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Sospechoso!! digo FELICIDADES! la prefectil de , Anne (Francesca Rosi) ha vuelto a ganar la loteria!
Anda! pa´ que luego especuleis con la inocente Decki!!
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-nessy-
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Registrado: 12 Jun 2006 Mensajes: 1399 Promedio por Día: 1.57
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Publicado: 20 Jun 2006 10:33 am Título del mensaje: FF: H.P. Y LA FAMILIA WEASLY
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Hola a tod@s:
En nuestro amado forito abrí un fanfic con este mismo título. No eran muchos los lectores, o al menos los que posteaban, pero sí los sufiecientes como para que me anime a republicarlo todo.
Afortunadamente tenía pasado a word todo lo escrito, así que lo que haré es ir cortando y pegando, veré que cantidad admite cada post y dependiendo de eso así lo publicaré.
Espero que los que lo leían vuelvan a encontrarlo, y si hay algún lector nuevo, espero de corazón que les guste.
Por supuesto, estaré encantada de leer vuestras opiniones (por favor, las críticas constructivas). _________________
El conocimiento nos hace libres como el viento, tan sólo aprende por el placer de aprender y sentirás la brisa entre tus alas
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-nessy-
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Publicado: 20 Jun 2006 10:43 am
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CAPÍTULO 1: Comienza el final
Otra apacible tarde de julio llegaba a su fin.
Al menos media docena de pares de ojos se asomaban a las ventanas de Privet Drive, pero no lo hacían de forma abierta, para disfrutar del hermoso atardecer, sino que, escondidos tras las cortinas, observaban furtivamente el paso de dos jóvenes altos delgados, de aspecto desaliñado.
La desgracia se cernía sobre los habitantes de Privet Drive, o al menos ellos así lo creían. No sólo había aumentado considerablemente el número de asesinatos raros y desapariciones que aparecían cada día en los informativos, sino que además, el peligroso sobrino de los Dursley -nadie se explicaba como una familia tan correcta podía tener semejante pariente- había regresado de San Bruto acompañado por un amigo que los Dursley habían tenido que alojar en su casa -sabe Dios bajo que amenazas-.
"Si yo fuera Petunia estaría muerta de miedo"- comentó una tarde Yvonne, la amiga de la señora Dursley.
Por fin la puerta del número 4 se abrió y ambos chicos entraron. Para Harry Potter aún resultaba extraño poder contar con su mejor amigo, Ron Weasly, en Privet Drive. Y aunque no veía el momento, también le resultaba extraña la idea de que en unos pocos días sería mayor de edad y no volvería a pisar la casa donde creció nunca más.
- Ya estamos en casa -anunció Harry con desgana tras cerrar la puerta. Ron y él comenzaron a subir las escaleras que les llevarían a su dormitorio.
- ¡Alto ahí, jovencitos! -bramó tío Vernon- ¿acaso pensáis que podéis entrar y salir de mi casa cuando os venga en gana? -había cierto matiz de temor en su voz.
- Sí, está claro -respondió Ron desafiante, dejando a Harry con la palabra en la boca y una sonrisa en los labios.
- Me parece absolutamente desconsiderado vuestro comportamiento -la vena de tío Vernon comenzaba a hincharse- después de todo lo que mi familia a hecho por Harry, y además de manera desinteresada...-Ron se estaba poniendo rojo de ira, iba a replicar duramente cuando la mano de Harry lo detuvo- Sí -continuó tío Vernon- sois capaces de andar tranquilamente por ahí, asustando a los vecinos, vais a conseguir que tengamos que marcharnos de este barrio tan agradable.
- No hemos asustado a nadie -Harry no pudo contenerse
- Además están esos asesinos -tío Vernon no parecía decidido a parar hasta que no dijese todo lo que tenía en la cabeza- esa gente vuestra que se divierte asesinando a la gente normal y decente, a la gente como nosotros.
- ¿Hablas de todos nosotros? -Harry miraba con desprecio a su tío- o ¿tan sólo te refieres a los muggles?
- Tu tío tiene razón -tía Petunia acababa de aparecer tras la puerta de la cocina- pero no es necesario que subas tanto la voz, Vernon -y con su largo cuello señaló la calle- Mira Harry, si estás aquí es porque nuestro hogar te da protección, y tú no sólo no lo agradeces sino que además te comportas como si te diera igual que eso nos ponga en grave peligro.
- Vosotros no estáis más en peligro que el resto del mundo -contestó lacónicamente Harry
- Ah, ¿no? -tía Petunia frunció la nariz- te has parado a pensar en que ocurriría si esos morticomosellamen os atacan en uno de vuestros paseos..., yo te lo diré -un huesudo dedo apuntó a ambos chicos- que ese loco del ojo postizo y la familia de este chico nos culparían de ello, eso es, y luego vendrían a por nosotros, buscando venganza.
- Mi familia no os culparía de nada -Ron estaba realmente ofendido- además, no moriríamos sin luchar, sabemos defendernos
- Bien -cortó tía Petunia- y si en vez de atacaros vinieran aquí, a nuestra casa, cuando no estuvierais -a tía Petunia se le escaparon un par de lágrimas- qué creéis vosotros que ocurriría
- En primer lugar, eso no_va_a_ocurrir -Harry quería tranquilizar a su tía- los mortífagos jamás han atacado aquí, y no lo harán. Voldemort -Ron se encogió a su lado- sabe perfectamente que cuando cumpla los 17 habré perdido mi protección y entonces podría venir a por mí, pero nosotros ya nos habremos marchado, y él lo sabrá, tiene sus fuentes. Así que ya veis, no tenéis nada que temer
- Eso es lo que tú dices -tío Vernon parecía haber recuperado su valor- pero qué nos harían si vinieran, ¿eh?
- No tienes de qué preocuparte -Harry sintió cómo todo el temor que su tío le inspiraba de pequeño se había mutado en profundo desprecio- si vienen hurgarán en tu mente como en un libro abierto, es su especialidad -Vernon palideció- y cuando vean que me odias tanto como ellos, a lo mejor, te perdonan la vida.
Los cuatro mantuvieron sus miradas enfrentadas durante un largo instante. Tía Petunia, pálida y triste regresó a la cocina, Harry tiró de Ron hacia el dormitorio dejando a tío Vernon solo y rojo de ira.
- No sé cómo has podido vivir tantos años con estos muggles -dijo Ron dejándose caer en la cama de Harry- mira que ya me caían mal cuando no los conocía y me hablabas de ellos, pero ahora es que no los soporto.
- Te entiendo bien, aunque he notado algo extraño -Harry miraba la puerta de su dormitorio- tengo la sensación de que tía Petunia está realmente preocupada
- Ya la has oído -Ron se incorporó en la cama- tiene miedo de que mi familia la ataque si nos ocurre algo.
- Precisamente a eso me refería -Harry miró a los ojos de Ron- me ha dado la sensación de que realmente le preocupaba que nos ocurriese algo malo, y no sólo por las consecuencias para ella y los suyos
- Si tú lo dices -Ron se encogió de hombros- ¿te apetece una partida de ajedrez mágico antes de la cena?
- Por supuesto -Harry sacó el tablero y las piezas de su baúl, y lo apoyó en una silla entre ambos.
Media hora más tarde un alfil de Ron destruía una torre que Harry había dejado desprotegida
- Presiento que se acerca el "jaque mate" -Ron se frotó las manos
- Peón a alfil 4 -repuso Harry con una sonrisa burlona- yo no estaría tan seguro -su peón acababa de golpear ferozmente el último alfil de Ron
- Vaya, me ha costado años, pero creo que al fin he conseguido que aprendas algo -los dos se echaron a reír olvidando cualquier preocupación.
De repente, una enorme lechuza se coló por la ventana, traía una carta atada a su pata. La entregó a Harry, incordió a Hedwig para quitarle un poco de agua y se marchó por donde había venido.
-¡Qué bicho tan enorme! -Ron parecía realmente sorprendido- en mi vida había visto algo igual -un tímido ulular parecía darle la razón. Pig, la pequeña lechuza de Ron asomaba la cabeza tras las alas de Hedwig, que también parecía intimidada.
- Es extraño -comentó Harry- no trae remitente
- Entonces será mejor que la habrás con cuidado -le advirtió Ron- podría contener algún maleficio, o pus de bubotubérculo sin diluir, quien sabe
- ¡Hey, ¿desde cuándo te has vuelto tan precavido?!
- Desde que Hermione amenazó con despellejarme vivo si dejaba que te ocurriera algo
- Te entiendo, yo en tu lugar tampoco me arriesgaría -los dos amigos volvieron a reír- de acuerdo, lo abriré con sumo cuidado.
