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La Espada de Merikles (Historia Medieval)
La Leyenda de Arkantos y Requiem (By James Maethan)

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James_Maethan_Potter
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MensajePublicado: 15 Dec 2006 11:14 pm    Título del mensaje: La Espada de Merikles (Historia Medieval) Responder citando

La Espada de Merikles



Los relámpagos surcaban por entre las nubes iluminando parcialmente esta noche sin luna. Un gélido viento dibujó temblores sobre el lago Aredhel mientras Luna Negra y Maethan de Lubahre se observaban. Maethan había iniciado una cruzada para vengarse de Luna Negra por el mal ocasionado a su reino cuando su padre aún lo regía, este instante podía considerarse la culminación de esa larga persecución. El rey de Lubahre, imbuido en la armadura Carmesí que lo identificaba como general de los Caballeros de la Rosa Escarlata y a lomos de su ebúrneo corcel, emanaba valentía y poder. En contrapunto, frente a él, se encontraba el caballero más temido de todo Alcaluz, el adalid de la muerte, la sangre y la destrucción. Requiem desprendía un antinatural miedo, tal vez fuese por desconocer quien se hallaba bajo esa negra armadura de plateados ornamentos. Muchos han llegado a pensar que Drytur, dios de la muerte y la destrucción, era la verdadera esencia del caballero oscuro. Estas leyendas se acrecentaban cada vez que el paladín de la muerte salía indemne de la rueda del destino y renacía de sus cenizas.

Maethan observó a su rival y enemigo, y espoleó a Merrik, su fiel amigo desde la infancia, tan veloz como una flecha y con la determinación de alguien sin nada que perder. Requiem se mantuvo estático por unos instantes, acarició la negra barda que protegía a Eldar, Señor de la Bruma. Los rojos fulgores que el demonio con forma equina poseía por ojos brillaron intensamente antes de galopar al encuentro de su adversario.

“No llores, hijo mío, no llores” la voz de su padre resonó en la mente de Maethan mientras desenvainaba la espada de Merikles, el primer rey de Lubahre. La hoja milenaria que le reconocía como rey y que generación tras generación había acompañado a cada uno de sus ancestros. Su filo brilló como un amanecer reflejado en el hielo de Falthor.


La espada de Merikles, clavada sobre la hierba, brillaba exultante a la luz de la mañana de primavera. Ecos de entrechocar de madera resonaban cercanos. La sonrisa de Arkantos mostraba su lado más paternal cuando entrenaba junto a su pequeño Maethan. Un niño destinado a ser rey y que aún no lo había asumido.

—Observa cada movimiento de tu adversario –apoyó el peso de su cuerpo sobre la espada de madera—. Respira cuando el lo haga, nunca pierdas de vista sus ojos y jamás subestimes a un rival malherido. Los lobos son más peligrosos cuando se ven acorralados.

Maethan parecía cansado y sin aliento, pese a que su padre rozaba casi los cuarenta años se mostraba ágil y corpulento. Se había ganado una reputación como excelente estratega, líder y guerrero, a Maethan le costaba estar a la altura de lo que se esperaba de él.



El abandonado suelo de la llanura del Olvido temblaba al paso de los dos caballeros, densas nubes de polvo disipaban el paisaje, tiñéndolo de un color pardo y sucio.


—Descansemos, hijo –Arkantos se sentó junto a la orilla del lago e invitó a Maethan a hacer lo mismo.

—¿Padre, estaré la altura de lo que se espera de mi? –la voz del niño rezumaba madurez pese a su temprana edad.

Arkantos emitió una sonora carcajada y acarició de manera dulce el cabello castaño de Hadrim. Esta misma situación había tenido lugar mucho tiempo atrás y ahora volvía a la mente del rey.

—Eso mismo le pregunté yo a mi padre cuando yo era solo un niño –el hombre se tumbó sobre la hierba y respiró profundamente— ¿Sabes que me dijo él? –Maethan negó con la cabeza— Nunca se está a la altura de lo que se espera, pero el simple hecho de intentar superar ese límite nos hace merecedores de estar en un lugar meritorio.


Maethan gritó mientras señalaba a su rival con la espada de Mericles, cada músculo de Merrik estaba en tensión y galopaba casi al borde de la extenuación. Requiem preparó su escudo de cometa para la embestida y desenvainó a Drakul “la bebedora de sangre”, una hoja curva forjada por Drytur con la capacidad de absorber la esencia vital de sus adversarios para sanar a su portador. Cualquier hombre hubiera sentido miedo ante el aterrador porte del caballero negro, pero Maethan estaba determinado a acabar hoy con la leyenda de Requiem.


