¡Salvemos el mundo! ¡Es el único con chocolate! - Angie Prewett
Quiero las plumas de Edward!!!! - Ishtar la perversa ò.ó
Quiero un Edward en mi vida!!! XDD - Jud/Vesper
Por culpa de Edward Cullen, perdí toda expectativa en la raza masculina *.* - Gaby
"En una suave brisa de viento, escucho tu voz susurrando un te quiero, y me pregunto... ¿seras tu hablando tan bello o solo soy yo, queriendo escuchar tan dulces palabras de tus labios de caramelo?"
Veo bailar a la Parca,
su guadaña a tu alrededor,
la gira, la lanza y la mueve
al son de tu respiración
Entre chillidos ahogados
y alaridos de dolor
leo en tus labios un rezo
y en tus ojos veo el temor.
¿Por qué no responde ahora
Ése, tu Dios del amor?
¿Acaso te ha abandonado?
Quizás no quiera oír tu voz...
esa voz con que lanzas notas
que agitan mi corazón,
cada grito, gemido, sollozo
es un éxtasis, pasión...
¡Canta tu parte, inútil,
de esta infernal canción!
Demoníaca ópera que llega
a su aria, lo mejor.
¡Eleva un aullido, libera
en tu último estertor
tu rabia, tu ira, tu odio!
¡Regálamelos, por favor!
Ya la música se apaga
mezclada con el olor
a miedo, a sangre, a muerte...
casi noto su sabor...
No me mires suplicante
ya no soporto tu hedor...
descansa en paz, infame,
ríndete ya, mi amor.
Veo bailar a la Parca,
su guadaña a tu alrededor,
la gira, la lanza y la mueve
al son de tu respiración
Entre chillidos ahogados
y alaridos de dolor
leo en tus labios un rezo
y en tus ojos veo el temor.
¿Por qué no responde ahora
Ése, tu Dios del amor?
¿Acaso te ha abandonado?
Quizás no quiera oír tu voz...
esa voz con que lanzas notas
que agitan mi corazón,
cada grito, gemido, sollozo
es un éxtasis, pasión...
¡Canta tu parte, inútil,
de esta infernal canción!
Demoníaca ópera que llega
a su aria, lo mejor.
¡Eleva un aullido, libera
en tu último estertor
tu rabia, tu ira, tu odio!
¡Regálamelos, por favor!
Ya la música se apaga
mezclada con el olor
a miedo, a sangre, a muerte...
casi noto su sabor...
No me mires suplicante
ya no soporto tu hedor...
descansa en paz, infame,
ríndete ya, mi amor.
*Aparezco afuera del bar La pala Rota, después de tantisimo tiempo de no pisar sus suelos. Entro en el lugar y observo como el descuido y la ausencia de visitas habian hecho estragos en aquel establecimiento. El polvo inhibia el ruido de mis pisadas, las telarañas colgaban del techo a sus anchas, y animalejos correteaban entre las mesas, ajenos a mi presencia.*
- Pero que abandono! *Exclamé sombriamente mientras me acercaba a la barra, pero no habia nadie ahi que me atendiese. Las botellas de licor ordenadas y polvorientas descansaban en la estantería de atrás. Miré en derredor y me encogí de hombros*- No creo que le moleste a nadie...
*Me situé detrás de la barra y tomé una botella con un movimiento de mi varita, esta se abrio, con otro un vaso limpio apareció de la nada. Me serví una cantidad suficiente y salí de nuevo para sentarme en una mesa, mirando con precaución a todos lados.*
- Esto es lo que hay ahora... *Alcé mi copa como si brindara con alguien y sonreí bebiendo un trago largo.* _________________
¡No me habían envíado aquí para ver ángeles!
No me habían envíado aquí para soñar con ellos,
ni para oírlos cantar.
Había sido envíado para vivir, para respirar
sudar y tener sed,
y a veces, para llorar.
Y todo cuanto me sucediera, grande o pequeño,
era algo que yo tenía que aprender.
Había espacio de sobra en la mente infinita del Señor
y yo tenía que extraer de ello una lección,
por más difícil que fuese encontrarla.
*Despues de un rato me aburro y salgo del bar SIN PAGAR* _________________
¡No me habían envíado aquí para ver ángeles!
No me habían envíado aquí para soñar con ellos,
ni para oírlos cantar.
Había sido envíado para vivir, para respirar
sudar y tener sed,
y a veces, para llorar.
Y todo cuanto me sucediera, grande o pequeño,
era algo que yo tenía que aprender.
Había espacio de sobra en la mente infinita del Señor
y yo tenía que extraer de ello una lección,
por más difícil que fuese encontrarla.
¡No me habían envíado aquí para ver ángeles!
No me habían envíado aquí para soñar con ellos,
ni para oírlos cantar.
Había sido envíado para vivir, para respirar
sudar y tener sed,
y a veces, para llorar.
Y todo cuanto me sucediera, grande o pequeño,
era algo que yo tenía que aprender.
Había espacio de sobra en la mente infinita del Señor
y yo tenía que extraer de ello una lección,
por más difícil que fuese encontrarla.