Afortunadamente la carta no contenía ninguna maldición o pócima, tan solo llevaba un breve mensaje:
"Están siendo unas vacaciones tristes pero estupendas. Os echo mucho de menos. Mañana iremos a conocer a Madame Sofía, es posible que tenga una buena oferta para mis padres. En cuanto regrese a casa os lo haré saber.
Con todo mi cariño H. J. G."
Harry pasó la carta a su amigo, éste la leyó y se quedó mirando atónito
- No entiendo nada. ¿Qué quiere decir?, y por qué firma H. J. G.
- Está claro, Hermione no quería que cualquiera que interceptara la carta pudiera descifrarla -Harry sonrió- y creo que lo ha conseguido -Ron le clavó la mirada- cuando nos despedimos dijo que haría un viaje con sus padres por Centroeuropa y que después volvería sola.
- Sí, pero por qué firma H. J. G. -Ron arrugó la nariz- a qué viene la J.
- Bueno, su nombre completo es Hermione Jane Granger, supongo que lo habrá usado así para despistar, como si yo firmara con H. J. P. o tú con R. B. W. -por un instante las letras R. A. B. cruzaron su mente.
- ¿Jane? -Ron abrió exageradamente los ojos- ¿el segundo nombre de Hermione es Jane?
- Claro, por su madre -Harry lo miró extrañado- pensaba que lo sabías. Es igual que Ginny, su nombre es Ginevra Molly Weasly, -su corazón se aceleró- Molly por tu madre.
- Y tú cómo sabes tanto de Hermione
- ¡Por favor Ron!, es que tú también deberías saberlo
- De acuerdo, pero quien es esa Madame Sofía de la que habla, parece que tú también la conoces
- Supongo que se referirá a Sofía
- Eso ya lo sé -Ron parecía desesperarse- pero qué Sofía
- Sofía, la capital de Bulgaria
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Publicado: 20 Jun 2006 10:46 am
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- ¿Y qué pinta Hermione en Bulgaria? -Ron palideció de repente- Krum -se le escapó en un grito ahogado
- En efecto, han ido a visitar a Krum -Harry se sentó al lado de su amigo- y supongo que eso de la oferta quiere decir que al final sus padres han aceptado la invitación de la madre de Viktor
- ¿Qué invitación? -Ron estaba espantado
- Bueno -Harry tragó saliva- Hermione además de ser amiga mía, ha hecho otros méritos para ser un objetivo de los mortífagos, más ahora que Draco es uno de ellos. Sus padres son muggles, recuerdas, están en un grave peligro y no serían capaces de defenderse.
- Pero para eso estamos nosotros -repuso Ron ofendido
- Mira Ron -Harry puso su tono más amable- los Krum pensaron que nosotros ya teníamos bastantes problemas sin tener que estar pendientes de los señores Granger -Ron bufó- y yo creo que tienen razón, que estarán más seguros en Bulgaria, donde nadie pensaría en buscarlos.
- Ese Viktor no quiere protegerlos -Ron comenzaba a enrojecer- piensa, Harry, era de Durmstrang, nunca traicionaría la sangre -su tono se elevaba por momentos- lo único que quiere es volver a enrollarse con Hermione.
-Ron, no te enfades, pero por lo que yo sé, Viktor se convirtió en un traidor a la sangre en el momento mismo en que pidió a Hermione que le acompañara al baile en cuarto. Y además lo hizo público en cuanto apareció con ella del brazo.
- Me da igual -Ron se puso en pie- está claro que lo único que pretende es quedarse con ella, estoy seguro de que aún le gusta.
- Bueno, ella es libre -picó Harry- puede salir con quien quiera. Además es mayor para decidir con quien quiere o no salir.
- Sí, pero -balbució Ron- yo pensaba que este año estaríamos juntos -se paró en seco y tragó saliva- quiero decir, que estaríamos los tres juntos, ya me entiendes
- Sí, ya te entiendo -rió Harry- anda vamos, creo que la cena ya está lista.
Un rugido en el estómago de Ron contestó por él. Ambos chicos bajaron las escaleras en silencio.
Los Dursley habían comenzado a cenar sin ellos. Harry acercó un par de sillas a la mesa mientras Ron llevaba los platos. A Harry le sorprendió que su amigo no usara la magia. El momento de la cena se había convertido en el mejor momento del día, precisamente porque Ron usaba la magia para colocar sus cubiertos sobre la mesa, y todos los Dursley se encogían en sus asientos, especialmente Dudley, que definitivamente se había convertido en una ballena asesina.
La cena transcurrió en silencio. Harry comió con avidez la mitad de las patatas asadas que su primo había dejado en la mesa. Ron, por su parte, se había servido un buen trozo de asado.
Dudley los miraba con ojos golosos, a pesar de que su plato mostraba restos de gran cantidad de comida. Volvía a estar a dieta, o al menos eso es lo que le habían ordenado en el colegio, pero tía Petunia se limitaba a reducir las cantidades que se servía en el plato. Lo bueno, es que ahora no se atrevía a descargar su mal humor contra Harry.
-¡Ni lo sueñes!- gritó Ron cuando la mano de Dudley se deslizó sobre la bandeja del asado- es no es para ti -Harry sintió un pinchazo de felicidad viendo como Ron hacía pagar a su primo con su propia moneda- yo que tú me dedicaba a la ensalada.
Dudley buscó el apoyo de sus padres con la mirada. Tío Vernon parecía muy concentrado en su propio plato, y tía Petunia parecía a punto de echarse a llorar. - El señor Weasly tiene razón, Peoncita, no debes saltarte la dieta, es por tu propio bien.
Dudley arrojó el cuchillo y la servilleta con rabia sobre la mesa, se puso en pie y salió del comedor con un fuerte portazo.
- Creo que estoy lleno -declaró Ron cinco minutos más tarde
- Pero si ni siquiera has tomado postre -se extrañó Harry
- Bueno, en realidad, hoy tenía poco apetito -tío Vernon le lanzó una mirada asesina- vamos a recoger y acabaremos nuestra partida.
Esta vez Ron sí uso la magia para retirar de la mesa los platos y cubiertos que habían usado. Harry le dio las gracias con un gesto de su cabeza, y con una reverencia señaló la puerta
- Buenas noches -dijeron a un tiempo, mientras abandonaban la sala dejando a los Dursley encogidos en sus asientos.
Al pasar por delante del dormitorio de Duddley oyeron como este descargaba su furia contra el saco de entrenamiento. Se detuvieron por un instante y luego continuaron hasta el dormitorio con una sonrisa burlona en los labios.
- Vaya, parece que a "Big D" no le gusta la dieta -rió Harry
- Creo que por fin estamos resultando una influencia beneficiosa para alguien- contestó Ron, sin poder evitar reírse- terminamos -señaló el tablero con la cabeza- prepárate para un final fulminante
Bien, tú mueves -Harry se sentó a su lado del tablero.
Cuando Ron se sentó en su sitio en la cama la carta de Hermione cayó sobre su pierna. Él se quedó mirándola por unos instantes y sin prestar demasiada atención movió un caballo
- Alfil 5 a reina -sonrió Harry- "Jaque"
- Torre a alfil -Ron parecía ido, la torre no obedecía
- Ron, no puedes hacer ese movimiento
- Lo siento, Harry, estaba distraído -su voz sonaba taciturna
- Qué te ocurre, apenas has cenado y ahora estoy a punto de ganarte una partida de ajedrez mágico por primera vez en seis años.
- Es Hermione..., no me fío de ese Krum
- Viktor es un buen chico, ya lo sabes, no debes preocuparte. Además, si intentara atacarla se llevaría un buen susto.
- ¡Atacarla! -Ron se sobresaltó- es cierto, podría atacarla, cómo no se me habrá ocurrido antes
- Ron, estás paranoico -aunque a Harry le resultara divertido picar a su amigo, ahora estaba preocupándose de verdad- Viktor aprecia a Hermione casi tanto como nosotros, al fin y al cabo han mantenido su amistad a pesar de la distancia
- No era amistad lo que buscaba -repuso Ron enfurruñado
- No, según tú sólo quería sonsacar información a Hermione sobre mí para vencerme en el Torneo de los Tres Magos
- Sí, pero Hermione se enrolló con él -repuso Ron- ya oíste a Ginny
- Bueno, ella era libre de salir con quien quisiera, igual que lo es ahora. Como tú mismo dijiste el año pasado no hay ningún compromiso entre vosotros -una sombra se había posado sobre Harry
- Sí, pero ella me invitó a la fiesta de Slug
- Lo recuerdo bien, y también recuerdo que tú en vez de acompañarla empezaste a salir con Lavander, o... debo llamarla Lav-Lav
- No tiene gracia -Ron se mostró ceñudo- además ella también empezó a salir con ese McLaggen sin ningún problema
- Hermione no salió con McLaggen, de hecho, siempre lo ha detestado
- Pero ella dijo...