Arkantos sostuvo la espada de Merikles en su mano derecha y la balanceó a lado y lado suavemente.

—La espada es importante para un guerrero, pero lo que la hace especial es el alma de quien la porta –Arkantos extendió sus brazos y ofreció la empuñadura a su hijo—. Cógela Maethan.

El niño la sostuvo sólo por un instante, pues el peso de la hoja casi lo lanzó de bruces a la hierba. Volvió a intentarlo pero le fue imposible.




El filo de Merikles se dirigió al costado de Requiem, pero Drakul evitó el tajo con una perfecta finta, el contraataque el caballero negro topó con el escudo de Maethan. Ambos se tantearon con golpes y amagos, esperaban un error o un punto débil en la defensa de su rival para asestar un golpe mortal.


—Un arma es símbolo de responsabilidad, hijo –el rey ayudó a Maethan a levantarla— Pero no siempre es la solución a los conflictos. Un rey debe pensar en sus súbditos antes de entrar en guerra –un atisbo de pesar asomó en los ojos de Arkantos—. La gente inocente suele ser quien primero sufre los efectos de la batalla. No hay gloria en arrebatar una vida, Maethan –el rey se arrodilló ante su hijo y lo miró a los ojos—. Las armas son poderosas, pero no nos debemos dejar llevar por ellas, siempre debemos ser nosotros quien las controlen y no al contrario.

Requiem espoleó a Ashkalt y éste se levantó sobre sus cuartos traseros para tratar de golpear a Maethan. El aguerrido rey de Lubahre balanceó su cuerpo y evitó la coz. La espada de Merikles surcó el aire en dirección al cuello del enemigo, pero el escudo se interpuso.

Ashkalt resopló un gas nocivo y retrocedió para prepararse nuevamente para la batalla. El rey, a lomos de Merrik rodeaba a su enemigo lentamente.

—Te grabaré en la piel el nombre de mi madre y mi padre y de cada uno de los que sufrieron por tu culpa, maldito –la voz de Maethan mostraba un odio exacerbado.

—Guarda tus palabras para cuando hayas sido capaz de vencerme –La voz de Luna Negra era serena y profunda, distorsionada por un eco abismal—. Aún no has estado a la altura, no te sobreestimes. ¿Es que no aprendiste nada de tu padre?

—¡No te atrevas a mencionar a mi padre! –La voz del rey rozaba la histeria—. ¡No manches con tu sucia lengua su recuerdo, demonio!

Maethan se lanzó a la carga con toda la furia que su cuerpo podía generar, el primer golpe chocó contra el escudo del caballero negro y casi lo desmonta. Una decena de golpes furiosos fueron detenidos por Drakul. El acero de Merikles resonó por una eternidad.



Un eco que descubrió la posición de Arkantos entre la maleza, su falta de sigilo le costó caro. La joven, de largo y rubio cabello, que se bañaba en el lago se giró asustada preguntando quien se ocultaba entre los árboles. Arkantos decidía si mostrar su presencia o marcharse cuando una daga se clavó en un tronco a su lado.

—¿Soléis espiar a las damas muy a menudo, soldado?— la voz suave de la joven desbordaba seguridad e ironía ahora que había llegado hasta sus armas en la orilla— Mostraos, si tenéis valor.

Arkantos salió con aire sonriente de entre los matorrales, como si no fue extraño encontrarse en aquella situación. Realizó una reverencia algo cómica.


Requiem contraatacó ferozmente y derribó a Maethan de su montura. El Caballero de la Rosa Escarlata cayó de forma pesada, levantando una mortecina cortina de humo. El paladín de la muerte desmontó también mientras el rey se alzaba desconcertado.

—No, mi señora, vos sois especial y por ello tenéis la suerte de captar mi atención –Arphenang mostraba un tono descarado e irreverente—. Debéis sentiros halagada.

El rostro de la dama mostró un enfado y una sonrisa contenidos mientras trataba de cubrirse con su capa.

—Tal vez no os haga tanta gracia cuando el príncipe Arkantos sepa que habéis osado espiar a su futura esposa –mostró su sonrisa más maliciosa—. Seguro que os hace colgar en la plaza.

