué emotivo, japi!!! LO ADORO!!!! _________________
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_Japiera_
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Publicado: 01 Mar 2007 7:07 pm Título del mensaje:
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Doing! Gracias Lorenina ^_^ _________________
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Publicado: 01 Mar 2007 7:09 pm
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de nada...
(que bueno el consejo de este mes!!!! ) _________________
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simpibobi
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Publicado: 01 Mar 2007 11:31 pm
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Hay!!!!
q lindo!!!
q lindo!!!!!
Pero no ntendi x q seria l mejor regalo d cumpleaños
m xplicas xD
bess
y t quedo super bn  _________________
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_Japiera_
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Publicado: 02 Mar 2007 6:24 pm Título del mensaje:
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Gracias Lupita, Doing! Que bueno que te halla gustado. No me gustaría decir por qué es el regalo perfecto por si alguien más se pasa y planea descubrirlo por sí solo. La pista está al final de todas formas:
| Cita: | | Fuese lo que fuese que se traía la bruja entre manos, Tonks reanudó el paso repasándose los labios con el dedo y preguntándose cuánto tiempo pasaría para que Remus recapacitara y volvieran entonces a rozar sus labios en un beso definitivo |
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Ana Lovegood
Ravenclaw


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_Japiera_
Gryffindor


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Publicado: 02 Mar 2007 10:40 pm
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| Ana Lovegood escribió: | | Me hace tan felizzz que alguien tan superior como tu pueda dedicrale algo así tan perfecto a alguien como yo, jeje |
¿Se puede saber que significa eso? Ana, tú eres perfecta, te lo mereces todo, y no digas que soy superior porque A los ojos de Dios todos somos iguales A bue... no voy mucho a misa pero once años en colegios católicos han obrado frutos en esta "monja" [Nótese las comillas] que llevo dentro.
De todas formas, gracias por tu comentario, me hace ilusión *-* _________________
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siriusneverdie

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Publicado: 03 Mar 2007 5:03 am
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OH MY GOODNESSSSSSS!!!!!
JAPI, ESO FUE HERMOSO!!!!
Adoro tu song-fic, es precioso.
Aunque.... qué onda con el gato verde?  | | | | |