- Ron, ella estaba enfadada contigo, la habías dejado tirada, es lógico que fuera con ese estúpido que quería robarte el puesto
- Ya, pero estuvo con él en la fiesta
- En realidad, ella estuvo evitándolo continuamente. De hecho estuvo conmigo casi todo el tiempo...
Mientras, el alfil de Ron había realizado un extraño movimiento
- "Jaque Mate" -gritó Harry triunfal cuando el rey de Ron arrojó su corona
- Vaya -Ron miraba el tablero con aire distraído- creo que será mejor que nos vayamos a dormir.
Los chicos sacaron la cama desplegable que estaba guardada bajo de la de Harry. Con un florido movimiento de varita se transformó en una confortable cama de madera. Los dos se pusieron sus pijamas en silencio y se acostaron. Unos minutos más tarde un falso ronquido salía de la cama de Ron. Harry entendió que su amigo tenía ganas de pensar y no quería seguir hablando, cosa que agradeció, porque siempre que salía el tema Hermione-Viktor solía acabar en discusión, o últimamente, en por qué había cortado con Ginny. Bastante tenía con recordarse a sí mismo que era la mejor opción para evitar su muerte a manos de Voldemort; era algo que debía hacer cada día para sobrellevar el enorme dolor que le suponía estar sin ella.
Harry estaba inmóvil, oculto por su capa invisible, la pared de la torre estaba fría. El aire de la noche tenía la gelidez de la muerte, era como si una horda de dementores estuviera al acecho.
Frente a él Draco amenazaba a Dumbledore con su varita, pero Dumbledore no se defendía, tan sólo le ofrecía su protección contra Voldemort. Un segundo más tarde estaban rodeados de mortífagos que reían. La voz de Greyback sonaba tétrica, luego, por un instante, su rostro aparecía bajo su máscara, sin embargo no era el rostro de Greyback el que Harry veía, sino que allí estaba el rostro desfigurado de Bill Weasly. Después, la máscara.
Snape entraba en escena, apartaba a Draco -Dumbledore suplicaba, y Harry con él, aunque no podía oírse su voz- "Severus" - El llanto de Fawkes atormentaba sus oídos. Una luz verde atravesaba la noche. Dumbledore era despedido hacia la Marca Tenebrosa. Harry pudo ver un destello rojo y dorado tras Dumbledore, como si un gran fénix hubiese aleteado. Entonces, gritó y gritó. Gritó con todas las fuerzas de su alma desgarrada. Sus ojos bañados en lágrimas se posaron en el pálido rostro de Draco. Draco estaba aterrado, desencajado. Parecía a punto de morir. Estaba lleno de cortes, rodeado de un charco de sangre en el baño de prefectos. Myrtle chillaba...-yo no quería, yo no sabía- Harry negaba con la cabeza.
- ¡Harry, ¿estás bien?! -gritaba Ron- ¡despierta, Harry, por favor! -sus gritos se mezclaban con los de Myrtle. Harry notaba como su cuerpo era sacudido.
- ¡Harry, despierta! -la voz de Ron era cada vez más fuerte- ¡estás a salvo, no has hecho nada malo!
Harry abrió los ojos, estaba temblando, sus mejillas estaban empapadas en lágrimas. Ron gesticulaba espantado sobre su cara. Poco a poco fue tomando consciencia de que acababa de salir de una pesadilla, esa horrible pesadilla que lo perseguía.
- ¿Estás bien? -preguntó Ron- ¿has vuelto a tener una pesadilla?
- Creo que sí, he vuelto a tener el mismo sueño -contestó Harry a duras penas- ha vuelto a ocurrir, Ron. Ha vuelto a ocurrir... ese maldito de Snape ha vuelto a hacerlo.
- Harry, tú no podías hacer nada, nada en absoluto.
- Oye, hoy ha ocurrido algo extraño -Harry se incorporó en la cama, notaba el resquemor del llanto en sus ojos- esta vez he oído a Fawkes
- No sé que tiene de extraño, Harry. Hasta ahora en tus sueños ocurrían las cosas distintas a como nos contaste que ocurrieron
- Lo sé -insistió Harry- pero no dejaba de ser raro, es como si Fawkes estuviera allí, de alguna manera, protegiendo a Dumbledore, y luego se desvaneciera con él.
- Harry, estabas gritando que no querías hacerlo -preguntó Ron tímidamente- ¿qué era eso que no querías hacer?
- Matar a Draco -Ron abrió los ojos- fue cuando lo ataqué en el baño de prefectos
- Pero eso qué tiene que ver con... -Ron se sintió incapaz de pronunciarlo en voz alta.
- Nada -Harry negaba con la cabeza- te diría que si hubiera muerto Malfoy esto no habría ocurrido, pero algo en mi interior me lo impide, me dice que no es así, que no es eso. -Harry tomo aire- Dumbledore tenía razón: Draco no es un asesino, él nunca lo habría hecho
- Pero, ¿entonces?
- Esta vez le he mirado a la cara, y vi en ella la imagen del pánico. ¡El pánico estaba allí, Ron! -Harry se estremeció- tenía el mismo terror que cuando le lancé el sectumsempra. Ya sé que suena raro, pero creo que Draco no quería que Dumbledore muriese, es más, creo que temía que Dumbledore muriera.
- Puede que tengas razón -convino Ron- Malfoy es un completo cretino, y un cobarde, y un pomposo. Pero no creo que tenga madera de mortífago.
El silencio se instaló en el dormitorio. Ambos chicos permanecieron sentados en sus camas, frente a frente, con la mirada perdida hasta que la luz de la mañana los cubrió.
Para Harry el tiempo transcurría de forma extraña. A veces, los días volaban, y otras veces era como si los relojes se detuvieran si aviso previo.
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Publicado: 20 Jun 2006 10:52 am
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Harry sentía como variaba su ánimo: sin motivo aparente podía sentirse lleno de vida, como si desde su descubrimiento de la existencia de los horcruxes nada más hubiera ocurrido. Era como si en pocas semanas fuera a tomar el Expreso de Hogwarts acompañado por Ron, Hermione y… ¡Ginny! Otras veces se sentía hundido, derrotado, capaz de presentarse ante Voldemort y dejarse matar sin la menor resistencia. Le estaban arrebatando todo aquello por lo que merecía la pena vivir: sus seres queridos eran asesinados sistemáticamente. Estaba harto, nadie más debería morir en su lugar, y lo mejor era que él muriera lo antes posible para evitar futuros sacrificios…
Sin embargo, la mayor parte del día se sentía cargado de ira, de una especie de odio contenido y a punto de estallar. Tenía claro que iba a luchar, que vengaría a Dumbledore, a Sirius, a sus padres… No le importaba si le iba la vida en ello, pero tenía muy claro que vendería caro su pellejo y que no pensaba rendirse.
Ron, por su parte, también tenía sus momentos buenos y sus ratos de ira. A veces se quedaba abstraído durante horas.
En sus horas bajas apenas si hablaban, parecían entenderse con un gesto o una mirada. Afortunadamente, cada día recibían correo desde La Madriguera, unas veces era Molly, preocupada por ellos, o contándoles las últimas noticias de El Profeta –Harry había cancelado su suscripción por culpa de un artículo sensacionalista sobre la muerte de Albus Dumbledore-, otras veces era Ginny la que escribía, contando como iban las cosas.
- ¡Ha escrito Ginny! –Harry agitaba un sobre ante Ron que acababa de llegar del lavabo
- ¿Qué se cuenta?
- Te esperaba para leerla
- Hubiera sido mejor que empezaras sin mi –Ron se junto a él- podría contener algo personal.
- Déjalo ya –Harry sintió una punzada en la boca del estómago- vamos a ver que se cuenta.
“ Querido Harry:
En primer lugar decirte una vez más cuánto te hecho de menos –y a Ron, claro-
- Vaya, yo pensaba que sería personal, pero ahora veo que Ginny no lo debe estar pasando muy bien que digamos –dijo Ron ante la mirada de reproche de Harry-
cuento el tiempo que falta para que volváis a casa. Flema me va a volver loca, está más insoportable aún que el verano pasado, y lo malo es que mamá –a pesar de que tampoco soporta su actitud- está de defensora de “la mujer que ama tanto a su Bill” por tanto paga conmigo cada salida en falso de Flema.