Arkantos sonrió de forma burlona, entre sus dedos jugueteaba con una espiga de trigo, mientras avanzaba silbando hacia la orilla.

—Mi amado príncipe no es de los que ahorcan a inocentes por el capricho de una dama –hubo una pequeña pausa—. Con todos mis respetos hacia vuestra merced.

—¿Tan importante os creéis que osáis hablar así de vuestro futuro rey?

—Mi señor no podría sobrevivir sin mi –Arkantos caminaba de lado a lado lentamente y con aire distraído— Además, ¿por qué defendéis tanto a alguien que ni si quiera habéis visto?

Estas últimas palabras del caballero perforaron gravemente el orgullo de la dama.

—Claro que conozco a vuestro señor, nos hemos criado juntos –respiró profundamente y se guardó un suspiro—. Solo que llevamos mas de diez años sin vernos.



Maethan cargó con frenesí hacia el caballero oscuro, sus espadas chocaron produciendo un viento caótico y un fulgor azulado y apagado. Polvo y más polvo cubrió el lugar. Luna Negra apartó al hombre con fuerza y se abalanzó sobre él.

— ¿Diez años? –Arkantos mostró una sorpresa algo fingida— ¿Cómo se puede amar a alguien con quien se ha perdido el contacto por tanto tiempo?

—Eso no os incumbe, soldado.

Un ruido entre la maleza alertó a ambos, la joven corrió a por su ropa para terminar de vestirse. Instantes después aparecieron varios soldados de la guardia de Lubahre. La muchacha sonrió satisfecha, pues el hombre pagaría por su irreverencia.

Los guardias se arrodillaron ante Arkantos y pidieron disculpas por su intromisión, el rostro de la doncella se vio invadido por un rictus de severidad y palideció.

—Dejadme que me presente, Alaissa –el príncipe realizó una reverencia cortes y educada—. Soy Arkantos, príncipe de Lubahre.



La espada de Merikles emanaba sangre oscura y marchita. Maethan estaba malherido y Requiem también, pese a que la esencia vital del rey había sido degustada por Drakul, las heridas encajadas por su caballero eran bastante serias.

Ambos contendientes sabían que el final se acercaba y que este último choque tendría como consecuencia la muerte de uno de ellos. Pensaron durante casi una eternidad los movimientos que iban a realizar y el combate se produjo en la mente de cada uno de ellos. Maethan apretó con fuerza la empuñadura de Merikles.



Arkantos portaba su ornamentada armadura carmesí y Merikles colgaba de su cinto. Una horda de no-muertos, trasgos, orcos y otras criaturas de peor calaña se erguían ante las puertas de Anarion, capital de Lubahre. Desde las almenas los soldados y Caballeros de la Rosa Escarlata observaban al ejército enemigo. El miedo se sentía por entre los hombres, su devoción y lealtad a su rey los mantenía cuerdos en estos delirantes momentos.

Una figura ataviada con una negra armadura de plateados ribetes se adelantó y pidió la rendición incondicional o el castillo se vería reducido a cenizas junto con sus defensores.



Maethan atacó con un tajo ascendente, Merikles lamió la superficie de la armadura de Luna Negra pero no llegó a atravesarla. El siniestro hombre golpeó al rey con el escudo en el rostro, desequilibrándolo el tiempo justo para que Drakul mordiese su pierna. Un grito surco el cielo.

Arkantos se negó a rendir lo que su familia había logrado con su buen hacer. No dejaría Lubahre en manos de unos malditos seres de la oscuridad, eso jamás lo permitiría. Ordenó a sus soldados que estuviesen preparados para la lucha y protegió a sus campesinos y habitantes. Su guardia personal llevó a su esposa Alaissa y a su joven hijo Maethan a los aposentos y allí los defenderían en el caso de ser necesario.


El caballero de la Rosa Escarlata respondió instantáneamente al corte de Requiem con una certera incisión entre las costillas. Ambos cayeron de espaldas sin perderse de vista ni un solo momento.

Las hordas enemigas estaban asediando las puertas del castillo con un enorme ariete, las flechas silbaban desde las almenas, pero cada baja se alzaba como no—muerto. La puerta reforzada no conseguía aguantara las arremetidas del los atacantes. Los nervios se adueñaban de los que veían saltar las astillas de la entrada al castillo. Sudor frío, boca seca y temblores generalizados.

Maethan se erguía cansado y sus pulmones no daban abasto a proporcionarle aire. Su corazón le decía que esta sería la última oportunidad, o acaba con Requiem o sería el segundo rey de Lubahre en caer bajo su espada.