Esta mañana hemos ido a la tienda de Madame Malkin, el Callejón Diagon está cada vez más oscuro, tan sólo Sortilegios Weasly mantiene su colorido escaparate.
Bueno, como te iba contando estuvimos mirando túnicas para la boda –Fleur sigue empeñada en que Gabrielle y yo vayamos vestidas de ñoñas- no te puedes imaginar que modelo a elegido –ahora sé como se sintió Ron en el baile- parece sacado de la Edad Media, y lo peor es que es rosa, un rosa horrible, que para nada pega con mi pelo o mis ojos. –Ron, ya sé que estarás junto a Harry leyendo esto, así que por favor ríete ahora, porque si esperas a la boda creo que no podré soportarlo-
- Pero bueno –Ron trató de ponerse serio- si sabe que estoy leyendo contigo, ¿por qué no me saluda?
- Creo que lo hace para picarte –rió Harry- no tiene a nadie más con quien meterse, y las dos señoritas Delacour no se lo están poniendo fácil.
- Si piensa que no voy a reírme cuando vea el vestido está muy equivocada.
- Si piensas que te dejará reírte de ella sin un hechizo a cambio, eres tú quien te equivocas.
- La verdad es que tiene mucho genio –convino Ron- sigue
Bill está mejor, parece que los preparativos finales de la boda le mantienen lo suficientemente ocupado como para no pensar en otra cosa –y menos mal-. Ahora que ha pasado una luna llena y no se ha transformado completamente parece más tranquilo. Lupin viene a menudo a darle ánimos, le dice que aunque se produjera una transformación total podría hacer una vida casi normal, tomando la pócima y cuidándose de estar a buen recaudo los días de luna llena. Pero creo que la preocupación de Bill es más porque quiere tener hijos que porque tema hacernos daño.
Por cierto, Ron, te has dado cuenta de que puede que seamos tíos antes de lo que pensábamos. Sería estupendo: mamá tendría un nieto por el que preocuparse y nos dejaría en paz a los demás.
Vaya chicos, creo que estoy divagando. Mejor será que me despida.
Estoy deseando veros. Os quiere mucho.
Ginny”
- ¡Ginny tiene razón!, pronto habrá un Weasly más en el mundo
- ¡Pero qué dices! –Ron miraba a Harry con ojos desorbitados- el hecho de que Bill y Fleur se casen no quiere decir que vayan a tener un enano enseguida –Ron parecía molesto con la idea
- No, me refiero a que cuando Fleur se case con Bill será una Weasly más
- ¡Déjalo Harry!
- Está bien –Harry miró fijamente a su amigo, algo le preocupaba- ¿pasa algo?
- He recibido carta de Fred y George –Ron sacó un pergamino del bolsillo posterior de su vaquero- creo que han entrado en la Orden, aunque no lo dicen muy claramente.
- Sabíamos que antes o después los dejarían entrar –repuso Harry- pero no creo que sea eso lo que te preocupe
- No, lo cierto es que ahora que él no está –Ron encontró los cordones de sus zapatos muy interesantes- bueno, pues que sin él creo que no lo conseguirán, me refiero a la Orden –Ron miró a Harry, había lágrimas luchando por salir de sus ojos azules- ahora entiendo el miedo de mamá. Pero no se lo digas a nadie.
- Tranquilo, amigo, no lo haré.
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Publicado: 20 Jun 2006 10:56 am
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CAPÍTULO 2: Un Weasly más
El 30 de julio amaneció extrañamente nublado, unas nubes negras cubrían el cielo de Surrey. Cuando Harry despertó un extraño escalofrío recorrió su espalda.
Lo primero que le pasó por la cabeza fue que ese sería su último día con los Dursley, que por fin la pesadilla de su infancia habría acabado, y que desde ese momento viviría una vida plenamente mágica, en el mundo al que realmente pertenecía. Nunca más volvería a oír las protestas de Duddy, ni los sermones de tío Vernon. Tampoco tendría que soportar la inquisitoria mirada de tía Petunia vigilando cada uno de sus movimientos. Pero en vez de sentirse entusiasmado, para su sorpresa, se sentía raramente nostálgico. Pensó que sería cosa de esas negras nubes, que nada bueno podrían presagiar. Aunque si Hermione estuviera allí le habría dicho que eso era porque dejaba atrás una parte importante de su vida, y aunque no hubiera logrado ser feliz en Privet Drive, ésta formaba parte de su vida como podría formarla La Madriguera, o Hogwarts. Era extraño, no habían vuelto a tener noticias de Hermione desde aquel mensaje donde les contaba que estaba en Bulgaria.
- ¿Estás despierto? –la voz de Ron sonaba somnolienta en la cama de al lado
- Sí, estaba pensando en Hermione
- ¿Pensabas en Hermione? –Ron parecía sorprendido, o tal vez preocupado
- Sí, hace días que no tenemos noticias suyas –Harry cogió las gafas de la mesita de noche, y se incorporó en la cama- es extraño, dijo que volvería a casa antes de mi cumpleaños. Y en su nota nos decía que se pondría en contacto con nosotros en cuanto llegara a casa.
- No me fío de ese Krum
- Por favor, no empieces con eso otra vez –Harry empezaba a aburrirse de esa situación- Krum es de total confianza. Lo que me preocupa es que los mortífagos hayan averiguado que está sola.
- Si la tocan un solo pelo tendrán que vérselas conmigo –dijo Ron sin pensar
- Y conmigo, puedes estar seguro
Una mancha gris se acercaba a la ventana a gran velocidad. Harry y Ron se quedaron mirando absortos hasta que comprendieron que se trataba de una lechuza, sin duda eran las tan ansiadas noticias de Hermione. La lechuza se pasó directamente sobre el regazo de Harry y dejó en él un sobre lacrado con el escudo de Hogwards, después se marchó por donde vino sin ni siquiera ulular.
- Una carta de Hogwarts –Harry y Ron se miraron sorprendidos- pero aún no deberían llegar las listas, además no hay ninguna para ti.
- Ábrela y sabremos lo que es –sugirió Ron
Harry abrió el sobre y leyó una escueta nota. De repente su rostro quedó inexpresivo.
- ¿Qué ocurre, Harry?
- Es de McGonagall –tragó saliva- dice que Dumbledore me ha dejado algunos de sus objetos personales en su testamento y me pide que vaya a Hogwarts
- ¿Dice algo más?
- No
- ¿Por qué te la habrá enviado con el sello del colegio?
- Supongo que para que no temiera abrirla.
Las tripas de Ron emitieron un enorme rugido. Esa fue la señal para que ambos chicos se levantaran y vistieran, luego recogieron, como cada mañana, la cama plegable de Ron y bajaron a desayunar.
Los Dursley estaban desayunando cuando ellos llegaron al comedor.
- Duddley quiero que te comportes como un perfecto caballero con tía Marge –decía tío Vernon mientras ondeaba con satisfacción una carta frente a su familia- es una suerte que haya decidido invitarte a ese viaje.
- Sí, peoncita –el rostro de tía Petunia rebosaba satisfacción- y haz muchas fotos, es posible que papá y yo nos decidamos a comprar allí una casa, si nos gusta lo que vemos –miró con ojos melosos a su esposo.
- Vaya, parece que te vas de viaje, primo –Duddley dio un bote en la silla
- No es de tu incumbencia –contestó no sin cierto temor
- Pues no, la verdad es que no –Harry comenzó a preparar unas lonchas de tocino y unos huevos revueltos para él y Ron- yo me iré mañana, y después nuestra convivencia juntos será tan solo un mal recuerdo –Tío Vernon parecía a punto de replicar, pero se paró en seco, al parecer para él Harry sería también sólo un mal recuerdo después de su marcha.
Harry y Ron se sentaron en la mesa y comenzaron a desayunar con gran apetito. Los Dursley parecían haber olvidado su conversación, por lo que sólo se oía el ruido de los platos.
Sonó el teléfono. Se miraron unos a otros, nadie parecía dispuesto a moverse de su sitio. El timbre insistía tenaz. Tío Vernon miraba a Harry de reojo, la vena de su frente empezaba a hincharse –A qué esperas, chico -dijo al fin- coge el teléfono.
Sin saber muy bien por qué, Harry obedeció sin protestar.
- “Residencia Dursley, dígame” –contestó con voz cansina
- ¿Harry, eres tú? –a Harry le dio un vuelco el corazón, la voz que sonaba al otro lado del teléfono era la de Hermione
- Sí, ¡qué alegría! –Harry había gritado un poco, y los demás se sobresaltaron- pero cómo es que me llamas por teléfono.
- Bueno, acabo de llegar a casa de mis padres, y he pensado ir con Ron y contigo inmediatamente –Hermione resopló- y cuando digo inmediatamente, quiero decir que tengo la intención de aparecerme allí en cuanto cuelgue el teléfono –Hermione parecía algo alterada- estoy harta de transportes muggles
- ¿Cómo vas a aparecerte aquí?
- Harry, tú también sabes aparecerte, aunque aún no tengas el carnet –contestó exasperada- precisamente por eso te llamo. Para que me digas cual es la sala de la casa más propicia para hacerlo
- Vaya –Harry se quedó sin habla- creo que el hall será un buen lugar, hay mucho sitio libre.
- De acuerdo, pues despeja, cojo unas cosas y ahora mismo voy.
Harry colgó el teléfono, cuatro pares de ojos los miraban desde la puerta del salón.
- Era Hermione –balbució- llegará en unos instantes, por favor, mantened el hall despejado –Ron le miró interrogante
- ¿Cómo dices? –tío Vernon parecía haber recuperado todo su mal genio. Pero Harry no tuvo tiempo de contestar, unos segundos más tardes sonó una ligera explosión en mitad de ellos y apareció Hermione con una maleta en su mano izquierda y la varita en la derecha
- ¡Hermione! –el rostro de Ron se iluminó
- Ron, Harry –Hermione los sonrió nerviosa. Los dos corrieron hacia ella, y ante la atónita mirada de los Dursley los tres se fundieron en un abrazo. Tras unos segundos de estupor tío Vernon pareció retomar el mando
- ¡Esto es inaudito! ¡Intolerable! –gritaba- ¿Pero qué os habéis creído? ¡En mi propia casa!
- ¿Estás bien? –preguntó Harry haciendo caso omiso a su tío
- Nos tenías preocupados –Ron se atrevió a tomarla por los hombros y llevarla hacia él
- Claro que estoy bien, por qué no iba a estarlo
- Jovencita, está claro que sus valores de educación están muy por debajo de lo que el decoro social exige –tío Vernon parecía a punto de estallar.
Todo ocurrió en un instante, Hermione se deshizo del abrazo de Ron, apuntó con su varita a tío Vernon y este perdió la voz. Seguía gritando, pero ya nadie le oía. Antes de que el señor Dursley hubiera comprendido que era inútil seguir gritando Harry y Ron ya se habían dado cuenta de que Hermione era capaz de hacer sin ningún problema encantamientos sin pronunciarlos en voz alta, o al menos, era capaz de realizar el hechizo “silencius”.
Harry miró a su amiga atemorizado. No era propio de ella comportarse así. Claro, que tan poco era normal que usase el teléfono para comunicarse con él, o la aparición como medio de transporte. O algo le pasaba a su amiga o…
- Hermione, ¿cómo está Bane? –preguntó de repente
- ¿Bane? –repitieron Ron y Hermione al unísono
- Sí, supongo que le habrás visitado este verano –siguió Harry como si tal cosa- creo que casi tenía terminado el artilugio para luchar contra los mortífagos.
- Lo siento Harry, pero el único Bane que conozco es el centauro del Bosque Prohibido, y ciertamente, no se me ocurriría visitarlo bajo ningún concepto –Hermione parecía estar impaciente, y usaba ese tono de sabelotdo que tanto molestaba a Snape- por si no lo recuerdas, la última vez que lo vimos fue cuando le tendimos la trampa a Umbridge en quinto, antes de ir al Ministerio. Y te refrescaré la memoria: en primer lugar no existe ningún artilugio contra los mortífagos; en segundo lugar, aunque existiera, Bane jamás interferiría; y en tercer lugar, amenazó nuestras vidas. Así que explícame a qué ha venido eso.
- Bueno, debía saber si eras tú realmente –Harry frunció los labios y arqueó las cejas- reconocerás que te has comportado de un modo bastante extraño en los últimos minutos
- Un modo extraño, ¿a qué te refieres?
Harry señaló a su tío, que se llevaba las manos a la garganta en un inútil intento de recuperar la voz, y a tía Petunia pálida, abrazada a su esposo y mirándola con los ojos desorbitados. Duddy estaba escondido tras ellos.
- Lo siento –Hermione se ruborizó- llevo más de 24 horas sin dormir, arreglando el papeleo de mis padres. Ya me había olvidado de lo crispantes que pueden resultar los funcionarios muggles –hizo un gesto con la varita y un hilo de voz volvió a surgir de la garganta de tío Vernon- Lo siento, lo siento de veras señor Dursley, le juro que no era mi intención. Por lo general no pierdo los nervios, pero tal y como están las cosas no soportaba ni un solo grito más. Permítanme compensarles por este comportamiento –Hermione metió la mano en su bolso, los Dursley retrocedieron un paso- tengan –les ofrecía un sobre blanco inmaculado con algo grabado en la parte inferior- son unas invitaciones para el concierto en honor del 97 cumpleaños de la Reina Madre, que se celebrará en Londres dentro de unos días –como los Dursley no se decidían a cogerlas ella se acercó con el brazo extendido hacia tía Petunia- eran de mis padres, pero no creo que puedan ir. Sería una pena que se desperdiciaran.
- Quieres decir que la familia real también son… bueno, ya sabes –tía Petunia cogió las invitaciones no sin cierto temor
- Oh, no –rió Hermione- para nada. Es que mis padres son dentistas y tienen un paciente que trabaja eventualmente en palacio. Se las regaló como agradecimiento por un favor que le hicieron –Hermione hizo un gesto que parecía indicar que sus padres habían hecho algo secreto para la familia real. Lo que pareció satisfacer a tío Vernon de especial manera.
- Dices que tus padres son dentistas –dijo con una voz un tanto tímida aún- entonces ellos tampoco son
- No, señor, ellos son muggles, como ustedes –sonrió Hermione.
Harry temió una nueva explosión de su tío al oír como Hermione lo llamaba muggle, pero él seguramente ya se estaría viendo rodeado de la realeza y provocando la envidia de los vecinos, porque no dijo ni hizo nada más que mirar bobamente el sobre con el escudo de armas.
- ¿Has desayunado? –preguntó Harry una vez que parecía haber vuelto todo la normalidad
- Sí, gracias –volvió a sonreír Hermione- lo hice justo antes de llamarte
- Entonces creo que deberíamos subir los tres a nuestro cuarto –sugirió Harry- tienes mucho que contarnos, además, creo que deberías descansar un poco.
Ron se apresuró a coger la maleta de Hermione, Harry y ella se miraron divertidos. Los tres subieron al dormitorio sin hablar. Harry y Ron se sentaron en el suelo, dejando la única silla para Hermione.
- ¡Por Dios, qué sucio tenéis esto! – Hermione miró a su alrededor- si Molly lo viera os ganarías una buena –los chicos bajaron la cabeza un tanto avergonzados, estaban acostumbrados a no limpiar más que lo justo, y a veces, ni eso –“fregoteo” –la varita de Hermione hizo una floritura y la habitación se limpió sola en pocos instantes.
- Creo que necesitábamos un toque femenino –sonrió Harry
- Lo que necesitabais vosotros era no ser tan guarros –reprochó Hermione con el ceño fruncido.
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Publicado: 20 Jun 2006 10:58 am
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- Está bien –Harry puso un puchero- y ahora dinos, ¿por qué llevas más de 24 horas sin dormir?
- Es una historia complicada –comenzó Hermione- cuando nos fuimos de viaje, claro está usamos transportes muggles. Por lo cual, tanto mis padres como yo tuvimos que presentar nuestros pasaportes en el aeropuerto para que nos sellaran la salida del país. Y como a la vuelta yo debía arreglar todos los papeles de mis padres, como si estuvieran teniendo un año sabático, debía volver también en avión para que me sellaran el pasaporte de regreso a casa – a Ron pareció sorprenderle la idea de que su amiga pudiera viajar en avión, pero se cuidó mucho de interrumpirla- el caso es que hubo problemas con el vuelo de regreso y tuvimos que esperar más de ocho horas en el aeropuerto de Atenas. Después, en Londres, el autobús que me llevaba a la oficina de administración donde debía presentar los papeles se quedó parado en un atasco durante casi una hora, y, finalmente, el tren que debía llevarme a casa tuvo una avería. Así que llevo desde antes de ayer usando transportes públicos muggles y haciendo cola en varias oficinas para dejar todo correcto para cuando mis padres puedan regresar –Hermione paró un segundo para tomar aire- no os podéis imaginar como grita la gente cuando todo se tuerce, ¡y a mí se me torcía todo!