Arkantos se dirigió a sus hombres, alzó la voz por encima del constante sonido del ariete contra la madera.

—Se que muchos de vosotros tenéis miedo, no os diré que yo no lo tengo, pues os mentiría –todos guardaron silencio en el interior del castillo—. Os diré algo, los valientes no son aquellos que no tienen miedo, sino los que se enfrentan a él y lo vencen –Con Merikles señaló hacia la multitud—. Tal vez muchos de vosotros no sobreviváis a este día, ni si quiera yo espero hacerlo. Nuestros cuerpos yacerán aquí, pero nuestro nombre se elevará por encima de las edades –la voz de Arkantos se convertía paulatinamente en un grito—. Lucharemos con tal ferocidad que los héroes que descansan junto a , dios de la guerra, se arrodillaran ante el paso de los hombres que defendieron Lubahre.

La masa enfervorizada lanzó vítores a su rey a su reino mientras las puertas de madera estallaban en mil pedazos.



Ambos se lanzaron para el ataque definitivo, chocaron sus aceros con fuerza desmesurada, dejando todo el esfuerzo en cada golpe.

Relámpagos lejanos iluminaban su batalla mientras el viento transportaba los sonidos de sus espadas hasta el infinito.



Las defensas había caído y los enemigos estaban en el interior del castillo, unos pocos se habían refugiado en las estancias reales, pero hasta allí había conseguido penetrar la marea atacante. Poco a poco todos fueron feneciendo ante el acero rival, sólo Arkantos y unos fieles resistían en la estancia real, junto a Alaissa y Maethan.


El rey abrió su defensa para atraer el ataque de su adversario y lo consiguió, en ese instante Merikles se clavó en el cuello de Requiem. Un torrente de sangre flotó en la noche cuando el paladín de Drytur cayó herido de muerte bajo la espada de Maethan.



Requiem entró en la habitación de Arkantos y uno a uno se fue enfrentando a sus guardias, nadie fue rival para él, ni si quiera el rey. El campeón de la muerte alzó a Drakul y la dirigió al corazón de Arkantos. Sus ojos se cerraron, pero no sintió la muerte, sólo un peso caer sobre él y sangre derramarse sobre su pecho.


Maethan se acercó a Requiem, que en el suelo esperaba su final a manos de quien tanto tiempo lo persiguió.

Arkantos abrió los ojos y vio el cuerpo de Alaissa sobre él, sus ojos claros le observaban y sus labios dibujaron una sonrisa sin vida. Su amada esposa se había interpuesto entre los contendientes dando la vida por su esposo. Pese a ese heroico acto, Drakul saboreó la sangre del rey, dejándolo malherido. O muerto según creyó Requiem.


—Ahora no veo al temido Paladín de Drytur en tu porte –la voz de Maethan se regodeaba en la victoria.

Arkantos vio como Requiem se acercaba a su hijo desvanecido en el suelo y sin piedad clavó a Drakul en su espalda. Lloró y gritó hasta perder la voz mientras un ímpetu inusitado dominaba su cuerpo y alma. Cogió a Merikles y se levantó con fuerzas renovadas.

—Ahora se cumplirá la venganza que tanto tiempo he esperado –sonrió—. Vas a morir Requiem, esta vez no renacerás de tus cenizas, eso te lo prometo.

Requiem creía haber acabado con la resistencia del castillo y no vio como la espada de Merikles atravesaba su espalda abriéndose camino hasta salir por su pecho. Demasiado tarde para reaccionar y para pedir clemencia.

—¿Dónde está tu dios ahora, Requiem? Se ha cansado ya de ti y te ha abandonado a tu suerte.

Arkantos lloró y abrazó los cuerpos sin vida de Alaissa y Maethan, clamó al cielo en busca de alguna respuesta a este castigo. No halló respuesta desde los cielos, ¿o si?

—Lo has perdido todo, ¿verdad? –una voz profunda y ecoica resonó en su mente— Los dioses te han abandonado y ahora te ves solo y hundido.


—¿Quién eres en realidad? –Musitó Maethan— Aunque eso ya no importe mucho.

—¿Quién eres?— respondió el rey.

—Alguien que te ofrece un trato.

—¿Qué me ofreces?—susurró Arkantos.

—No, la pregunta es que me ofreces tú a mí por recuperar todo lo que aquí has perdido.