- Creo que lo mejor será entonces que nos vayamos –Harry se puso en pie, Ron lo imitó- descansa unas horas, te despertaremos a la hora de comer, luego nos contarás todo
- Y vosotros –Hermione se puso en pie también- ¿habéis estado bien?
- Seguro –Harry le besó la frente, y abrió la puerta del dormitorio- no te preocupes
- Si necesitas algo… -Ron se quedó a medio camino de besar la frente de Hermione tal y como lo había hecho Harry, entonces ella se puso de puntillas y le besó la mejilla
- Gracias –miró sonriente a ambos- muchas gracias a los dos.
La mañana transcurrió tranquila para los chicos. El rostro de Ron tenía dibujada una “sonrisa boba” de forma continua.
Aprovecharon que los Dursley estaban de buen humor para jugar una partida de ajedrez mágico en un rincón de la cocina, de manera discreta –tampoco era como para jugársela de esa manera-. Después salieron a dar un paseo, pues las nubes se estaban disipando y el sol calentaba sin quemar. Harry paró en un quiosco de prensa a comprar un periódico muggle. Era una costumbre que había adquirido en las últimas semanas, ya que su tío había renunciado a los noticieros televisivos para evitar que él pudiera escucharlos. Normalmente los periódicos muggles no eran de mucha ayuda, pero Harry había aprendido de Sirius y Dumbledore que podían saberse cosas del mundo mágico, sobre todo, de lo que los mortífagos pudieran tramar, leyendo prensa muggle.
A Ron le resultaba muy curioso que las fotos estuvieran estáticas, pensaba que era absolutamente aburrido que siempre que mirases el papel estuviera allí la foto y además ¡sin hacer nada! –No es lógico, la gente no se queda parada como una estatua- le decía a Harry.
A la hora de comer los dos regresaron a casa sin novedad. Los vecinos seguían espiándolos tras sus visillos, pero ya se habían acostumbrado.
Al pasar por la puerta de la señora Figg notaron que había cierto movimiento en la casa y decidieron tocar el timbre para ver que ocurría.
- ¿Quién es? –se oyó la voz de la señora Figg tras la puerta.
- Harry, señora, el sobrino de Petunia –Ron se quedó con la boca abierta, pero Harry con un movimiento de ojos le señaló el resto de las casas, allí nadie sabía que la señora Figg era una squib, es más, nadie sabía que existiesen los squibs.
La puerta se abrió ligeramente, y la señora Figg se retiró para dejarlos pasar.
- Buenos días –dijeron los chicos a un tiempo
- Buenos días, pasad –contestó ella- qué os trae por aquí, algún problema, queréis que avisemos a alguien –los chicos se miraron, se suponía que la señora Figg vivía sola.
- No, tan sólo oímos ruidos extraños en casa y vinimos por si necesitaba nuestra ayuda- respondió Harry en tono gentil
- Arabella, quién es –la voz de Mundungus Fletcher salía del saloncito.
- Sólo son Harry y Ron –contestó sin darle importancia- y a ver si terminas de una vez, que estás molestando a mis gatos –ni Harry ni no Ron podían imaginar qué estaría haciendo Mundungus allí, pero curiosamente la idea les resultó divertida.
- ¡Hey! Harry, Ron –Mundungus salió del salón con la varita en una mano y un cubo lleno de una especie de huevos negros del tamaño de un escarabajo en la otra- qué casualidad, precisamente estaba haciendo un trabajito para tus hermanos –dijo mientras soltaba el cubo y les estrechaba las manos- Arabella ha sufrido una plaga de succtis, y he venido a eliminarlos. De paso –guiñó un ojo- les llevo materia prima a Fred y George, creo que están preparando algo para la boda de Bill. Algo inofensivo, claro –se apresuró a decir ante la inquisitoria mirada de la señora Figg- nada que pudiera enfadar a los novios. Ni a Molly –añadió mirando a Ron de reojo.
- Ya –Ron sacudía la cabeza- enfadar a mi madre puede tener graves consecuencias.
- Bueno, pues si no nos necesitan… -Harry se dirigió a la puerta de salida- creo que nos esperan en casa para comer.
Los chicos salieron a la deslumbrante luz del sol, recorrieron los pocos metros que los separaban del número 4 de Privet Drive y subieron a despertar a Hermione.
Los tres se reunieron con los Dursley para comer. Para sorpresa de Harry y Ron cuando llegaron tenían colocados sus platos en la mesa, y una bandeja de asado estaba reservada en el horno.
- ¿Crees que debemos ir de frac?, querida –preguntó pomposo tío Vernon. Como tía Petunia no contestó los tres chicos se quedaron mirándola, sin embargo, tanto ella como tío Vernon miraban a Hermione
- Me lo dice usted a mí –preguntó Hermione extrañada
- Bueno, tú sabrás cómo iban a ir vestidos tus padres –tía Petunia parecía impaciente.
- Lo cierto es que no sé que pensaban ponerse –contestó Hermione mientras ocupaba un asiento en la mesa- pero es fácil de saber, sólo han de mirar la hora del concierto y si está unido a un cóctel de tarde o de noche. Si es de noche el protocolo indica traje largo para las señoras y chaqué para los caballeros, pero si es de tarde es algo más informal para los caballeros y las señoras irán con falda por debajo de la rodilla.
- No entiendo como una joven tan bien educada es amiga de Harry –repuso tía Petunia muy estirada- es una pena que no se le haya pegado nada –Harry y Ron intercambiaron significativas miradas, pero prefirieron no decir nada, era su último día allí y querían tener la fiesta en paz.
A los postres tío Vernon anunció que esa misma tarde irían a Londres, a llevar a Duddley a la estación, pues cogería el tren de las siete y media para reunirse con tía Marge, que lo llevaría con ella a Mallorca. Lo cual fue un alivio para los chicos, pues les daba tiempo de preparar tranquilamente todas las cosas para su partida. Sabían que un grupo de miembros de la Orden les harían de escolta para salir de allí, pero no tenían ni idea ni de a que hora llegarían, ni cuántos irían, ni siquiera de donde irían después. Harry y Ron tenían la esperanza de ir directos a la Madriguera, pero, por algún motivo Hermione había dicho que era probable que fueran primero a Grimmauld Place. Al terminar de comer los tres subieron al dormitorio de Harry.
- ¿Qué habéis estado haciendo en mi ausencia? –preguntó Hermione mientras se sentaba en la cama
- Nada interesante –confesó Ron- estamos un poco aislados del mundo. Harry dio de baja su suscripción a El Profeta, por lo que ahora leemos periódicos muggles
- ¡Bien hecho! –Hermione palmeó la pierna de Harry que se había sentado a su derecha –y algo interesante
- No, las mismas noticias de siempre –Harry señaló una pila de periódicos usados que estaban al lado del armario- al menos, sirven para mantener limpias las jaulas de Hedwig y Pig
- ¿Qué sabéis de La Madriguera?, yo apenas si he cruzado un par de cartas con Ginny –Hermione reculó hacia la pared para dejar sitio a Ron- por la seguridad, ya sabéis.
- Todos los días tenemos noticias –las piernas de Ron eran demasiado largas por lo que decidió cruzarlas y así poder mirar a la cara a sus amigos. Hermione ya las había cruzado- unas veces escribe Ginny y otras, mamá. Nos resumen los ataques de los mortífagos y algunas noticias de El Profeta, pero nada relevante, ahora entiendo como se sentía Harry hace dos veranos –Harry sonrió amargamente
- Bueno, también nos llegan noticias de los preparativos de la boda
- Sí, mamá está histérica. Ginny dice que entre Fleur y ella la volverán loca
- Ahora que mencionas la boda… -Harry miró directamente a Hermione- ¿tú sabes qué son los succtis?
- Son unas criaturas del tamaño de un escarabajo, que tienen forma de huevo. Duermen durante la mayor parte del día, pero al caer la noche despiertan y forman grupos que atacan todo lo brillante con una especie de suero que segregan –recitó Hermione- pero que tienen qué ver los succtis con la boda.
- No estamos seguros –contestó Ron- pero cuando volvíamos a casa encontramos a Mundungus Fletcher en casa de la señora Figg –Hermione puso los ojos en blanco- estaba limpiando una plaga y pensaba llevárselos a Fred y George. Dijo que preparan algo para la boda.
- Tu madre los va a matar –Hermione no sabía sin reír o no
- Ginny dice que Fleur los está volviendo locos a todos –Harry quería defender a los gemelos- no me extrañaría que hubieran planeado vengarse.
- Bueno, Fleur es un poco insufrible, pero hay que reconocer que Bill ha hecho una buena conquista
- Tú siempre defendiéndola –se enfurruñó Hermione
- Bueno, es muy guapa –se defendió Ron- es medio veela -Harry empezó a reírse convulsivamente
- Lo siento Ron, pero estoy recordando la cara que pusiste la primera vez que la viste…, y lo asustado que llegaste a la sala común después de pedirle a gritos en mitad del vestíbulo que te acompañara al baile.
- Por las barbas de Merlín –Ron había enrojecido hasta las orejas- ni me lo recuerdes. Claro, que si llego a saber que el tipo Weasly le resultaba atractivo –Ron se estiró un poco- no habría salido corriendo.
- No te ofendas –dijo Hermione entre risas- pero del tipo Bill Weasly al tipo Ron Weasly hay mucha diferencia.
- Bueno, ya sabemos que a ti te gustan más los mayores –Ron la fulminó con la mirada.
- ¿De donde sacas tú que me gustan mayores? –se ofendió Hermione- a lo mejor es que no me gustan los niñatos, simplemente
- ¿Qué tal tu viaje por Europa? –Harry sentía cómo el peligro de una nueva pelea acechaba, y no estaba dispuesto a permitirlo- ¿Por dónde habéis estado?
- Bueno, en realidad no hemos visto mucha Europa –Hermione dio la espalada a Ron con un gesto exagerado- lo cierto es que mis padres sacaron tres pasajes para un crucero por el Egeo, visitando la islas Griegas, y con fin en Kavála –cerca de Thassos- después teníamos programada una visita por nuestra cuenta al país, como si fuésemos a recorrerlo en coche, así las autoridades muggles nos tendrían localizados en Grecia. Luego nos dirigimos a la frontera búlgara donde habíamos quedado con los Krum –Ron soltó un bufido- y ellos ayudaron a mis padres a cruzar la frontera de forma mágica con nosotros. Luego fuimos a su casa, en una zona entre los Balcanes y el Mar Negro, instalamos a mis padres, y Viktor me acompañó de nuevo a Grecia.
- ¿Y para qué volvisteis a Grecia? –preguntó Ron en tono sarcástico. Hermione se volvió bruscamente hacia él, pero Ron se respondió solo- claro, disculpa, Viky y tú tenías que hacer un viaje romántico los dos solos.
- A veces pareces…- Hermione estuvo a punto de decir una palabra que ni sus padres ni la señora Weasly habrían aprobado- tú nunca escuchas, ¿verdad?
- Sí, he escuchado que soy mucho más feo que Bill y que Viky y tú hicisteis un viaje solos –Ron tenía ganas de pelea
- Lo que yo decía: –Hermione dio un largo suspiro- no escuchas. En primer lugar, NUNCA he dicho que seas mucho más feo que Bill, ni más feo, ni siquiera he dicho que fueras feo –Ron palideció por un segundo, después se puso más rojo que nunca- En segundo lugar, si hubieras prestado atención a lo que os conté al llegar, te habrías dado cuenta que para usar los transportes muggles debía estar en Grecia, que es donde mi pasaporte decía que estaba, y claro está, los Krum no permitirían que cruzara Bulgaria yo sola, ni siquiera en traslador. Y en tercer lugar: no vuelvas a llamarle Viky, su nombre es Viktor –dicho esto, cruzó los brazos y dejó caer su espalda en la pared.
- Pero tú no necesitas usar transportes muggles, puedes aparecerte –insistió Ron
- A veces eres exasperante –Hermione puso los ojos e blanco- por supuesto NO necesito usar el avión para volver desde el continente. Pero SÍ necesito que los muggles tengan un registro de mi regreso al país, porque debo demostrar mi identidad para arreglar los papeles que mis padres necesitan. Y si tú crees que hay lío en el Ministerio de Magia, es porque nunca has visto trabajar una institución muggle.
- ¿Queréis dejarlo ya? –Harry había echado de menos a Hermione, pero lo que no echaba de menos eran sus continuas discusiones con Ron. Entonces se le ocurrió que todo se arreglaría si salieran juntos, porque o dejaban de discutir, o dejaban de hablarse una temporada. Claro, que si dejaban de hablarse sería aún peor.
- Lo mejor será que os ayude a preparar vuestras cosas, no sabemos a qué hora vendrán a por nosotros –dijo Hermione en tono práctico.
Con la ayuda de la magia pronto habían preparado los baúles, y además Hermione insistió en dejar limpia la habitación –es lo menos que podemos hacer, después de todo los Dursley os han dado cobijo en su casa- a Ron y a Harry no les hizo mucha gracia, pero al final acabaron por ceder.
Pasaron el resto de la tarde comentando cosas sin importancia, y tratando de imaginar que “sorpresa” podrían estar preparando los gemelos para el día de la boda. Hermione comentó que era costumbre en algunos países mediterráneos que los amigos de los novios gastasen pequeñas bromas a los recién casados para el inicio de su luna de miel.
A las seis de la tarde los Dursley se preparaban para partir, Harry no sabía si aún estaría allí para cuando sus tíos regresaran. Y por muy extraño que a él mismo le pareciera sintió el impulso de bajar a despedirse de ellos.
- Um..., esto –Harry se aclaró la garganta al pie de las escaleras justo cuando los tres Dursley se disponían a salir
- Ah, estás ahí –se sobresaltó tío Vernon- espero que no destrocéis nada en nuestra ausencia, chico.
- Esto, no – Harry se sintió estúpido por haber querido despedirse de ellos
- ¿Estaréis en casa a nuestra vuelta? –preguntó tía Petunia con cierto tono en la voz que Harry sólo había oído cuando hablaba con Duddley.
- No lo sé –Harry miró a su tía a los ojos, y tuvo la sensación de ver en ella algo de su madre- por eso he bajado a despedirme
- Tranquilo, primo –Big D llevaba una enorme mochila a la espalda- no pensábamos echarte de menos –Harry hizo caso omiso a sus palabras.
- Tan solo quería daros las gracias por haberme acogido en vuestra casa –Harry bajó la cabeza- ya sé que no os ha resultado ni fácil, ni agradable. Aunque a mí tampoco –miró a su tía- hubiese preferido poder vivir con mis padres.
- De acuerdo, de acuerdo –tío Vernon parecía incómodo- adiós chico, no creo que tenga que decir hasta la vista –sonrío
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Publicado: 20 Jun 2006 11:01 am
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Harry negó con la cabeza, con media sonrisa –Gracias, y buena suerte –no sabía por qué había dicho eso, pero se sintió bien consigo mismo al hacerlo. Entonces ocurrió algo extraño, algo que nunca hubiera pensado que pudiera ocurrir, tía Petunia se acercó y besó su frente –cuídate- susurró. Los tres Dursley salieron de la casa dejando a Harry en la escalera sin saber que pensar.
- ¡Harry! – Ron bajaba agitando un pergamino, Hermione lo seguía de cerca- nos vamos en una hora
- Perdona Ron, estaba distraído –se sacudió la cabeza- ¿qué es eso?
- Acaba de llegar, es una nota para nosotros de parte de Ojoloco –explicó Ron- nos da instrucciones para que tengamos todo listo. Él y Lupin vendrán en cuanto se haya puesto el Sol
- Harry ¿estás bien? –Hermione lo miraba fijamente
- Claro, dentro de una hora abandonaré este sitio para siempre –Harry se enderezó y fue a reunirse con sus amigos al rellano de la escalera- y unas horas más y seré mayor de edad, y podré usar la magia libremente –levantó los brazos en símbolo de triunfo- lo he conseguido. ¡Soy libre!
Cuando hora y media más tarde sonó el timbre, los tres amigos estaban esperando impacientes en el salón. Harry saltó como un resorte de su asiento y fue corriendo hacia la puerta
- ¿Qué crees que estás haciendo? –Hermione le sujetó el brazo en cuanto le alcanzó
- Ya están aquí –a Harry le resultó extraña la actitud de su amiga
- Será mejor que nos aseguremos antes de abrir la puerta –repuso Hermione muy seria- no es el momento de correr riesgos absurdos
- ¿Y cómo propones tú que lo hagamos? –Ron se había unido a ellos en la entrada. Las luces estaban apagadas, y fuera se veían dos sombras al pie de la puerta. Hermione se encogió de hombros –Dejadme pensar –susurró- creo que eso es lo que deberíamos haber preparado durante este tiempo. Pero no hubo tiempo para más, una sombra en forma de varita se apoyó en la puerta. Un clic indicó que la cerradura se había abierto. Los tres alzaron las varitas a un tiempo.