Maethan se cansó de deleitarse con esa situación y alzó su espada para impulsarla y rematar a su enemigo.

—Tú le quitaste la vida a mi padre, ¿por qué?

—Para darte la tuya

Requiem dio un último suspiro y su vida se acabó. Su armadura se deshizo en mil pedazos y ante Maethan se mostró el cuerpo inerte de su padre.


—Mi alma a cambio de las suyas –respondió pesadamente.

—Deseo cumplido, mi nuevo Requiem, deseo cumplido. –sonrió Drytur.



De rodillas sobre su cuerpo lloró y lloró y de nuevo, la voz de Arkantos le suplicó que no llorase.

Clara llegaba en ese momento, Lo Abrazo y sus lagrimas se confundieron con las gotas de lluvia que caian en ese intante, despidiendose para siempre de la Leyenda de Arkantos y la Espada de Merikles


*************************************************************
Espero que les haya gustado.. hace tiempo que estaba escribiendo esta historia, pero no sabia como terminarla.... le hce algunos cambios, y todo eso... es una historia emotiva.... que para mi... es una de las mejor que he escrito... Espero que les haya gustado... y que la comenten... kisas mas adelante escriba una continuacion.
Atte: James Maethan Potter de Lubahre


Dedikada Kon amor a clara Davies..... Te Amo Mi Chikita

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Clara Davies
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MensajePublicado: 16 Dec 2006 6:07 am     Responder citando

Mi vida, ya acabé de leerlo, no podía irme sin terminarlo... :rolleyes:

He de decirte que está sublime, impresionante, chapó!! Me encantó!!

Escribes que da gusto!! Se nota que dominas la escritura (te lo dice otra escritora consumada :tongue: ) y tu vocabulario es muy amplio. La historia en sí es muy interesante y emotiva (como tu bien dijiste), aunque también le encontré un toque divertido (en la escena en la que Arkantos encuentra a Alaissa en el lago xD), pero también tiene un halo misterioso en la parte del presente, con Maehtan y Requiem... Te creaste escenarios, personajes, fieles corceles y hasta un dios al que venerar... Me encantan los nombres de los personajes, espadas y corceles... Drakul se lo pusiste por Drácula "el empalador", no? :tongue:

Bueno, que me encató!! Y gracias por sacarme en la historia y dedicármela... :blush:


Te amo, mi caballero de reluciente armadura...!!
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UNA SONRISA.
No cuesta nada pero vale mucho.
Enriquece a aquellos que la reciben,
sin restar de aquellos que la dan.
Se produce como un relámpago,
pero su recuerdo a veces dura por toda una vida.
No hay nadie an rico que no la necesite,
ni nadie tan pobre que no la pueda dar.
Produce felicidad en el hogar,
crea el bien en los negocios
y es la contraseña entre los amigos.
Es descanso para el cansado,
luz para el desilusionado,
sol para el triste
y antídoto para los problemas.
Pero no se puede comprar,
ni pedirla, ni cogerla prestada o robarla,
porque es una cosa que no vale nada a nadie
hasta que la regala.
Si con la prisa del trabajo,
a uno de nuestros empleados se le olvida darte una sonrisa,
¿tendría usted la bondad de darnos una de las suyas?
Porque nadie necesita tanto de una sonrisa
como aquel a quien ya no le queda ninguna para dar.









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Regalito de mi papi querido, Manuel Potter (No es ningún secreto que te quiero demasiado... *O* :rolleyes: )


~ Clara Aura Elithia Black Davies Harker Potter Tempus Van Lakers ~

- Hija de Manuel Potter y Princesa
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- Hermanita de Estre y Vindy, Lucy y Mia *O*
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MensajePublicado: 16 Dec 2006 7:08 pm     Responder citando

Gracias mi vida... no podia esperar menos de ti... Esas son las razones por las que te amo xD


Ahora.. si sigo en esto, hare una linda historia sobre la leyenda de la espada de Merikles... Una bella historia de Caballero, Diosos y demases... Por ahora solo me limito a terminar la segunda parte... espero poder editarla pronto para ponerla en el foro... asi que a esperar a losq ue les haya gustado....

espero que estos no sean los unikos post, me gustaria que alguna otra persona que los lea... se de el tiempo de comentar la historia... buenooo eso por ahora...

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MensajePublicado: 20 Dec 2006 2:05 am     Responder citando

upas... xDDDD :trippy:
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