- Vamos qué hacéis ahí parados –la voz de Moody gruñó al otro lado de la puerta- debemos llegar a Grimmauld Place antes de la media noche
Los tres retrocedieron un paso, sin bajar las varitas, la puerta se abrió dejando paso a Lupin y Moody.
- ¿Qué ocurre? –preguntó inmediatamente Lupin- ¿han intentado atacaros antes de que llegásemos? , ¿estáis bien? – Remus se lanzó a Harry asustado- no podría perdonármelo si te pasara –miró a los otros dos- si os pasara algo
- Bueno, no –Harry no se había movido ni un milímetro- es que no estábamos seguros de que fueseis vosotros –añadió un tanto cortado
- ¡Alerta permanente! –bramó Moody- al menos ese maldito impostor os enseñó algo bien –tras el primer sobresalto los chicos se echaron a reír y bajaron sus varitas.
Lupin cerró la puerta y encendió la luz del hall –Veo que tenéis los equipajes preparados- dijo señalando los baúles de Harry y Ron, así como las jaulas de Hedwig y Pig y la maleta de Hermione- lo mejor será que los mandemos a La Madriguera
- Pero si Moody acaba de decir que iríamos a Grimmauld Place –se asustó Ron
- Nosotros sí –Ojoloco puso su voz más amable- pero vuestras cosas no –los tres le miraron de hito en hito sin comprender- esta noche tenemos una importante reunión en el Cuartel General de la Orden, y se ha decidido que vosotros estéis presentes, pero mañana mismo os alojaréis en La Madriguera, por lo que no vamos a estar moviendo baúles de un lado para otro.
- Lo mejor será que cojáis un pijama y la capa de viaje –Lupin señaló los baúles- luego los enviaremos y nos iremos en escoba. Por cierto, ¿dónde está la tuya Hermione?
- No tengo escoba, no me gusta mucho volar –se excusó Hermione
- Bien, señorita –el ojo mágico de Moody giraba a una velocidad de vértigo mientras su ojo bueno se clavaba en Hermione- y puede saberse como ha pensado irse de aquí.
- Lo cierto es que no lo había pensado –Hermione se sonrojó como nunca antes lo había hecho- el caso es que me aparecí para venir, supongo que podría hacerlo para marcharme.
- Bueno, eso nos hará modificar parte de nuestros planes, pero creo que podremos solucionarlo –Lupin se adelantó a la protesta de Moody- tan sólo tendremos que avisar de que tú irás delante.
- Bien, voy a cambiar la señal –Ojoloco salió de la casa con el ceño fruncido, mientras los chicos aprovecharon para coger sus pijamas y ponerse las capas de viaje
- Nos moriremos de calor –protestó Ron mientras se ponía la capa
- No lo creas –Harry recordaba como dos años atrás había sido escoltado desde Privet Drive a Grimmauld Place- aunque aquí haga calor, allá arriba puede hacer bastante frío
- Bueno, creo que esta vez no nos llevará hasta el Polo –Lupin señaló la puerta con la cabeza- iremos bastante directos, ahora que Snape ha mostrado sus cartas no debemos pensar que no habrá delatado el lugar.
- Sí, pero el encantamiento Fidelius no permitirá que los mortífagos vean la casa aunque sepan donde está –protestó Harry
- Eso es algo de lo que debemos hablar –Lupin sonrió- de todos modos, ya no tiene sentido dar un rodeo para despistar acerca de nuestro destino final.
- Profesor –comenzó Hermione
- Ya no soy tu profesor
- Me ha enseñado lo suficiente como para que siempre le considere mi profesor
- De acuerdo, entonces. Pero por favor, llámame Remus, o Lupin si lo prefieres.
- Está bien, Remus. Tengo entendido que cuando el guardián de un secreto,…, bueno, cuando desaparece, también desaparece el encantamiento.
- Siempre has sido la más lista –sonrió Remus- y tienes razón. Precisamente por eso nos reunimos esta noche.
- No lo entiendo –comenzó a decir Ron cuando Ojoloco volvió a entrar en la casa.
- Todo listo –anunció- la señorita Granger irá delante, en cuanto veamos la señal –la miró fijamente con ambos ojos- te aparecerás allí, alguien estará esperándote en la puerta, de guardia, entra rápidamente en la casa y mándanos la siguiente señal, entonces nosotros saldremos e iremos volando.
- De acuerdo –Hermione asintió- dejadme vuestros pijamas, os será más cómodo volar sin ellos del brazo.
Los chicos le entregaron sus arrugados pijamas. Lupin hizo un gesto con su varita y los baúles, jaulas y maleta desparecieron en un instante. Los cinco salieron a la calle. Moody sacó el apagador que había sido de Dumbledore y apagó todas las farolas de la calle.
- Ahí está la señal –susurró Lupin- es tu turno.
- Nos vemos –Hermione alzó su mano y desapareció con un fuerte plaff
- Vamos a desilusionaros –Moody golpeó con su varita la coronilla de Harry, mientras Lupin hacía lo propio con Ron. Harry volvió a sentir la sensación de que le habían aplastado un huevo en la cabeza y unos fríos hilos se desplazaban por su cuerpo. Miró a Ron, que parecía muy sorprendido de verse convertido en una especie de camaleón humano
- Bien, ya estáis listos, ahora solo falta la señal –no tuvieron que esperar mucho, unos segundos más tarde Lupin señaló un punto en el cielo y Moody asintió con la cabeza- perfecto.
- Hermione ya está a salvo –indicó Lupin. Harry y Ron dieron un fuerte suspiro, un gran peso se les había quitado de encima.
- Montad, iremos en formación. Yo volaré delante y Remus detrás, vosotros iréis en medio volando uno junto al otro. No os separéis bajo ningún concepto. Si somos atacados Remus y yo nos encargaremos –fijó su ojo normal en Harry- nada de heroicidades esta noche, es sumamente importante que lleguéis al Cuartel General sanos y salvos –Harry asintió- marcaré un rumbo directo, si algo ocurriera tan sólo tendréis que seguirlo, en cuanto lleguéis entraréis en la casa, conformes –miró a los chicos y estos le devolvieron una mirada decidida - ¡Adelante!
En pocos minutos habían alcanzado una buena altura, las luces de las ciudades y los coches que circulaban por la autopista quedaban muy lejos. Harry empezó a notar algo de frío, pero esta vez el viaje iba a ser más corto. Mucho antes de lo que esperaba Lupin señaló una gran masa de luces – Londres- anunció, y comenzaron un suave descenso. En unos minutos se encontraron frente al número doce de Grimmauld Place, esta vez no habían aterrizado lejos, no había necesidad de perder el tiempo ocultando la casa. Lupin sacó una llave de su bolsillo y abrió la puerta. Los cuatro entraron en silencio. Aunque llevaba más de un año siendo su dueño Harry no había vuelto a entrar desde hacía dos navidades. Eso sí, no olvidaba lo escandalosa que podía resultar la señora Black.
- Bajemos a la cocina –susurró Lupin mientras quitaban el desilusionamiento de Harry y Ron- nos están esperando
En cuanto llegaron a la cocina se formó un gran revuelo
- ¡Ron, Harry! –Molly salió como una flecha con los brazos abiertos hacia los dos. Los apretujó en un incómodo abrazo y empezó a besuquearlos. Harry se sintió azorado. Ron trataba de soltarse del abrazo de su madre, pero ésta llevaba casi un mes sin verlo y no iba a permitir que se le escurriera tan fácilmente.
En la cocina estaban varios miembros de la Orden congregados, todos ofrecieron su mano a los chicos.
Harry miraba inquieto, no veía allí a ningún Weasly más, tampoco a Hagrid. Sentía una sensación extraña en el estómago.
- Sentaos, cenaremos dentro de un rato –insistió Molly mientras se acercaba a un enorme puchero- los demás no tardarán en llegar.
- ¿Todo bien? –una hermosa joven con rostro en forma de corazón y pelo color rosa chicle entró en el sótano- ¡Harry!, ¡Ron!, ¡Hermione! –fue hacia ellos y les dio un sonoro beso en la mejilla a cada uno- pensé que tardarías y un poco más
- Acabamos de llegar –contestó Harry un tanto cortado
- Está bien – sacudió su mano como para quitarle importancia- ¿te ayudo, Molly?
- En realidad ya está t | | | | |